NACIONALISMO ESENCIALISTA
Y CIUDADANISMO HUECO:
Y CIUDADANISMO HUECO:
LA PRESUNTA GESTIÓN DE LA
DIVERSIDAD EN CATALUÑA
DIVERSIDAD EN CATALUÑA
Doctor
en Antropología Social
Coordinador
de la consultoría ETNOSISTEMA
Introducción
Durante
el transcurso de una reunión con personas de diversos ámbitos y campos del
conocimiento, introduje una temática que me hizo corroborar la persistencia del
esencialismo cultural en tierras catalanas, incluso en mentes y geografías del
pensamiento situadas, nominalmente, en esferas 'progresistas' o, cuando menos,
teóricamente (sólo teóricamente) alejadas del nacionalismo reaccionario de raíz novecentista,
culturalista, historicista, geneticista (culto a la pureza de linaje), nítidamente xenófobo.
Digamos
que cometí la osadía de explicitar las implicaciones de mi posición ante la
pluralidad social, posición que conceptualicé durante mi tesis doctoral como teoría
de los etnosistemas. Con ese concepto traté de sublimar tanto la idea
substantivista de 'Cultura' como la misma idea de ‘cultura’, incluso
desesencializada, apuntando al uso estratégico que se ha hecho, y se hace, de
la misma, con el fin de convertir en legítima e inapelable la existencia de
desigualdades, explotaciones, exclusiones e injusticias, las cuales eran
remitidas a supuestos problemas 'culturales'. Unas cuestiones ‘culturales’,
casi biologizadas y racializadoa, a la vez que a menudo imbuidas de componentes
metafísicos de nueva índole, y que convierten en sentido común la peligrosidad de la ‘distancia cultural’ (“somos muy diferentes...”), la
naturalidad inamobible de las idiosincrasias, caracteres y costumbres ...
¿Que
se me ocurrió decir? Pues que si, desde mi punto de vista, un espacio social
acoge un etnosistema (plural, dinámico, metamórfico y multireferencial), y el
conjunto de interacciones en él producidas constituyen un único pueblo, la
desembocadura lógica es que la cultura popular, entendida como sistema de
recursos simbólicos de TODO aquel pueblo, debe de incluir cualquier forma y
contenido, independientemente de su procedencia, creencia, lengua o cosmología.
Todo
ello no es una banalidad o una boutade:
implica reconocer como formando parte constitutiva de un mismo pueblo a
personas y grupos aún hoy en día todavía mantenidos contundentemente al margen
de la sociedad política del mismo, y poner en horizontal todas las formas de
decir, hacer y pensar que coexisten en el seno del pueblo, para que sus
‘diferencias’ no sean utilizadas como justificación de ninguna desigualdad de
carácter estructural y de base económica y política. Se trata de deshacer,
pues, la coartada cultural: sacar el velo que implica su funcionamiento, y desactivarla
para que la ‘diferencia cultural’ no sea un eje estratégico, es decir, que deje
de ser usada para generar animadversiones falsamente antagónicas en el seno del
pueblo, y que deje de utilizarse para perpetuar la dominación mediante la
naturalización/sacralización en base a ‘motivos culturales’ de jerarquías,
injusticias y explotaciones...
Pero
es obvio que toqué la fibra sensible del todavía potentísimo esencialismo
cultural. Incluso en las filas de los autodenominados ciudadanistas, el pueblo no es el conjunto de los etnosistemas de
un espacio social plural, sino que se circunscribe a una serie discreta de
elementos simbólicos en posesión (nunca mejor dicho) de los autóctonos del
territorio 'propio'.
¿Y
qué razón última se puede esgrimir? A menudo, la reductio ad absurdum, lo con frecuencia funciona si las
convicciones que se defienden están tan interiorizadas que resulta imposible
hacerlas tambalear. Así, en un momento determinado, se quiso cortar de cuajo mi
argumentación de varias maneras, apelando en algunas ocasiones al desideratum que la 'religión' (elemento
estanco inventado en Occidente hace poco tiempo) es un ámbito 'privado'
(distinción binaria también creada hace menos de dos siglos por una parte de la
humanidad: la burguesía occidental), y allí debe permanecer (Paréntesi: la
islamofobia de la sociedad catalana está tan viva que no dejo de percibir que
cuando se emplea esta correspondencia entre 'religión: privacidad', siempre se
hace, tácitamente, haciendo referencia al Islam, no al cristianismo. ¿Como si
no se explica que estas personas no pidan públicamente la prohibición de las
procesiones de Semana Santa, o las que se hacen durante las Fiestas Mayores?
Cierro paréntesis)
Como
decía: de las diversas impugnaciones que el grupo de personas allí reunidas
hicieron en relación con mi herética postura, la que mejor funcionó fue, en
última instancia, la que empleó la reductio
ad absurdum, realizando, por lo demás, un comparación muy forzada que en
otros momentos y lugares también había oído, aunque formulada en términos
diferentes: uno de los asistentes, fuera de sí, poseido por una especie de ira
culturalista (si se me permite la expresión), me lanzó la siguiente diatriba: “¡¡¡Eso
que dices es como si ahora fuéramos cinco catalanes a hacer cagar el tió[1] en Burkina Faso y
dijéramos que lo que hacemos es cultura popular de Burkina Faso!!!”
He
aquí mi primera nota etnográfica de las muchas que he podido captar a través de
mis transeptos por la geografía del Principado de Cataluña en los últimos años.
La complejidad vista como
amenaza ...
Un
buen día me encontraba hojeando un infumable documento de los LIC[2],
y empecé a entender aquello que realmente codician los políticos, 'técnicos' y presuntos
profesionales de la diversidad: cosas
uniformes, recortables, claras y abstractas, es decir, bien cobijadas de la
realidad y sus vientos, terremotos y dislocaciones continuas. Que no digan nada
y lo expliquen todo. Oscuras, para poder iluminar. Cajones de sastre.
Simplicidad. Anulación de lo complejo.
Una
cultura, decía aquel documento, es como un árbol. Sí, ‘à lo Jesulín de
Ubrique’, pero cambiando ‘toro’ por ‘árbol’. Barrio Sésamo para adultos versión
2.0. La cultura es como un árbol, por lo cual sólo vemos el tronco y las ramas.
Pero las raíces están ocultas, y resulta que son la esencia de la cultura. Francamente: no se puede ofrecer una visión
más substantivista de la cultura. Imaginemos que la metáfora comentada fuera cierta,
aunque habría muchísimo que discutir (para empezar: ¿qué se quiere decir con el
término cultura?), la pregunta es: ¿Y
qué? ¿Qué pasa?. Una 'cultura' no existe en la abstracción, sino en la acción
social concreta.
Las
pocas veces que he comentado esto en público durante mis incursiones por
territorios catalanes, el escepticismo se ha mezclado, casi siempre, con la
perplejidad: "las cosas estaban
claras y ahora llegas tú y nos quieres poner todo patas arriba" , he
llegado a sentir. Dentro del miedo a la complejidad también habita el miedo a
la pluralidad como supuesta enemiga de la 'cohesión nacional'.
Así,
en una intervención que llevé a cabo como docente de profesores de secundaria, uno
de los asistentes me recriminó (con tono alterado y claramente enervado,
furibundo) que servidor de ustedes había puesto en cuestión la existencia de
una nación kurda: "has dado a
entender que Kurdistán no es una nación, y eso es mentira”, me dijo. “Claro que el Kurdistán es una nación", contesté.
¿En que se basaba esa recriminación?: en el hecho de que recalqué que el
Kurdistán es un complejísimo etnosistema donde conviven 45 lenguas y dialectos,
y cerca de una docena formas de religiosidad. Se desmenuzó el ‘ideal’ en torno
al cual gira la jacobina frase un país, una lengua. Una situación que
nunca hemos encontrado ninguna parte a lo largo de la historia si no es, como
proyecto forzado y etnocida, no del todo exitoso (por suerte), en Francia y en
Turquía.
Técnicos de
ciudadanía-inmigración perplejos ante la incogruència del mundo
En
el transcurso de una charla en Santa Coloma de Farners, un técnico (no sé
exactamente de qué) me hizo saber públicamente lo siguiente: 'me siento más cercano a los valores de la cultura alemana que a los
de la cultura de los musulmanes ... '. Para empezar, de nuevo, se emplea el
término cultura de manera reductivista
y esencial, como una especie de nueva raza sin raza. Para continuar, se
presupone que la 'cultura alemana' es
lo bueno, noble y elevado de la kultur
germánica. Mi réplica fue esta: “Cuando
dices que te sientes cercano a los valores de la cultura alemana, ¿de qué
valores hablas? Para decirlo de otro modo: hablas de Beethoven o de Hitler?
Porque no hay que olvidar que Auschwitz fue una creación de la cultura alemana,
al igual que dicha cultura también creó magníficas obras de arte y composiciones
musicales sublimes ..”. ..
Por
otra parte, si se hacen 'planes de acogida' y se implementan mecanismos ad hoc, es porque los poderes locales
presuponen que hay errores 'y' desviaciones’ de aquellos a los que van
dirigidas estas políticas de acogida. Aunque esto se enmascare a veces diciendo
que son para toda la ciudadanía. No es verdad....
Las
causas de la 'desviación' o ‘patología’ no están localizadas, como
mayoritariamente se dice, en la situación
cultural del desviado, o en factores
culturales que impulsan sus acciones 'desviadas' (eufemismo: “no integradas”).
Todo lo contrario: los grupos sociales crean desviación dictando normas la
infracción de las cuales constituye desviación, y aplicando estas normas a
gente concreta, etiquetándolos como 'marginales' (eufemismo: inmigrante, recién
llegado, nueva ciudadanía, sectores en riesgo de exclusión ... todos ellos
aplicando la combinación diferente / raro / no normal + pobre).
Veamos
ahora un ejemplo sorprendente de la animadversión de los esencialistas culturales
(o jacobinistas epistemológicos, con perdón) ante la existencia de un mundo, de
una naturaleza, de una realidad, infinitamente más compleja y ambivalente de lo
que nunca hubieran imaginado: la inmensa mayoría de actores sociales que han
sido elegidos para una supuesta 'gestión' de la diversidad están imbuidos hasta
la médula por la lógica dominante que, a fecha de hoy, ha recibido el barniz de
una descarnada estrategia de dominación.
A
menudo este a veces bien intencionado pero siempre pírrico ejército de
cirujanos sociales tratan 'de gestionar' la diversidad con las escasas
herramientas con las que se han podido nutrir en breves trayectorias académicas
donde se les instruyó en una máxima, a saber: que el trabajo o la educación de
la 'sociedad' se debía llevar a cabo sobre algo que nunca ha existido, vg: un
material humano monocromo y de topología isótropa. Esta lógica les infiere un
espíritu eucarístico que anhela y se conforma con recibir buenas nuevas que les
confirmen que esta avalancha de Otros
puede ser estructurada, clasificada casi de forma taxodèrmica, convertida en
una especie de colección entomológica, y lista para, una vez bien contorneados
sus 'caracteres' (más bien sus 'taras') y claramente diagnosticados sus
elementos a 'tamizar', poder tranquilizarse contemplando (desde arriba, desde
la ‘normalidad’ del ‘autóctono’) un paisaje humano con límites internos
estancos, en mosaico. Y desactivados, es decir, asimilados (eufemismo:
integrados). Un paisaje en los márgenes de los cuales se encuentra una nada social compuesta de trabajores bien
etiquetad@s desde arriba y reordenad@s como constelación social 'desviada',
sobre la cual trabajar y educar.
Pero
cuando se descubre que este deseo no se corresponde con la realidad, el pánico
e incluso la cólera hacen acto de aparición. Lo he constatado y registrado en
directo, y también he sido víctima de esto como 'amigo' (y 'experto') de y en
los Otros. Por lo tanto, como
cómplice de la ruptura de la ensoñación de una congruencia perfecta entre lo
proyectado y lo existente.
Así,
por ejemplo, en una sesión formativa de menos de 75 minutos sobre las
religiones de todo un continente (África), a la hora de caracterizar
sucintamente algunos collectivos presentes en Cataluña, además de indicar que
las morfologías locales y las situaciones construidas en la vida cotiana eran
la base, y no la desembocadura, de las dinámicas culturales, incidí en que se debería tener presente, por ejemplo,
que en 'la gestión de la diversidad' no estamos ante 'cameruneses 'tout court, sino ante más de 286
maneras de serlo (y esto sólo lingüísticamente), o que los congoleños (del
antiguo Zaire, para entendernos) reconocen sin rodeos y hasta con orgullo que
constituyen más de 500 grandes conjuntos etnosistémicos diferenciados. En Senegal
se hablan 40 lenguas, pero el nombre de grupos sociales o etnias podría superar
perfectamente el centenar. No podemos enumerar, como es lógico, cuántas
configuraciones etnosistémicas situacionales (es decir, reales) están presentes
en los territorios ‘de origen’, ni tampoco en los de ‘acogida’ ....
Traté de hacerme eco de un hecho: la miríada
de configuraciones etnosistémicas de África en su vertiente digamos que
'religiosa' siempre tienen que engarzar con el hic et nunc del contexto cotidiano. Y nada se había hecho en
Cataluña para conocer dichos contextos, ningún esfuerzo se había desplegado
para realizar estudios etnográficos detallados y de profundidad. ¿Para qué?
Mejor hacer de vez en cuando algún concierto de música africana, y talleres de
trencitas, no hace falta más, ¿Para qué? ¿Ha interesado a los responsables
políticos, hasta día de hoy, conocer los verdaderos latidos de la Vida a través
de la mejor forma de saberlo, es decir, de la etnografía y la antropología? En
absoluto...
Al
parecer, mi 'osadía' fue asimilable a lanzar un torpedo a la línea de flotación
del esencialismo (androcentrado en su sector visceral, como veremos) de gran
parte de la anémica (que no famélica) legión de supuestos 'delimiteadores' de
la 'diversidad' (sólo de la diversidad Otra,
claro ...). En poco más de una hora de clase, donde expuse ejemplos similares a
los antes comentados sobre articulaciones complejas de elementos identitarios a
nivel socioespacial, etnocultural, religioso y lingüístico, traté de dibujar un
panorama tan alejado de la supuesta pintura de geometría fácil y contornos
gruesos y bien delimitados, que de las caras de sorpresa (mayoritarias) y de
los comentarios expresados por los alumnos en sus valoraciones sobre mi
función docente, hay que extraer un interesante y significativo material.
Una
larga inercia ha labrado un pesado legado de esencialismo culturalista. Aderezado
con una viciada economía del pensamiento y con un recurrente ahorro de
disquisiciones más allá de las eucarísticamente recibidas desde los mandos
superiores. Por no hablar de los discursos vacíos desprendidos desde el ámbito
casi sagrado del 'copia y pega',
acrítico y aséptico.
Así,
a lo largo de las clases traté digamos que de sembrar la semilla de la
complejidad, lo cual chocó con el profundo y sólido dique de las inercias ahora
comentadas. Por mi parte el objetivo era, y lo continua siendo, deconstruir, desde
los cimientos, una cierta forma de contemplar la ‘diversidad’ y actuar sobre
ella para, una vez desestructurada y de(con)struïda, poder generar otra
completamente nueva. Imposible en aquellas circunstancias. Como muestra, las
opiniones de algunos alumnos al juzgar mi propuesta pedagógica. Resulta significativo,
dicho sea de paso, el elevadísimo porcentaje masculino inmerso en la
patologización de la diversidad y la crítica feroz a todo intento de desproblematizarla.
Las opiniones de estos 'gestores' de la 'diversidad' a escala local ante mi
didáctica 'a martillazos' (como diría Nietzsche) merecen ser glosadas aquí para
ejemplificar su estupor ante el estallido de un orden claro que sólo estaba
presente en sus proyecciones esencialistas: "una
conferencia desestructurada", "falta de recetas prácticas",
"falta de aplicaciones", "exceso de énfasis en la
diversidad", "demasiados nombres de etnias y religiones",
"no se dan soluciones pragmáticas ","exceso de datos", y
la mejor:" caos general ".
Todo un elogio, sin duda.
"Tenemos
muchos nigerianos", "hay muchos rusos" y "amazigh ...
¿qué es?": Reductivismo y desconocimiento de los 'raros' y los de 'fuera'
Ante
la 'avalancha' de personas y grupos 'otros', el pavor ha cundido, y este grado
de fervoroso temor es mucho más perceptible cuanto más nos acercamos a la
pequeña escala de la ya comentada 'gestión' de la diversidad. Para hacer que
los y las lectores vivan de manera más acuciante esta constatación, y para ejemplificar
mejor mi sorpresa ante tal demostración de jacobinismo de almacén, aportaré
algunos ejemplos personales, siempre con remisiones más amplias que espero
permitirán complementar el porqué de mi constante subrayado tanto en la
pedagogía activa de la complejidad, así como en la necesidad de escrutar
minuciosamente las orografías, siempre dispares y metamórficas, de la vida en
sociedad.
En
Vic, me comentaron: 'tenemos (sic) muchos
nigerianos.’ Les pregunté que de qué los más de 525 grupos étnicos de
Nigeria eran 'sus' nigerianos. Hieráticos, acertaron a balbucear que “los que tenemos aquí hablan yoruba”. Les
pregunté que de cuál de los 20 grupos etnosociales yoruba eran. La respuesta
aún la espero. Podría haber preguntado más cosas, claro, como: ¿de qué esfera
social provenían? ¿De qué género eran? ¿Cuál era su religión/cosmología? Y aún
más: ¿qué trayectoria vital tenían, donde vivían, con quien interaccionaban,
como reestructurar sus trayectorias vivenciales? y, sobre todo: ¿Qué pensaban,
por qué, a partir de qué, para qué, en relación con qué? Sin esta información
cualitativa, y sin poder valorarlos como personas concretas con necesidades, y
no como mano de obra barata, como 'sospechosos' o como 'raros' a los que
comprender, nada se avanzará hacia un verdadero diálogo intercultural, alejado
del paternalismo y de la hipocresía que hasta la fecha de hoy lo han marcado de
forma hiriente.
Pero
eso mismo se tiene que llevar a cabo con el CONJUNTO DE LA POBLACIÓN. Las
clases populares, es decir, el pueblo, son plurales, y si se realiza
etnografía, se tiene que incluir en ella como objeto de estudio a todo el mundo
que habita un espacio social, no sólo a los considerados ‘raros’ por los que
detentan la capacidad de etiquetar. Lo mismo se puede decir en relación al
peligroso binomio “servicios sociales=inmigración”, lo que, además, crea
agravios comparativos: como si sólo los trabajadores migrantes tuviesen
problemas sociales... Ese asistencialismo (en el fondo xenófobo) es otro
síntoma más del peso del nacionalismo esencialista en la ‘gestión’ de la
diversidad: los ‘Otros’, incluyendo a los catalanoandaluces que llevan viviendo
en Catalunya más de 50 años, son trasladados directamente a ‘Servicios
Sociales’, no a ‘Cultura’. La ‘Cultura’ es solo la de ‘aquí’, la ‘normal’...
Las de los ‘Otros’ estan patologizadas, al igual que sus detentores, por lo
cual deben de encauzarse en el ámbito digamos que de las minusvalías, en este
caso de cariz ‘cultural’....
Continuo.
En L’Hospitalet de Llobregat me juraron y perjuraron que en uno de los barrios
(Collblanc) contaban con (sic) "mucha gente rusa". Se basaban en su
empadronamiento, es decir, en el hecho de que en las dependencias municipales
fueran con un pasaporte que ponía Russkaia
Federatsiia (Federación Rusa). Poco después, mientras hablaba con los
responsables de una mezquita cercana a Collblanc, me di cuenta que los
supuestos rusos no eran rusos, sino chechenos... Todo un ejemplo de tantas y
tantas estrategias destinadas a etiquetar los otros 'desde arriba’, basandose en
adscripciones tan artificiales como son los estados. Creía que los catalanes
éramos más sensibles a ello por razones obvias, pero es obvio que me he
equivocado ...
Por
otra parte, hablando con técnicos municipales de una ciudad de la comarca de La
Segarra (demarcación de Lleida), tras una conferencia que impartí sobre los etnosistemas
amazigh, me confesaron que muchos técnicos de la comarca les habían dicho esa
misma mañana que no sabían quienes eran "esos amazics". Y también me confesaban que, días atrás, el
alcalde de la ciudad les había animado a que dejasen de hacer conferencias y 'tonterías de estas' y que hicieran, "por ejemplo, una degustación
gastronómica, o actuaciones musicales folklóricas, que es lo que atrae a más
gente". Todo en plan simpático, en plan gracioso. Como oí decir en una
ocasión a una alcaldesa de una gran ciudad cercana a Barcelona: "los chinitos son muy graciosos, me
caen bien, siempre sonríen, son muy monos, muy simpáticos ...". Buen
rollito paternalista....
Se
trata del ‘ciudadanismo’ hueco, es decir, que cree hablar y actuar desde un
punto neutro de universalidad, situado por encima del magma ‘diverso’ al cual
‘tolerar’. ¡Qué fácil es ser modesto cuando se es el mejor!.... Ese
‘ciudadanismo’ es una especie de esencialismo guay, tolerante, molón, y que
ofrece la posibilidad a los 'raros' que, de vez en cuando, se exhiban ...
Después
hablaré con más detalla en relación con el ciudadanismo hueco pero, antes de
continuar, quiero dejar bien claro que, aunque que de excepciones hay muchas,
tras esa ‘tolerancia' para con los 'otros' permanece una forma sutil de
racismo: los que están por debajo de los que se autoconsideran como 'normales',
es decir, como simbólicamente neutros en tanto que no pueden ver contestado ni
revertido su ser o esencia, son puestos aparte, debajo, como ha he dicho. Si se
les conceden derechos, o se les quiere comprender
con supuesto respeto, pero se hace desde una esfera superior en la que están los que los observan, monitorizan y
clasifican ... [3]
Las 'culturas del mundo' en Cataluña: inyectando
esencialismo sin que se note demasiado
Los propios inmigrantes, es decir, aquellos
catalogados como inmigrantes desde la cultura dominante, son cooptados para
tomar parte en las exhibiciones de culturas de otros lugares del mundo. Para
muchos de ellos, no hay otra opción. Esta es la única visibilización pública
que se les permite, la única en la que pueden actuar sin dar demasiadas
explicaciones ni ser sometidos a control y vigilancia, ejerciendo de figurantes
en una performance similar a una
feria donde se muestran los “monstruos culturales” que viven entre nosotros, en Cataluña, pero que, en términos nacionalistas
esencialistas (y ‘ciudadanistas’), ni son ni serán de Cataluña.
Los
más recalcitrantes nacionalistas impugnan para siempre la sola posibilidad de
que los negritus, moritus i xinitus
(cito palabras que he oído docenas de veces) sean más parte de la cultura
catalana y/ de la nación catalana; los
más 'abiertos' de entre esas filas esencialistas son partidarios de dar tiempo
al tiempo para que, poco a poco (¡no debe de haber prisa!), se vayan integrando
o ‘incorporando’, que no quiere decir lo que realmente debe decir (es decir,
una adaptación mutua dentro de un ambiente social compartido), sino que implica
crear unas fotocopias perfectas que imiten sin errores ni barbarismos todas las características y talantes de lo que algunos
consideran como propio de la 'cultura 'de la sociedad de acogida ...
Eso
sí, se tratará de fotocopias que siempre tendrán la marca de la tara hereditaria, de su condición impura, de su immigridad, ya sea en el apellido, ya sea en su aspecto, ya sea en
la lengua de sus antepasados, ya sea en sus prácticas religiosas, en
definitiva, en cualquier pequeño resquicio por donde se escurra la pretendida
anormalidad de su condición social, lista, nuevamente, para ser empleado cuando
sea necesario como justificante de su potencial posición marginal. Y para tener
siempre a mano la parrilla clasificatoria creada por la cultura de los dominadores
(autocalificada como 'propia') para poder jerarquizar nítidamente la población
y permitir la reproducción de las desigualdades como algo 'natural' o de sentido común.
Un
caso evidente es, por ejemplo, la a mi entender descomunal folclorización de la
civilización china que representaba el festival pseudotradicional de nombre Xinafes,t y que desde hace dos años
acoge un gran centro cívico del barrio de Sants, en Barcelona. La población
local (es decir, los normales) pueden
visitar una reproducción a pequeña escala de ítems 'culturales' disecados,
fosilizados y descontextualizados, referidos a un espacio civilizatorio tan
inmenso, plural, complejo, ambivalente y paradójico como es, ni más ni menos,
que la China. El caso de este show, que mete en un pequeño zoológico humano las
‘esencias culturales’ del 25% de la humanidad, es una demostración
paradigmática del todavía abrumador esencialismo cultural que impera en
Cataluña. Por mucho que en algunos momentos, a nivel oficial, se diga que se han
hecho esfuerzos para enjuagar la esencialización y la fetichización de
complejos sistemas sociales.
El
pírrico esfuerzo antiesencialista del período del gobierno catalán ‘tripartito’
no ha cuajado a nivel de las acciones, y se ha quedado, como suele ocurrir, en
el terreno puramente nominal y de las buenas intenciones sin plasmación real.
Empeño se puso poco. Y se volvió a recurrir, desde un teórico ‘ciudadanismo
republicano’, al esencialismo nacionalista: todos los colectivos presentes en
Cataluña tenían que confluir en la lengua y la cultura catalana. Sí, la lengua
catalana, perfecto, pero... ¿‘La cultura’? ¿Qué es la cultura catalana? ¿Qué incluye? ¿A quienes incluye? ¿Se trata de un
ente ya completado y finito?. Esa
obstinación por hacer confluir a los ‘Otros’ (los inmigrantes pobre, no los
ricos, claro) en la ‘cultura catalana’ me hacía visualizar dicho proceso como
si dicha cultura catalana fuese el agujero del fregadero donde va a parar toda
el agua después de quitar el tapón... Incluso al hablar de ‘cultura pública
común’ (que, por cierto, aún nadie sabe lo que es), la consejera de la
Generalitat caía en tautologías similares a las del director del Fórum de las
Culturas 2004, el cual, al ser preguntado por mi amigo y colega Manuel Delgado
sobre qué eran para él ‘las culturas’, respondía: ‘¿Las culturas? Pues eso, culturas. Las culturas son... las culturas.
La misma palabra lo dice, ¿no?’
El triunfo del folclore:
espectacularización y dualidades, o cómo reproducir estereotipos y justificar
exclusiones de buen rollo ...
El
folclore y el buen rollito del espectáculo cromático con regustos festivos
llenan de forma predominante la práctica totalidad de actuaciones relativas a
la llamada 'gestión' de la diversidad: los detentores de la cultura dominante
(insisto de nuevo: autodenominada 'cultura propia' o 'autóctona') articulan
espacios para que los Otros, los de
las culturas ‘raras'[4],
puedan ' exhibirse ante los normales, que admirarán con tolerancia la
existencia de este multiculturalismo aséptico, un multiculturalismo donde la
cultura ‘normal’ nunca es parte integrante sino, hay que insistir, se
auto-otorga un lugar por encima del magma híbrido-mestizo-multicolor
que hierve por debajo. Un lugar límbico, tácitamente considerado como superior
...
Como
complemento de esta espectacularización de una idealizada multiculturalidad, se
encuentra ciertas políticas destinadas a promover la convivencia entre
distintos, dando por supuesto que tiene que ser problemática per se. Y hacerlo, siempre, desde una
óptica procedente de este lugar superior concedido por la pertenencia
(normalmente, por nacimiento o adscripción) a la cultura "autóctona".
Por
un lado, invocaciones abstractas a la importancia de respetar las 'diferencias'
(asépticas y/o políticamente correctas), por otro, evidencias de que lo que a
veces interesa en la gestión de la diversidad es el control cuantitativo y
cualitativo de aquella alteridad considerada como demasiado 'diferente' en el
sentido ya no aséptico, sino potencialmente problemático, del término.
En
algunos ayuntamientos me han explicitado de forma clara, directa, que no les
interesa conocer la interculturalidad del conjunto de la población desde dentro
y ponerla en valor, sino saber dónde están ‘los Otros’, y cuántos, son para
poder controlarlos mejor. “No queremos
una tesis doctoral, los queremos controlar”, me dijeron, tal cual, en un
consistorio al sur de Barcelona.
Esta
focalización en el control y la vigilancia es perfectamente complementaria, en
absoluto contradictoria, con la promoción del espectáculo vacío y de la
cosificación de los universos sociales 'otros', reducidos a una serie inerte de
cosas 'extrañas', rituales 'vistosos', comidas 'exóticas', ropas 'étnicas',
religiones 'curiosas' y demás ingredientes perfectos para amenizar una de las
muchas 'jornadas interculturales' o 'multiculturales' que, desde una óptica
profundamamente culturalista, se se han llevado a cabo.
No
estamos muy lejos de los zoos humanos que se montaban en París o en Barcelona
entre los años 1880 y 1910. De hecho, yo diría que son su repetición, esta vez
no en clave colonial, sino neocolonial. El multiculturalismo es la reedición
posmoderna del imperialismo colonial[5].
Algunas
veces, quien sabe si para sacarse de encima la potencial etiqueta de
'folclorismo', se organizan actividades pretendidamente serias y elevadas, es
decir, aburridas, destinadas a dotar de una cierta atmósfera academicoide los
actos espectacularizantes. Un pedacito de reflexión y debate en medio de un
océano de reductivismos y substancializaciones que hacen carne entre la
población, en el espacio, presencialmente, la distinción clara y rotunda entre
los normales y los raros.
Se
trataría de una estrategia sutil, pero que avitualla a la perfección el
engranaje destinado a perpetuar los estereotipos y las dualidades excluyentes.
En un pueblo cercano a Tarragona, unas jornadas interculturales remarcaban la
existencia de otras culturas en la ciudad: “Taller
de gastronomia[6]:
degustación de tés del mundo: China, Marruecos, Gran Bretaña e India". En
las mismas jornadas, tuvo lugar una actuación musical ‘mestiza’: un grupo
senegalés y otro de flamenco fusión.
La 'mezcla', entre los Otros. Los diables[7] y gigantes pueden
desfilar 'junto a', pero no mezclarse con...¡Faltaría más!
¿Queremos
ver otra muestra?: unas jornadas 'interculturales' perpetradas en El Vendrell
(Tarragona) recogían una "muestra de
expresiones culturales de jóvenes de todo el mundo: Brasil, Argentina, y El
Vendrell". Está claro, ¿verdad? Dualidad diáfana y contundente: en ese
municipio, hay gente de El Vendrell, y gente que están allí, pero no son parte
de El Vendrell...
Otro
ejemplo, este de la ciudad de Barcelona, donde en la primavera
de 2008 se lanzó un “plan pro integración
en pleno aumento de inmigrantes", justificándose dicho plan en lo que parece
ser un 'peligroso' porcentaje de inmigrantes: el 16,2%.... En el siglo XVI,
cerca del 40% de la población de Amsterdam era nacida fuera de los Países
Bajos, muchos de ellos eran de origen portugués y armenio. Ejemplos históricos
como este los hay a miles, pero deduzco que no interesa o o no interesaba hacerse
difusión de los mismos, al contrario: interesa o intersaba problematizar (o
folklorizar) algo tan natural, en tanto que no forzado y espontáneo, como es la
pluralidad humana.
Esto
es lo que explicaría que el 16% de foráneos ‘provoque’ la puesta en marcha de
unos actos que (cito literalmente) "intentarán
aproximar dos realidades que viven en Barcelona, la de población
autóctona y la de creciente población inmigrante". Por si no había quedado clara la dualidad, la volvemos a presenciar
sin rodeos, e incluso reconociendo implícitamente que se intentará, es decir,
que se trata de un esfuerzo difícil, pues difícil tiene que ser, de antemano,
la convivencia entre la cultura 'normal 'y las de los' raros ', muy
especialmente si estos raros no se doblan a la maquinaria aséptica a través de
la cual poder recibir el respeto por parte de los normales. Esencialismo en
estado puro...
También
cuenta con un trasfondo esencialista abrumador que, en el mismo documento
(periodístico, hay que subrayarlo), los mismos organizadores hablan de "invitar a la nueva ciudadanía
heterogénea[¿la ciudadanía autóctona es homogénea?] a compartir tradiciones y señas de identidad locales”, es decir, a
asimilarse a lo que se presenta como la ‘cultura’ autóctona, o bien a la
cultura llamada 'popular-y-tradicional' (en un pack), la cual parece ser que
todavía no puede incluir a todo el pueblo, es decir, al conjunto de las
personas que configuran la nación catalana entendida como sistema plural y
abierto, no como entidad uniforme y cerrada...
En
diciembre de 2009 una campaña institucional de la Generalitat de Cataluña, en
concreto del Centro de Promoción de la Cultura Popular y Tradicional Catalana,
volvía a subrayar este carácter finito, cerrado, de lo que ellos consideran
como 'cultura popular', mostrándonos que ésta sólo incluye las producciones
simbólico-festivas generadas recuperadas y/o reavivadas por la Cataluña decimonónica,
hace entre 100 y 150 años: gigantes, dragones, águilas, castellers, sardanas,
diablos ... Pero no la retahíla de expresiones simbólicas de los "otros catalanes"(llegados hace 50
años) ni tampoco las de los "nuevos
otros catalanes" (llegados en las últimas dos décadas)
El
título de aquella campaña institucional era bastante elocuente: 'SOMOS'. Es decir, el pueblo catalán, su
cultura popular, no es toda la población de Cataluña, sino sólo la gente normal y/o asimilada a la normalidad.
La uniformización nacionalista tras la máscara del ciudadanismo: 'normalizaciones
culturales' y 'arraigos' ...
Desde
algunos sectores ciudadanistas se intenta
homologar tajantemente la integración cultural con la participación de los 'recién llegados'[8] dentro de las
entidades culturales populares autoproclamadas como autóctonas. Se trataría de
una forma de normalización cultural,
si empleamos una sinonimia conceptual prestada al para mí desafortunadísimo término
'normalización lingüística'.
Parecería
como si el sólo hecho de participar en alguna entidad 'del país' o de emplear
con cierta competencia la lengua catalana, fueran suficiente como para dar por
cerrado el tema de la integración. ¿De qué hablamos? ¿De asimilación cultural o
de integración social? Nuevamente se vuelven a mezclar o confundir términos, y
no sé si con intencionalidad (hipocresía) o de manera inconsciente (ingenuidad).
No
es que no me parezca oportuno que haya recién
llegados que participen en grupos de danza, grupos de diablos o de
castellers, y corre-calles diversos, al contrario. Me parece fenomenal. Al igual que me parece formidable que participen
en equipos de fútbol local, en partidos políticos locales (pero...esto ya es
otra historia, ¿verdad?), en ateneos populares, en sindicatos, en ateneos
populares, en asociaciones de vecinos, en entidades ecologistas, y así hasta el
infinito ...
No
me parecería tan positivo, sin embargo, que se integren en grupos fascistoides,
que formen parte de asociaciones de cazadores o que se conviertan especuladores
inmobiliarios, pero en todo caso esta es una opinión personal y arbitraria,
pues es más que evidente que "ellos" (y "ellas") también
tienen derecho a alistarse en sectores de la sociedad que, personalmente,
detesto.
Y
aquí surge de nuevo la temática de la dualidad: incidiendo en que
"ellos" se integrarán en "nuestras" entidades, reproducimos
esta maquinaria asimilacionista y/o excluyente que implica considerar que en un
espacio social dado hay dos grandes segmentos de población: nosotros y los
'otros'.
No
se crean los lectores que todo es un mero nominalismo y que esta dualidad
permanece impoluta, encerrada en un ámbito metafísico, sin consecuencias
reales. ¡No! Una de las muchas consecuencias de este planteamiento en el plano
de la acción política se ejemplifica en el caso de los certificados de arraigo que deben emitir los poderes locales para
dar una especie de 'carta de población' o de ‘diploma de ciudadanía’ a aquellos
vecinos que no han tenido la ‘suerte’ de nacer ni en el Estado-Nación al que
pertenece el municipio, ni en la Unión Europea, ni tampoco en ningún estado con
ciudadanos ricos que nunca puedan ser considerados como inmigrantes sino, como
mucho, como ‘extranjeros’ que forman parte de ‘colonias’ (de americanos, holandeses,
británicos, franceses, japoneses o kuwaitíes, tanto da).
La
palabra 'arraigo' remite a una metáfora botánica, perfecta para cualquier
proceso imbricado dentro del campo de la ingeniería agrónoma, pero nada
adecuado para referirse a las relaciones sociales, que son lo más
tangencialmente diferentes posible a cualesquiera clase de entidad arbustiva o
herbácea, a menos que (como me temo) se sigan empleando símiles biologicistas
para hablar y para tratar los procesos sociales, con las subsiguientes
consecuencias en el plano de lo real.
Más
allá de esta creo que nada casual referencia biológica, los certificados de
arraigo constituyen una verdadera aberración jurídica, como ya han demostrado
sistemáticamente los antropólogos Catalina Borelli y Manuel Delgado en un
documento reciente[9]: exigen conocimientos
lingüísticos que sólo son igualmente exigibles a los 'autóctonos' que quieran
convertirse en funcionarios; se piden documentos jurídicos imposibles de
conseguir antes de obtener el certificado; se emplea multitud de conceptos
indeterminados que se unen a una serie de trampas y callejones
jurídico-administrativos destinados a problematizar y patologizar el
asentamiento legal de los 'otros' en un espacio local concreto.
La humillación constante de
la profesión de antropólogo: falta de reconocimiento, vejaciones y paradojas
incomprensibles
En
los poquísimos casos en que alguien ha sentido durante más de cinco minutos mi
exposición en torno a la importancia de captar a través del trabajo
antropológico los ritmos de la vida en común y sus modulaciones plurales, es
decir, de ejecutar proyectos etnográficos y realizar una suerte de auditoría
antropológica permanente para saber lo que realmente pasa y no lo que se quiere
que pase, en estas escasas ocasiones, decía, casi siempre mis interlocutores
han añadido que sería necesario que el equipo de trabajo fuera multidisciplinar.
Después,
en ningún caso se ha realizado la investigación, eso por descontado[10].
Pero resulta cuando menos 'curioso' que la insistencia en integrar dentro de
una investigación personas de diversas disciplinas (aunque no sé cuales, pues
nunca se enumeraban) sólo se llevaba a cabo cuando la investigación era de
carácter antropológico. Si no, ni siquiera llegaba a plantearse la importancia
de un trabajo multidisciplinar.
En
la inmensa mayoría de lugares donde he tenido la suerte o la desgracia de ir a
parar mientras he desarrollado tareas de investigación o de formación, la
antropología social no sólo ha brillado por su ausencia, sino que, las pocas
veces que se remarcaba su importancia capital en relación a la reflexión, la
investigación y la pedagogía sobre la pluralidad humana, esa importancia ha
sido silenciada, puesta en cuestión o, directamente, menospreciada.
Así,
en Barcelona, una señora perteneciente a un cierto ámbito
de ‘gestión cultural’ reconoció, ante mi sorpresa (inicialmente positiva) que
se empleaba muy poco la visión antropológica. Pero pronto me decepcionó cuando
continuó su reflexión remarcando lo siguiente: "es que la antropología aún es muy nueva aquí, y es normal que no
se utilice, esto requiere tiempo ...". ¿Muy nueva? ¿Una disciplina
implantada en las universidades catalanas desde hace casi 45 años es muy nueva?
Toda excusa es válida para desacreditar algo que, ya por adelantado, será
objeto de desacreditación.
Resulta
paradójico o, mejor dicho, vergonzoso, comprobar que algunos de los pocos
antropólogos y antropólogas que han llegado a algún cargo técnico tienen
contrato laboral como educador o trabajador social, no como licenciado o doctor
en antropología ...
Sin
ánimos de despreciar el trabajo de trabajadores y educadores sociales, o no el de tod@sm resulta escandaloso que la
‘gestión’ de la diversidad esté de forma prácticamente unánime en sus manos. La
antropología social es, por definición, la ciencia encargada del estudio, el
registro y la práctica intercultural. No niego la validez de estos
profesionales, pero considero, sinceramente, que deberían tener una tarea
complementaria a la de los profesionales de la antropología.
Y
aún resulta más escandaloso comprobar cómo en varios municipios catalanes se
contratan personas que sólo tienen el bagaje de haber llevado a cabo un módulo
de Formación Profesional denominado Integración Social[11],
mientras doctores, doctoras y licenciad@s en antropología quedan en la más absoluta
de las marginaciones. Y dicha marginación se da, ni más en menos, en un campo
que es el de su competencia, sino exclusiva, si prioritaria. ¿Por qué parece
impensable o incluso ridículo otorgar gestiones económicas a personas sin
conocimientos básicos economía? ¿Alguien otorgaría funciones profesionales
estratégicas en (por ejemplo) Derecho, Comercio, Educación o Sanidad a personas
sin formación en esas materias y que, como mucho, pueden ejercer roles
complementarios?
También
resulta paradójico que doctores en antropología como el que escribe estas
líneas se dedicasen, muy de vez en cuando, a impartir 'formación' de técnicos
que, después, serán los que decidirán si contar o no con él para complementar
sus 'gestiones' de la diversidad. Kafkiano es un adjetivo que se queda corto...
Alguna vez he impartido clases a profesores de secundaria y, poco después, y
con un 'bagaje' consistente en las poquísimas horas recibidas de 'formación',
los he visto ejerciendo de profesionales de la interculturalidad por institutos
de, por ejemplo, las comarcas del Berguedà y el Bages.
Siguiendo la óptica esencialista dominante,
algunos de estos técnicos habían recibido varias informaciones (parciales,
sesgadas y reductivas) sobre las 'culturas' de los 'raros'que había en el aula.
‘Raros pobres’, los ricos están en el British School o la Escuela Alemana.
Después de asimilar cuatro ideas vags, se suponía que, ahora, ya tenían
competencias para entender los
problemas que, a buen seguro, se encontrarían. Las brechas provocadas por la
irrupción de 'culturas foráneas' en el universo autóctono -supuestamente
uniforme-, sobretodo las generadas por formas no domesticadas ni aseptitzades,
son arregladas por profesionales ‘autóctonos’ que, en base a algunas horas de inmersión en las culturas inmigrantes, ya pueden mediar y asesorar con plena
legitimidad y prestancia.
Por
otro lado, reproducir las exclusiones, estigmas y explotaciones es la función
de la institución escolar tal como fue creada y tal y como continúa trabajando
todavía de forma mayoritaria, no nos engañemos.
Otra
cosa sería hacer una apuesta política para cambiar la función estratégica del
aparato escolar en la reproducción de una sociedad tan brutalmente injusta, desigual
y jerárquica como la nuestra, pero mientras eso no ocurra, negar esta función
axial de las instituciones educativas formales en el actual sistema social
implicaría un ejercicio de hipocresía de dimensiones gigantescas. Como también
sería hipócrita a más no poder dejar de reconocer la existencia de un buen
número de profesionales docentes conscientes de esta función y que tratan de
revertirla lo mejor que pueden...
Prosigamos.
Una manera alternativa de tratar de justificar la inexistencia del prisma
antropológico en la 'gestión' de la pluralidad consiste, abiertamente, en
subrayar el carácter asistemático y no-científico no ya de la antropología
(pues ninguno de los que argumentan tienen la más mínima idea de qué demonios
es), sino de los antropólogos y antropólogas. Sólo citaré algunos ejemplo que
he presenciado:
-
Reunión en Cubelles (al sur de Barcelona) para abordar una temática relacionada
con el campo que grosso modo incluye
la cooperación-solidaritat-immigración-diversidad. Al conocer mi condición de
doctor en antropología, uno de los asistentes declara ante las risas o risitas
cómplices del resto: "Uf, un
antropólogo ... Vosotros sólo servir para tocar los cojones todo el rato
..."
-Comentario
recogido de labios de una alta responsable de gestión de la 'ciudadania-immigración-diversidad'
de un municipio del norte de la comarca del Barcelonès: "Yo no quiero trabajar con antropólogos. Los
antropólogos siempre divagan y son unos gilipollas. Sólo sirven para irse a
África a follar a las negras ... "
La monitorización de los
demasiado diferentes, nueva forma de racismo cultural
Atención,
pregunta: ¿Por qué no trasladar las políticas inquisitoriales, de
monitorización, de vigilancia, de control y de fiscalización de la vida privada
de grupos 'culturales' sometidos a prejuicios (inmigrantes, jóvenes,
'radicales', etc.), y hacerlo con la misma intensidad, pero en este caso sobre
especuladores bancarios, caciques locales, empresarios de la construcción,
sociedades de cazadores, partidos políticos, y otros elementos de las tribus surgidas de la
'cultura propia'?
En
Sitges, en el corazón del Parque Natural del Garraf, hace tiempo que contemplo
estupefacto como una familia originaria del noroeste de Europa desarrolla
conductas que, de otro modo, serían sospechosas de anormalidad cultural y rápidamente fiscalizadas: han ampliado su
casa (donde hacen obras desde hace cinco años) contratando paletas polacos que
llegan directamente desde los Países Bajos; sus perros invaden constantemente
un camino público; la mujer del matrimonio se dedica sólo a las tareas
domésticas; los hijos llegan a menudo tarde a clase, o faltan con cierta
cadencia, etc ... Me pregunto ¿qué pasaría si en vez de ciudadanos comunitarios
de la Europa boreal fueran de algún otro país, al sur o al este del nuestro?
Sobretodo, de un país conceptualizado como ‘emisor’ de inmigrantes: Marruecos, Ucrania, Ecuador, China, por ejemplo ...
Para
empezar, el control institucional al que serían sometidos sería constante. Para
continuar, las opiniones negativas sobre su cerrazón identitaria y sobre sus
prácticas cotidianas estarían en boca de mucha gente ... Quizá se preguntarían
por el origen del dinero para construir la casa, los niños no irían a una
escuela privada, como es el caso de la familia que comento, sino a una escuela
pública, donde su reiterada impuntualidad, además de ser severamente castigada,
confirmaría el carácter intrínsecamente diletante e inestable de su 'cultura'.
Me
imagino cuáles serían los comentarios de algunos docentes y técnicos: “es que con esta gente no hay manera”
La importancia de la mirada
neutral
En
mi opinión, muchas de las políticas de' gestión 'de la diversidad son
aberrantes no sólo por lo que acabamos de comentar, sino también porque tratan
de monitorizar autoritariamente algo que siempre se moldea a sí mismo. Me
explico: la sociedad (municipio, comarca, país ...) es un sistema que se
autorregula. Violentar la autorregulación de este sistema, y hacerlo casi siempre contra grupos previamente estigmatizados a través
de prejuicios, es un ejercicio de racismo cultural, pues se naturalizan y
problematizan a los que no encajan en el diseño previo que se pretende imponer
para coagular la ebullición social de la vida cotidiana.
Esta
'gestión' se hace sobre 'grupos' recortados desde arriba, sin tener en cuenta
la opinión de los implicados, sus prioridades, y sus percepciones. Esta
'gestión' no se hace con toda la población, sino sólo con los sometidos a
prejuicios ... Así, se reproduce su condición marginal, se les naturaliza como
grupos identificables de forma clara, casi inapelable, y se intenta saber de
forma seca y reductivista cuáles son sus características, en especial aquellas
más problemáticas y/o problematizables. Siempre en relación con las normas
consensuadas por las élites y/o con las tradiciones y costumbres convencionales
desde la óptica de la supuesta ‘cultura propia’ del territorio de acogida.
Para
conseguir 'conocer' como 'funcionan', se realizan sesiones formativas de corta
duración que sólo pueden dar aproximaciones introductorias, y que se convierten
en lugares donde los 'gestores' reciben informaciones que sólo sirven para
crear nuevos prejuicios. La complejidad dinámica, metamórfica y poliédrica de
los grupos humanos no se puede explicar en dos horas, sino recibir un
seguimiento atento, detallista y de proximidad mediante la técnica
antropológica por excelencia: la etnografía.
Una
técnica, insisto, a emplear en relación a toda la ciudadanía, y que podría
facilitar información cualitativa y rica en matices, actualizada de forma
constante, sin incidir en los procesos para controlar, vigilar y saber “dónde
están”...
Un
estudio respetuoso y no-parapolicial sobre, por ejemplo, las religiones de un
municipio, se debe realizar desde la óptica antropológica y sociológica, y debe
hacerse desde la neutralidad más absoluta (el ateísmo, en este caso). Esto no
se ha hecho más que en casos excepcionales, al igual que las intervenciones de
'gestión de la diversidad' hechas por personas buena parte de las cuales tienen
tremendamente interiorizados los prejuicios contra la ‘divergencia cultural’.
Pero
aún hay más: muchas 'gestiones de la diversidad' se han llevado a término priorizando
la mirada ‘autóctona’, y eso no hace más que continuar reproduciendo los
prejuicios desde la identidad autopercibida como 'normal' y que, en tanto que 'conoce
bien' el municipio, se consideraban a sí mismas como las únicas idóneas para
'manejar' la diversidad (sólo la de los estigmatizado), y hacerlos asimilar (o
separar) de manera más o menos nítida.
Un ejemplo al respecto: en Llinars (Vallès
Occidental), una convocatoria laboral para un trabajo centrado en la de
'gestión' de la diversidad (en forma de 'plan para la convivencia') tenía como
prerrogativa sine qua non que la
persona que se presentara a la convocatoria debía “conocer bien el municipio”. En otros lugares, poseer un apellido
claramente distinguible como 'local' ha sido un garante para acceder a un
trabajo en la administración.
Por
un lado, pues, buenrollismo
multicultural de fachada, por otro, sin embargo, la pura y dura constatación de
que la endogamia localista (modulación del nacionalismo esencialista) continúa(ba)
marcando la agenda de muchos entes públicos. Priorizar el 'buen conocimiento de
un municipio' (eufemismo de ser nacido en él) es una equivocación mastodóntica
si lo que realmente se quiere es crear una sociedad intercultural y sin
exclusiones. La mirada externa, neutral, es la única que puede contemplar los
actores sociales desde una óptica horizontal, y darse cuenta de muchísimos
detalles que desde dentro no son percibidos, valorados ni tenidos en cuenta.
Las
notas dispersas que he tratado de sistematizar muestran (más que demuestran)
como estaba el patio por tierras catalanas tras sufrir durante décadas el
lastre del nacionalismo esencialista y de su derivación ‘ciudadanista’. Su
huella se encuentra incrustada en la mayoría de 'gestiones' y de concepciones
de y sobre la diversidad, lo que deriva en una enorme falta de ductilidad en la
mayoría de mecanismos que sopesan 'gestionar' la interacción múltiple y
dinámica de un universo social cambiante que bebe de los impulsos y ritmos de la
vida cotidiana intercultural que configura cualquier pueblo. En este caso, el
pueblo de Cataluña.
Cataluña,
como ninguna otra nación, no puede remitirse a ningún tipo de ‘estructura
identitaria’, concepto esencialista expuesto por Artur Mas hace unos años. Todo
pueblo, toda sociedad, no es otra cosa que un campo de relaciones sociales que
considero que ni se pueden ni se deben manejar como si se tratase de un jardín
donde fiscalizar el correcto ‘arraigo’ de sus ‘implantes’. Nada más lejos que
eso.
Lo
que se tendría que proceder a llevar a cabo es conocer y explicar desde la
cercanía que brinda la ciencia antropológica, pero no conocer para
controlar/respetar/monitorizar/tolerar/reprimir, sino para conocer el conjunto de las interacciones
de la vida cotidiana (de tod@s, hay
que insistir en ello) y poner en valor la convivencia entre distintos,
incluyendo su dinamismo y sus ritmos y diferenciaciones infinitesimales.
E
incluir, asímismo, sus conflictos, los pareceres de los protagonistas de la
interculturalidad real (también sus discursos políticamente incorrectos), las
lógicas que los catalizan, los contextos donde se generan, los caleidoscopios
humanos de donde llegan y donde se articulan, y un largo etcétera.
Pero
esta tarea nunca se debe hacer desde arriba a partir de una esfera hueca y
'superior', sino en un plano horizontal donde no hayan excluidos e incluidos en
la investigación y la actuación, donde no se piense de manera tan dualista en
autóctonos y en "recién llegados". Y donde también se hablara de la
explotación, los antagonismos, así como las solidaridades y comunalitaciones
interétnicas o pluriconfesionales.
Una
vez visualizado y comprobado que la diferenciación y los 'distintos' están por
doquier, nadie debería ser considerado
como 'diferente', pues en una sociedad que reconoce la diferenciación generalizada,
por pura lógica, nadie es diferente, y todo el mundo lo es.
Tanto
la supuesta nación dualista o ternaria (los de siempre-los hace poco-los recién
llegados) como el supuesto mosaico multicultural (catalanes-los hace poco-las
culturas inmigrantes), se mostrarían, pues, como una impostura, como el
resultado de una superstición, y surgiría ante nosotros un etnosistema complejo
tal como la realidad lo genera, no tal y como algunos quieren que sea. Tampoco
un paisaje humano paradisíaco o un nirvana de complacencia global.
La
sistematización etnográfica de todo ello configuraría un patrimonio cultural
inédito y original, un patrimonio vivo, un patrimonio a renovar continuamente,
donde las dualidades como cultura ‘alta’ y ‘baja’, ‘autóctona’ e ‘inmigrante’,
perderían sus prerrogativas jerarquizantes y se extinguirían para dar paso a
nuevos paradigmas y prácticas.
Todo
ello podría servir para empezar a plasmar, como una suma siempre provisional,
lo que es el conjunto de las clases populares de Cataluña. Una nación, por
cierto, que será intercultural o no será. Ni más, ni menos...
[1] El tió es
un tronco a los que los niños golpean con un bastón en Navidad para que ‘cague’
regalos.
[2] LIC:
acrónimo de Llengua, Interculturalitat i Cohesió social. Programa supuestamente
destinado a ‘formar’ profesionals en la tarea de minimizar los conflictos
y desencuentros que se supone que, a priori, y por narices, acarrerarán la
llegada de culturas ‘raras’ dentro del territorio de la ‘cultura
normal’.
[3] "El multiculturalismo es un racismo que ha vaciado sume propia
posición de todo contenido positivo (el multicuIturalista no directamente
racista, miedo cuanto no contrapone al Otro los valores particulares de su
cultura), sin embargo, no obstante, mantiene super posición en cuanto
privilegiado punto hueco de universalidad desde el que se puede apreciar (o
despreciar) Las Otras culturas. El Respeto multicultural por la especificidad
del Otro no se sino la afirmación de la propia superioridad "(Žižek,
Slavoj, En defensa de la intolerancia, Ed. Sequitur, Madrid, 2008, págs. 56-57)
[4] No es una metáfora: me llegó un e-mail enviado por un gran auditorio
de teatro de la capital catalana donde, al referirse a la traducción de un
cartel, diferenciaba entre el inglés y el francés y, palabras textuales, a “los
idiomas raros”. No hace falta tener mucha imaginación para averiguar que se
referían al ruso, el árabe, el chino, el urdú...
[6] En un pueblo de la comarca de La Selva (Girona), en junio de 2006, la
Jornada Intercultural se cerró con la degustación de "diferentes platos preparados por representantes de las
nacionalidades participantes ..." Significativo, ¿verdad?
[7] Baile de diablos: grupos
ataviados con ropajes que imitan a diablos y que hacer explotar petardos
situados al final de un bastón. Por cierto= en ciertas geografías mentales y
físicas de Cataluña, parecería como si formar parte de un ‘baile popular y
tradicional’ fuese la condición sine qua
non para ‘incorporarse’ o ‘integrarse’ en la cultura ‘propia’….
[9] Caterina Borelli, Manuel Delgado: "El arraigo social y sus
simulacros: Propuesta para una investigación desde las ciencias sociales".
Ponencia presentada en el VI Congreso sobre las Migraciones en España, A
Coruña, 17-19 septiembre 2009
[10] Es
escandalosa la práctica inexistencia de estudios mínimamente minuciosos que den
fe no ya de la abrumadora complejidad de los etnosistemas 'inmigrados' en su
país de origen, sino de la reestructuración de los mismos en la interacción
diaria de la que forman parte en sus países de acogida. Las partidas
presupuestarias para tales menesteres (o sea, el escrutació etnográfica de los
recursos simbólicos de la población en general), no es que sea pequeña, sino a
menudo absolutamente inexistente. Comparar este vacío abisal con las enormes
gastos financieros de los erarios públicos en actos de una insignificancia y
banalidad esperpénticas, me llevaría tiempo y energías, no varios artículos,
sino libros y enciclopedias voluminosas, y esta ingente tarea se me escapa hoy
en día por falta de tiempo y, sobre todo, de ganas ...
[11] Este hecho, que desconocía por completo, me fue comunicado
personalmente por la antropóloga chilena Ixía Mendoza
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