UNIDAD POPULAR
Reflexiones desde la
antropología
Doctor
en Antropología Social
La
unidad popular debería incluir la retahíla de etnosistemas[1]
que coexisten en un espacio social plural, complejo, diverso y metamórfico. Si
es popular debe englobar el conjunto
del populus, del pueblo, expresando
sus energías, no inyectando fórmulas y dogmas creados para tratar de amoldar y
monitorizar este populus. Ni mucho menos realizando lo imposible ecuación populus: Kultur (término procedente del
nacionalismo esencialista e historicista alemán).
El
pueblo de Cataluña (y hablo de Cataluña, pero lo que comento se puede aplicar a
cualquier otra nación) no es “la cultura catalana”, entendida en el sentido
anteriormente mencionado de Kultur,
es decir, un conjunto finito de formas de
ser, con una caracterología, una historia que “crea” una “personalidad”
colectiva o idiosincrasia, y una “estructura identitaria” (concepto pronunciado
por Artur Mas hace unos 10 años), ‘estructura’ formada por una serie de rasgos 'culturales'
dados de una vez para sempre.
Esta concepción sirve como un colosal
mecanismo de exclusión de aquellos que no están incluidos en el ‘núcleo duro’
(y jerárquico) de la ‘estructura identitaria’ o ‘cultura’ por los motivos que
sean: porque no se identifican, y/o porque llegaron (inmigraron) cuando los
'rasgos culturale’ ya habían cuajado,
es decir, habían sido inventariados y sistematizados por los nacionalistas. Son
los nacionalistas los que construyeron la nación, la nación moderna y abstracta,
discerniendo los elementos que pueden justificar tal o cual interés de las
élites, como la figura del hereu en
el caso catalán....
Mal
vamos si pensamos que la unidad popular debe ser lo mismo que la “cultura
catalana” entendida en este sentido, como todavía hace el nacionalismo
identitario, esencialista, xenófobo. No. La unidad popular debe sobrepasar esta
coartada cultural, e incluir el conjunto
de la sociedad, la cual sólo existe en espacios concretos, donde se
despliegan múltiples maneras de decir, hacer y pensar, es decir, muchas
modulaciones de las formas que adoptan las relaciones sociales, la 'cultura'
entendida en un sentido no-esencialista. O, mejor, las culturas. En plural.
Si
esto no se entiende y no se aplica en la praxis política, no estaremos hablando
de unidad popular, sino de otra cosa, que servirá como eje para marginalizar
aquella parte de la sociedad que no encaje en lo que algunos consideren como lo
‘realmente’ catalán o ‘propio’, es decir, no ‘ajeno’...
Y
estamos hablando de marginalizar o dejar fuera de la unidad popular a más de la
mitad de la nación catalana, si por nación entendemos la compleja interacción
social de múltiples etnosistemas o, en términos menos académicos, si por nación
entendemos el conjunto de sistemas sociales que conviven y coexisten en
Cataluña, independientemente de su ' origen ', lengua, creencia, identificación'
‘cultural’, y también de su ideología política ...
La
unidad Popular, si es tal, es decir, el 90% de la sociedad (las clases
populares, situadas bajo la oligarquía dominante), esta unidad también incluye,
nos guste o no, muchas personas que carecen de ideología política. La
desmovilización general de la sociedad, programada por el franquismo y el
actual neofranquismo, ha desembocado, no nos engañemos, en que muchas personas
no tengan lo que podríamos considerar como una ideología política específica, bien
interiorizada. Y también son parte de la unidad popular, la cual no puede ser
isótropa, ni monolítica, ni dogmática, ni centrada en un único prisma
cosmológico ni ideológico, ni puede ser monopolizada por un único
posicionamiento político, sea éste el que sea.
He
criticado a menudo que resulta una impostura querer hacer coincidir la unidad
popular con una 'cultura' nacional inencontrable más allá de fantasmagóricas invocaciones
metafísicas. Lo mismo podemos decir del inútil esfuerzo consistente en hacer
coincidir, con calzador, la unidad popular con, sólo, un único modelo usado
para entender y explicar la realidad, y para querer transformarla siguiendo un
único patrón o fórmula.
Las
significaciones no existen separadas de la práxis
de la gente de un tiempo y de un mundo, ni están en las mentes de las personas,
ni tampoco en las cosas: están en la acción social. De ahí la importancia
capital de la etnografía, por cierto
En
definitiva, no hay que basarse en nebulosas abstractas ni en dogmas de fe, sino
centrarnos en lo que sucede a las personas y a los colectivos. La unidad
popular no se puede centrar en códigos que existen colgados en el vacío,
surgidos de una Nada celestial o de un orden arquetípico universal
descontextualizado, sino en imaginarios sociales que yacen sobre una
experiencia y una práctica efectivas.
Nos
lo jugamos todo. Que no es poco.
[1] La palabra 'etnosistema'
remite al griego Ethnos en el sentido
de 'grupo social', 'consorcio', etc En griego moderno, ethnos es ‘nación’ (ethnikós:
‘nacional’). Por tanto, un etnosistema o, mejor, unos etnosistemes, es un
conjunto de grupos sociales que, en tanto que ethnós (grupos sociales situados a ras de suelo, en contacto con
las condiciones de existencia y no en abstracto), funcionan a partir de principios
organizativos ajenos al poder instituido y a la fiscalización política. Un
sinónimo del concepto de etnosistema es el de diversidad social o el sde
sociedad intercultural, donde la palabra 'sociedad' nunca sea percibida como un
todo homogéneo a imitación del concepto de 'cultura', sino como un conjunto de gentes
y grupos en continua interrelación entre ellos, y sin ningún tipo de “Ser”
propio o identidad sustancial, sino que existen el el aquí y ahora, in actus, en la interacción social real,
cotidiana. El pueblo es ese conjunto
de grupos y gentes que viven en un espacio social común que construyen entre
tod@s.
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