Participación ciudadana y democracia
Reflexiones desde la antropología
Doctor en Antropología Social i Cultural
Antropo..¿Què?
Anthropos (ser humano ') y logos ('
discurso ',' estudio '). La antropología social analiza las creencias, las costumbres y de otros
hábitos adquiridos por el ser humano como
miembro de la sociedad.
Por
cierto: la tarea de la antropología no
es resolver problemas, sino plantearlos.
¿Etnosistemas?... Sí: ecosistemas sociales...
Cuando
hice la tesis doctoral creé un nuevo concepto: el de etnosistema. Sinónimos:
ecosistema social, sistema social intercultural ... pueblo ... gente.
Es
a través del prisma de este concepto que hablo hoy y que leo la vida social.
Los etnosistemas son conjuntos autoorganizados, plurales, relacionales y
cambiantes de personas y de colectivos.
Muy a menudo el término ethnos se emplea erróneamente como
sinónimo de genos (estirpe biológica,
'raza'); en griego clásico, ethnos
significa consorcio, grupo social. Y así lo conceptualizamos nosotros.
Los
etnosistemas son agregados sociales heterogéneos de diferenciaciones,
intereses, paradojas, tensiones, consensos e incompatibilidades.
Toda sociedad es
intercultural y está formada por varios agregados humanos o etnosistemas.
Toda
sociedad es, en todas partes y siempre, una articulación provisional y compleja
(muchas veces, conflictiva) de intereses de diversa índole. Y estos intereses
se expresan y entran en acción mediante la construcción de códigos de
identificación que los posibilidad singularizarse.
Las
'diferencias' (siempre relacionales y relativas) son el resultado, y no el
punto de partida, de la dialéctica anteriormente mencionada. Así, pues, no hay
'diferencias culturales' esenciales marcadas por 'ideosincrasias colectivas'.
Conocer cómo
funcionan estos conglomerados sociales, dinámicos e internamente plurales, nos
permitirá saber cómo se puede facilitar la participación de sus integrantes
(los ciudadanos o, mejor, la gente) y consolidar una democracia real: activa y
directa.
¿Participación? Sí: todo el poder para el pueblo
La
participación, de tod@s, es el cemento de la construcción continua de la vida
social. Una sociedad no es nada: hace, actúa, genera, interacciona. Y siempre
cambia, su naturaleza es dinámica. Sólo participando en esta modulación de la
vida social se puede convertir en ciudadano
activo.
Participar
significa formar parte de un consorcio de personas que, con su actividad
diferenciada, generan una sociedad común pero, siempre, diversa. Pero
‘participar’ no tiene que ser visto como se hace habitualmente, es decir, tomar
parte en algo que nos ‘delegan’ graciosamente los que ostentan y detentan el
poder. No. Significa tener el poder.
Directamente.
Ciudadanía? Sí: clases populares
Ciudadanía es un concepto vacío que últimamente sirve para explicar cualquier
cosa, aplicándose incluso a personas inmigradas que no son reconocidas no como
ciudadanos, es decir, como sujetos jurídico-administrativos.
La
palabra proviene de 'ciudad', que viene del latín civitas, y ésta de una posible palabra "indoeuropea": keiwos. Raíz de ‘eco-logía ',' ‘com-pañer@’.
Literalmente,
evoca este idea de 'con-vivencia', de
'vivir juntos', habitar un mismo lugar. Un lugar que, para que todo el mundo se
identifique con él, debe ser construido conjuntamente con la participación de
todos sus habitantes ... Ciudadanía
es un término que en realidad debe de ser substituido por un sinónim mucho más
diáfano y directo: clases populares.
Democracia?
Enlazando
con lo que acabamos de decir, la democracia es eso: participación de todos en
la construcción del lugar donde se vive, y gestión consciente de la vida social.
Esto
es el sentido pleno y noble de la noción de 'política': autodirección
consciente de la vida en sociedad por parte del conjunto de población, del
'pueblo' en el sentido literal de grupo humano que habita un espacio
compartido.
El
demos es plural, y su
autoafaiçonament debe hacerse teniendo en cuenta esta diversidad, no imponiendo
esquemas previos de tipo idealista e ideológico
¿Activa? Sí, en efecto: directa
Activa
es una acción social concreta, no abstracta. Esto es fundamental: una
democracia y una ciudadanía sólo pueden ser activas y participativas si se
abandona la idea de que una abstracción o conjunto de abstracciones deben
modelar la vida social.
Las
significaciones no están separadas de la práctica de las personas de un tiempo
y de un mundo, ni están los fines de ni a las cosas, sino que están en la
experiencia.
Hay
que conocer la vida social real, tal y como se presenta, no tal y como queremos
que sea o pensamos que es. En base a ello, la democracia podrá ser realmente activa,
directa, expresión del poder (kratia)
de las clases populares, es decir, del pueblo (demos)
Citaremos
aquí Rousseau, para el que sólo la democracia directa es democracia de verdad: “a l’instant qu’un peuple se donne des
représentants, il n’est plus libre”.
Si el pueblo delega su
soberanía, abdica. Un pueblo que no se gobierna a sí
mismo, es gobernado por otro ...
Se
deberá abandonar tanto el espíritu eucarístico de gran parte de la ciudadanía
como la insistencia en monitorizar a la gente, tanto en la 'gestión de la
diversidad' como en la 'participación ciudadana'.
Más
que hacer cirugía social desde arriba, sería necesario, sobre todo, hacer un
seguimiento no intrusivo que nos permita conocer, desde dentro y desde fuera,
las características de la participación ciudadana y el funcionamiento
cotidiano, a pie de calle, de la democracia activa.
Observarlo,
relatarlo, darlo a conocer, y convertirlo en un valor, en un activo social y cultural,
en definitiva, en patrimonio. Y es aquí donde tengo que hablar, a modo de
conclusión abierta, de la función (hasta fecha de hoy, despreciada) de la
antropología.
La función de la antropología
Según
nuestra perspectiva, la ciudadanía, o mejor, la sociedad real, lejos de ser un
estado de cosas dado de una vez para siempre, implica un vínculo vacío, una
zona abierta que tiene la potencialidad de reunir energías diferenciadas que
condensan unos recursos simbólicos que
son unos activos a movilizar para participar en la toma de decisiones de cómo
organizar la res pública del demos, es decir, del ecosistema social
plural que constituye el significado último del pueblo, de la gente.
Y
antes de empezar a hacer una participación ciudadana real, es decir, basada en
la democracia activa desde pie de calle, hay IMPLICAR al conjunto de las
personas y grupos. Y para implicarlos
necesario conocer las múltiples maneras de decir, hacer y pensar, escrutar
desde dentro los latidos de la vida cotidiana.
No se puede hablar de
participación ciudadana ni de democracia real si sólo se participa desde una
sola óptica y para unos únicos objetivos políticamente predeterminados y
fijados desde arriba.
No
se puede hablar tampoco si no se considera como 'ciudadanía' al conjunto
complejo formado por TODAS las personas y colectivos que conviven en un mismo
espacio social, y si se circunscribe la democracia en su aspecto más nominal.
El
demos es toda aquella compleja trama
de personas y grupos, y su autorregulación consciente es la democracia real, no
nominal y falsa.
Este
trabajo previo, y el seguimiento y la puesta en valor de la participación (es
decir, su conversión en patrimonio ciudadano) sólo se puede hacer de una
manera: desde la antropología social,
a través del trabajo de campo etnográfico.
Es decir, mediante una inmersión
exhaustiva y detallada en lo tangible y sensible (la sociedad, formada por
personas y grupos, relacionados entre sí y con su entorno), con el propósito
de, posteriormente, convertir dicha inmersión en texto (etnología) y el texto en análisis, es decir, en antropología.
Una
vez hecho recuento, siempre provisional de los recursos simbólicos, plurales y
complejos, se podrá empezar a llevar a cabo una auténtica participación popular
que refleje una democracia real. Y cuando esto se haga, todo el mundo podrá
decir: he aquí lo que, a partir de ahora, empezamos a ser.
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