divendres, 24 de juliol del 2015

Participación ciudadana y democracia
Reflexiones desde la antropología


Joan Manuel Cabezas López
Doctor en Antropología Social i Cultural




Antropo..¿Què?


Anthropos (ser humano ') y logos (' discurso ',' estudio '). La antropología social analiza las creencias, las costumbres y de otros hábitos adquiridos por el ser humano como miembro de la sociedad.
Por cierto: la tarea de la antropología no es resolver problemas, sino plantearlos.


¿Etnosistemas?... Sí: ecosistemas sociales...


Cuando hice la tesis doctoral creé un nuevo concepto: el de etnosistema. Sinónimos: ecosistema social, sistema social intercultural ... pueblo ... gente.
Es a través del prisma de este concepto que hablo hoy y que leo la vida social. Los etnosistemas son conjuntos autoorganizados, plurales, relacionales y cambiantes de personas y de colectivos.
Muy a menudo el término ethnos se emplea erróneamente como sinónimo de genos (estirpe biológica, 'raza'); en griego clásico, ethnos significa consorcio, grupo social. Y así lo conceptualizamos nosotros.
Los etnosistemas son agregados sociales heterogéneos de diferenciaciones, intereses, paradojas, tensiones, consensos e incompatibilidades.
Toda sociedad es intercultural y está formada por varios agregados humanos o etnosistemas.
Toda sociedad es, en todas partes y siempre, una articulación provisional y compleja (muchas veces, conflictiva) de intereses de diversa índole. Y estos intereses se expresan y entran en acción mediante la construcción de códigos de identificación que los posibilidad singularizarse.
Las 'diferencias' (siempre relacionales y relativas) son el resultado, y no el punto de partida, de la dialéctica anteriormente mencionada. Así, pues, no hay 'diferencias culturales' esenciales marcadas por 'ideosincrasias colectivas'.
Conocer cómo funcionan estos conglomerados sociales, dinámicos e internamente plurales, nos permitirá saber cómo se puede facilitar la participación de sus integrantes (los ciudadanos o, mejor, la gente) y consolidar una democracia real: activa y directa.
¿Participación? Sí: todo el poder para el pueblo




La participación, de tod@s, es el cemento de la construcción continua de la vida social. Una sociedad no es nada: hace, actúa, genera, interacciona. Y siempre cambia, su naturaleza es dinámica. Sólo participando en esta modulación de la vida social se puede convertir en ciudadano activo.
Participar significa formar parte de un consorcio de personas que, con su actividad diferenciada, generan una sociedad común pero, siempre, diversa. Pero ‘participar’ no tiene que ser visto como se hace habitualmente, es decir, tomar parte en algo que nos ‘delegan’ graciosamente los que ostentan y detentan el poder. No. Significa tener el poder. Directamente.



Ciudadanía? Sí: clases populares




Ciudadanía es un concepto vacío que últimamente sirve para explicar cualquier cosa, aplicándose incluso a personas inmigradas que no son reconocidas no como ciudadanos, es decir, como sujetos jurídico-administrativos.
La palabra proviene de 'ciudad', que viene del latín civitas, y ésta de una posible palabra "indoeuropea": keiwos. Raíz de ‘eco-logía ',' ‘com-pañer@’.
Literalmente, evoca este idea de 'con-vivencia', de 'vivir juntos', habitar un mismo lugar. Un lugar que, para que todo el mundo se identifique con él, debe ser construido conjuntamente con la participación de todos sus habitantes ... Ciudadanía es un término que en realidad debe de ser substituido por un sinónim mucho más diáfano y directo: clases populares.


Democracia?

Enlazando con lo que acabamos de decir, la democracia es eso: participación de todos en la construcción del lugar donde se vive, y gestión consciente de la vida social.
Esto es el sentido pleno y noble de la noción de 'política': autodirección consciente de la vida en sociedad por parte del conjunto de población, del 'pueblo' en el sentido literal de grupo humano que habita un espacio compartido.
El demos es plural, y su autoafaiçonament debe hacerse teniendo en cuenta esta diversidad, no imponiendo esquemas previos de tipo idealista e ideológico


¿Activa? Sí, en efecto: directa

Activa es una acción social concreta, no abstracta. Esto es fundamental: una democracia y una ciudadanía sólo pueden ser activas y participativas si se abandona la idea de que una abstracción o conjunto de abstracciones deben modelar la vida social.
Las significaciones no están separadas de la práctica de las personas de un tiempo y de un mundo, ni están los fines de ni a las cosas, sino que están en la experiencia.
 Hay que conocer la vida social real, tal y como se presenta, no tal y como queremos que sea o pensamos que es. En base a ello, la democracia podrá ser realmente activa, directa, expresión del poder (kratia) de las clases populares, es decir, del pueblo (demos)
Citaremos aquí Rousseau, para el que sólo la democracia directa es democracia de verdad: “a l’instant qu’un peuple se donne des représentants, il n’est plus libre”.
Si el pueblo delega su soberanía, abdica. Un pueblo que no se gobierna a sí mismo, es gobernado por otro ...
Se deberá abandonar tanto el espíritu eucarístico de gran parte de la ciudadanía como la insistencia en monitorizar a la gente, tanto en la 'gestión de la diversidad' como en la 'participación ciudadana'.
Más que hacer cirugía social desde arriba, sería necesario, sobre todo, hacer un seguimiento no intrusivo que nos permita conocer, desde dentro y desde fuera, las características de la participación ciudadana y el funcionamiento cotidiano, a pie de calle, de la democracia activa.
 Observarlo, relatarlo, darlo a conocer, y convertirlo en un valor, en un activo social y cultural, en definitiva, en patrimonio. Y es aquí donde tengo que hablar, a modo de conclusión abierta, de la función (hasta fecha de hoy, despreciada) de la antropología.

La función de la antropología


Según nuestra perspectiva, la ciudadanía, o mejor, la sociedad real, lejos de ser un estado de cosas dado de una vez para siempre, implica un vínculo vacío, una zona abierta que tiene la potencialidad de reunir energías diferenciadas que condensan unos recursos simbólicos que son unos activos a movilizar para participar en la toma de decisiones de cómo organizar la res pública del demos, es decir, del ecosistema social plural que constituye el significado último del pueblo, de la gente.
Y antes de empezar a hacer una participación ciudadana real, es decir, basada en la democracia activa desde pie de calle, hay IMPLICAR al conjunto de las personas y grupos. Y para implicarlos necesario conocer las múltiples maneras de decir, hacer y pensar, escrutar desde dentro los latidos de la vida cotidiana.
No se puede hablar de participación ciudadana ni de democracia real si sólo se participa desde una sola óptica y para unos únicos objetivos políticamente predeterminados y fijados desde arriba.
No se puede hablar tampoco si no se considera como 'ciudadanía' al conjunto complejo formado por TODAS las personas y colectivos que conviven en un mismo espacio social, y si se circunscribe la democracia en su aspecto más nominal.
El demos es toda aquella compleja trama de personas y grupos, y su autorregulación consciente es la democracia real, no nominal y falsa.
Este trabajo previo, y el seguimiento y la puesta en valor de la participación (es decir, su conversión en patrimonio ciudadano) sólo se puede hacer de una manera: desde la antropología social, a través del trabajo de campo etnográfico. Es decir, mediante una inmersión exhaustiva y detallada en lo tangible y sensible (la sociedad, formada por personas y grupos, relacionados entre sí y con su entorno), con el propósito de, posteriormente, convertir dicha inmersión en texto (etnología) y el texto en análisis, es decir, en antropología.

Una vez hecho recuento, siempre provisional de los recursos simbólicos, plurales y complejos, se podrá empezar a llevar a cabo una auténtica participación popular que refleje una democracia real. Y cuando esto se haga, todo el mundo podrá decir: he aquí lo que, a partir de ahora, empezamos a ser.

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