NUESTRO PUEBLO NO ES EL SUYO.
APUNTES SOBRE EL NACIONALISMO ESENCIALISTA
A PARTIR DE UNA PUBLICACIÓN DE LA GENERALITAT DE CONVERGÈNCIA...
(versión editada de un artículo escrito en 2015)
INTRODUCCIÓN
Como ya sabrán los que hayan
leído los escritos que he ido creando, mi formación académica está
circunscrita, en cuanto al ámbito de especialización, a las identificaciones
colectivas, la etnicidad, incluyendo la su variante moderna (el nacionalismo) y
las múltiples escalas donde se despliegan sus múltiples vertientes: los
ecosistemas sociales.
Es en base a esto que trato de
aportar mi grano de arena en la construcción (necesaria y urgente) de una nueva
hegemonía social y cultural que vaya más allá de la hegemonía del nacionalismo esencialista.
Mi óptica deriva del conjunto de
elaboración académica de la que acabo de hablar, que continúo reconstruyendo en
contacto con el trabajo de campo (etnografía), sin el cual es imposible
catalizar y metabolizar la realidad cualitativa, real, de las poblaciones, y
transformarlas en apuestas políticas de emancipación.
Allá por el año 2014 comprobé
como la nueva perspectiva teórica que defendí durante la construcción de mi
tesis doctoral es perfectamente aplicable en este trabajo de construcción,
entre otros objetivos, de una nueva identificación colectiva.
En mi opinión, la aplicación del
este aparato conceptual alternativo tal vez puede complementar cuestiones
relacionadas con qué, cómo, para qué, quién, y de qué forma dejar de lado la
idea de ‘pueblo catalán’ (Volk) nacida del nacionalismo burgués, y que
vivió una macrocefalia aberrante a partir del “processisme”[1]. Sí,
lo de los monstruos del interregno de los que hablaba Antonio Gramsci. Un
problema añadido, y fundamental, es que estas aberraciones están en la base de
unos gobiernos que generan el sufrimiento de cientos de miles de personas y la
continuación de la masacre contra las clases trabajadoras.
He creído conveniente hacer
mención de esto para enmarcar y de explicar el por qué, la razón, de este
escrito. El ‘processisme’, modulación del pujolismo en pleno interregno entre
hegemonías, es una derivación directa del pensamiento pujoliano, él mismo una
síntesis del nacionalismo burgués ya a su vez sintetizado por Prat de la Riba.
Una ideología nacionalista esencialista, pues esencialista fue la base del
nacionalismo burgués catalán, y así continúa hasta el día de hoy, con
lamentables incursiones en dicho nacionalismo por parte de geografías del
pensamiento pretendidamente de izquierdas ...
Puede que haya quien todavía se
puede dejar engañar por el inicio famoso mantra (es catalán quien vive y trabaja, bla, bla ...), siempre citado a
medias, por cierto, mantra que quizá ha hecho creer de verdad a alguien en que
el nacionalismo esencialista digamos que pujoliano
era ‘integrador’ y ‘abierto’. Aquello fue otro farol más. Son especialistas. Dejémoslo
aquí ...
Vamos de cara a barraca.
Repasando materiales diversos, he topado con un libro que tenía medio olvidado,
y allí he encontrado un pequeño escrito pujoliano que reconozco que en su
momento no había leído. Supongo que porque el libro en cuestión no es mío, sino
de mi hermana Maite, que lo recibió como regalo al terminar 8º de EGB ...
Antes de meterme en materia,
aclarar que si cargo contra algo es contra la idea de ‘pueblo -Volk-
catalán’ que ha conseguido convertir el racismo cultural en sentido común,
contra el nacionalismo esencialista (el único que hoy en día hay en Cataluña)
como ideología que, por sí misma, además de que genera exclusión y explotación,
la perpetúa, pues es la máquina ideacional que necesita el sistema depredador
capitalista para legitimarse/sacralizarse/naturalizarse. Queda dicho.
[1] Nombre con el que designo una especie de
tercerposicionismo interclasista ultracapitalista hegemonizado por
Convergència, que rezuma olor a pujolismo rancio por doquier, y que con el
farol de una supuesta soberanía trata de asegurar la continuidad del dominio de
las clases privilegiadas, convirtiendo dicho ‘deseo’ en una eterna espera (los
lacanianos tienen tema para analizar)
EJEMPLOS DE NACIONALISMO GENETICISTA Y ESENCIALISTA EN EL LIBRO
REGALADO A LOS ESCOLARES CATALANES EN JUNIO DE 1990...
El texto del Pujol-Presidente lo
encontramos en las páginas 5-6 de La
naixença de Catalunya, 878-1978, libro editado por la Fundación Jaume I, en
Barcelona, en marzo de 1990. De hecho, como reza el texto del editorial, se
trata de una 2ª edición revisada (el original era de 1978).
Hay que remarcar que de esta
edición corregida se hicieron 108.000 ejemplares, todos ellos distribuidos
gratuitamente a los chicos y chicas que acababan la EGB en Cataluña, a través
de los Centros de Recursos Pedagógicos y del propio Departamento de Enseñanza
de la Generalitat de Cataluña:
No pretendo hacer una exégesis
rigurosa del libro. Sólo hablaré de algunos aspectos que parecerían delirantes
y arcaicos si no fuera porque una parte no anecdótica del actual nacionalismo
esencialista comulga con ellos a inicios de 2026.
No es casual que el entonces
Consejero de Enseñanza, Josep Laporte, deje bien claro en las líneas de
presentación del libro que este nace para aleccionar[sic] jóvenes de catorce
años que, dice, son forjadores del porvenir, y que deben de considerarse como “componentes de la comunidad catalana”.
Asimilacionismo jacobino francés
y comunitarismo esencialista de raíz germánica, todo en uno: por un lado, no
deja opción a los jóvenes obsequiados con el libro: son/tienen que ser parte de
la ‘comunidad’ catalana. Por otra parte, emplea un concepto nada inocente, el
de ‘comunidad’ (la Gemeinschaft del
nacionalismo esencialista germano), también usado muy a menudo por el actual
presidente accidental de la Generalitat, Puigdemont.
Y concluye el consejero sobre el
contenido del libro remarcando que quiere que sea “un fiel compañero de viaje
al que se pueda recurrir para alimentar el necesario aprecio del ciudadano para
con su país”. ¿Qué país? Pues el que dibuja y contornea el libro.
Se trata del país construido
desde arriba por los nacionalistas burgueses y recreado continuamente por las
clases dominantes, escondidas bajo el velo de ‘el pueblo catalán’ para ocultar
las verdaderas relaciones sociales y políticas ... Ideología, se llama.
También resulta significativo que
el libro regalado a los adolescentes de Cataluña tenga sólo dos partes: la
historia (más bien podríamos decir que mitología historicista) y los símbolos.
Basta. Una especie de manual del tipo colección Le français sans peine o El
español sin esfuerzo, pero dedicado a la Esencia o Ser catalán
en formato breve y fácil (en teoría!) de digerir.
Dentro de la primera parte
también se incluye el medio físico y ... el carácter nacional o personalidad
catalana ... Y no hace falta decir que los símbolos serían la concreción
figurativa de esta supuesta ‘personalidad ... Por eso son (y se continúa
insistiendo hoy en día) ‘símbolos propios’, como la ‘lengua propia’ y otras
propiedades de los ‘autóctonos’ ... Pero vamos a hacer un rápido vistazo a los
textos regalados a la juventud catalana
Miquel Coll i Alentorn perpetró
estos textos, que van de la página 8 a la 32. El abogado Josep M. Ainaud de
Lasarte, cometió el resto. Por cierto: el primer autor era ingeniero
industrial. Nada anormal en un país, Cataluña, que ha tenido y tiene dos
ingenieros agrónomos como Directores de Inmigración de la Generalitat desde
hace tres legislaturas ...
El inicio de la primera parte del
libro es sencillamente aterrador. Supera cualquier planteamiento decimonónico.
Y por goleada. Por miedo a que alguien piense que me lo invento, he escaneado
algunos de los textos, aunque imagino que la profusión con la que obsequiaron a
los escolares con este libro hará que sea fácilmente localizable en todo el
Principado.
Primero, el señor Coll habla de
la formación de la ‘personalidad’, formación a la que dice que concurren
elementos genéticos y geográficos. Y los mezcla. Tal cual.
Antes de continuar, recordaremos
que también empleaba un similar determinismo geográfico, tosco y casi
caricaturesco, el ex Honorable Pujol. No en libros rubricados por él de forma
individual, sino firmando como Presidente.
Por ejemplo, nos lo demostró de
manera nítida en el texto de una introducción que cometió para un libro
publicado nueve años después del que ocupa el interés de este artículo (la
negrita es nuestra):
“La manera de ser de cada pueblo presenta unos matices que derivan
de su geografía. No hay duda de que el
territorio del país ha contribuido poderosamente a hacernos tal como somos, a
cincelar el carácter de nuestro pueblo. (...) Disfrutar de unos bienes
materiales no debe estar reñido con disfrutar de otros bienes, del orden del espíritu, cuando ambos brotan de una misma tierra”
Jordi Pujol, en: Borrás, B .;
Parés, E. (dirs.) (1999) Libro de oro de
los parques naturales de Cataluña, Generalitat de Cataluña, pág. 4.
Pero centrémonos en el texto que
ahora nos ocupa. Como decíamos, Coll y Alentorn considera que la supuesta ‘personalidad’
catalana está amoldada en base a la biología (los genes) y la geografía. Y, en
referencia a los elementos ‘genéticos’ que estarían en la base de la formación
de la ‘personalidad’ colectiva ‘catalana, no se pierdan lo que viene ahora ...
Digamos que como chiste aberrante
es bueno. Como texto oficial, institucional, regalado a 108.000 escolares de 14
años, causa pavor. Pero seguro que más de uno se lo ha tomado en serio: sin ir
más lejos, los que siguen afirmando la diferencia antagónica, absoluta y eterna
entre el ‘carácter catalán’ y el ‘carácter castellano o español’.
En base a la explicación de la
influencia del suelo, el argumento sería inapelable, empleando una combinación
aberrante entre determinismo biológico y geográfico que encontrarían ridícula
incluso Gobineau y los padres de la raciología hace siglo y medio ...
Insuperable .
En esta misma página, Coll y
Alentorn también afirma lo siguiente:
”Nuestra fórmula étnica no es muy diferente de la del resto de la
Europa occidental”
Cuando el señor Coll dice ‘fórmula
étnica’ no habla, como hacemos algunos científicos sociales, del marco de
identificación social (ethnos significa
‘grupo social’), sino que emplea ‘etnia’, de manera errónea, como eufemismo de ‘raza’,
de estirpe genética, de linaje de origen ‘biológico’.
Y dice “nuestra fórmula étnica”:
la de los que son parte del Ser
catalán ¿no la de los que llegaron después de que la fórmula apareciera? Por lo
que deduzco, parece ser que no ...
Todo ello no es algo nuevo, ni
mucho menos: es el viejo supremacismo esencialista, racista, que trata de
acercarse a Europa ‘blanca’, ‘germánica’, y dejar de lado posible vínculos con,
por ejemplo, los pueblos considerados como ‘demasiado meridionales’, con el
pasado musulmán de Cataluña, y / o con las vinculaciones, incluso, con los
pueblos latinos.
Tal cual. No lo digo yo, lo dice
Artur Mas (las negritas son mías):
“El ADN cultural catalán
está mezclado con nuestra larga
pertenencia al mundo franco-germánico. En definitiva, Cataluña, doce siglos atrás, pertenecía a la
marca hispánica y la capital era Aquisgrán, el corazón del imperio de
Carlomagno. Algo debe quedar en nuestro
ADN, porque los catalanes tenemos un
cordón umbilical que nos hace más germánicos y menos romanos”
Continuando con el libro,
observamos que en la página 10 el señor Coll y Alentorn habla del temperamento catalán. Dejando otra vez
casi como líderes del nacionalismo cívico a los inventores de la idea de Volkgeist ...
“Este tipo de territorio crea un temperamento extrovertido, de marcado individualismo”
El señor Coll, como el resto de
nacionalistas burgueses hasta la actualidad, asocian el supuesto ‘temperamento’
catalán a los valores que supuestamente son propios de su clase social.
Nihil novum sub sole. Pero más de 100.000 personas, y sus familias,
pudieron tener acceso a este texto. Que, más allá de su contenido, y por si
esto fuera poco, era un libro oficial, encargado y hecho con su dinero (por lo
tanto, no era un ‘regalo’).
(Por cierto: ¿todavía hay alguien
que crea que lo que está haciendo el
processisme con el dinero de todos es una novedad?)
La contraposición con este
pretendido ‘temperamento’ catalán sería, como también algunos (o muchos)
afirman ahora ... el ‘temperamento castellano’: “el criterio uniformista
castellano”, decía Coll i Alentorn ...
El resto de las páginas escritas
por Coll son una serie de lugares comunes de la historiografía misticoide,
donde por ejemplo parecería como si en Baleares y Valencia no viviera nadie
cuando llegó el genocida de Jaime I y sus aliados.
Nos quedamos con la frase con la
que el autor concluye su aportación al libro, con letras destacadas en negrita
en el texto original (los subrayados son nuestros):
“Acabamos con ello esta serie de datos e informaciones en relación con la plasmación de nuestra personalidad collectiva. Quizás lo que precede es suficiente para que los catalanes sepan en qué cantera han sido tallados”.
Es difícil encontrar un ejemplo más diáfano de nacionalismo esencialista que éste. Y por mucho que se diga lo contrario, es obvio que una parte no minoritaria de cierto processisme sigue pensando lo mismo: el Ser catalán fue tallado, ya está hecho, ya está cincelado y construido ...
Quien se quiera incorporar en
esta esencia, en la sustancia de la ‘personalidad catalana’, debe hacerlo
asimilándose a la misma, aunque siempre tendrá la ‘tara’ originaria de no haber
sido cincelado en la misma cantera que los catalanes ‘autóctonos’ y / o que los
catalanes que cuentan con todos los rasgos identitarios ‘propios’.
De forma subliminal, se coloca a la gran mayoría de la
población ante una perspectiva radical: o aceptar los valores que le propone la
clase dominante o ser excluida de la catalanidad. Esta era y es la receta
del nacionalismo esencialista en Cataluña. Por ello, y muchas más razones, hay
que construir otras vías ...
Como ya hemos dicho, la segunda
parte de este manual escolar está consumada por el señor Josep M. Ainaud de
Lasarte. Licenciado en Derecho, fue asesor personal de la Colina en el ámbito
cultural, y desde sus inicios (1974) estuvo vinculado a CDC. Cuando cometió
este texto era concejal del ayuntamiento barcelonés. En 1978 publicó un libro, Símbolos de Cataluña, del que su aportación
a este manual pujolista parece ser una especie de refrito.
Ainaud se encarga de repasar y ‘explicar’
lo que él (y el resto de los nacionalistas esencialistas) dicen, nos dicen, nos
ordenan, que son los símbolos propios
de Cataluña.
De hecho, el autor material del
texto dice que son símbolos con los que está identificada ‘la realidad inmortal de Cataluña’ (pág. 33). Poca broma:
Los símbolos escogidos en el
libro por el gobierno nacionalista de Pujol, a través de Ainaud, son una mezcla
de elementos figurativos y de fechas históricas: las cuatro barras, Sant Jordi
[sic], el himno de los Segadors, el Corpus de Sangre , el Once de septiembre
...
Son ‘símbolos’ siempre
atravesados y llenados por interpretaciones ideológicas, es decir, hechas a
conveniencia de los intereses de la clase dominante que los elige y dota de
significado. El revoltijo nacionalcatólico de símbolos incluye el Pi de les
Tres Branques[1], la sardana y ... la
barretina. Y todavía hay quien dice que el pujolismo no era y es folclórico ...
Y sí, digo nacionalcatólico: aparte de que el texto llama la abadía benedictina
de Montserrat como “el verdadero
santuario nacional de Cataluña”, le dedica 6 páginas enteras ...
[1] Árbol situado en el Prepirineo barcelonés,
y que desde hace alrededor de un siglo simboliza, con sus tres grandes ramas, a
los tres ‘Países Catalanes’ (Cataluña, País Valenciano, Baleares)
EL TEXTO, INSTITUCIONAL, HECHO POR EL PUJOL-PRESIDENTE
Como vemos, Pujol firmó como
M.H.S. (Molt Honorable Senyor) Presidente de la Generalitat de Cataluña. Y es
significativo que todo el rato hable en nombre del (de su) pueblo catalán: ‘nosotros’, ‘nuestro’, ‘nos’, ‘sabemos’, ‘queremos’,
‘somos’, ‘creemos’, ‘aspiramos’ , ‘luchamos’, ‘seremos’, ‘hemos’, ‘podemos’ ...
Hoy, los de CDC y satélites, el processisme, hacen exactamente lo mismo,
no lo olvidemos. Pujol, y ahora el processisme,
se convierten en una especie de actualización de la figura del señor solariego
para el que toda Cataluña es su latifundio. Por eso mismo hablaban, y hablan en
nombre del pueblo catalán y de Cataluña. Algo antagónico con cualquier
republicanismo ...
El texto introductorio al libro
del que estamos haciendo alusión vuelve a confirmar lo que considero que es
notorio y conocido: Pujol tomó directamente el testimonio del nacionalismo
romántico germánico de sus antepasados: el nacionalismo novecentista y el
nacionalcatolicismo catalán.
Aunque es ciertamente pequeño y
sintético (como su persona), este texto pujoliano es otro ejemplo contundente
de nacionalismo esencialista/primordialista/substantivista. El esencialismo
nacionalista se basa en muchos rasgos, presentes con mayor o menor peso
estratégico: geneticismo, biologicismo, culturalismo, historicismo mitológico,
supremacismo, racismo cultural, fundamentalismo, misticismo, moral
cristianoide, organicismo, comunitarismo romántico, fetichismo lingüístico,
uniformización sociocultural, etc ...
Pero este esencialismo también se
fundamenta en lo particular subrayado que hace en la existencia de un ser, de
un ser anterior a la misma sociedad, situado por encima de ella, una esencia,
en definitiva, que en última instancia deriva Dios, o de la Naturaleza (o de la
historia, los genes, la sangre o cualesquiera otras formas de poner un elemento
esencial que justifique-sacralice-naturalice hechos que son siempre sociales,
construidos y complejos). Este acento que se pone en el Ser también se pone en el
Carácter que toma este Ser. Un
carácter nacional, forma de ser, derivada del alma del pueblo (Volkgeist),
que no se tiene que ‘perder’ nunca y que se tiene que remitir a ‘raíces’ y ‘fidelidades’
primordiales.
Siempre encontramos la remisión a
esencias, lo que implica la
existencia de recursos simbólicos disponibles para llevar a cabo exclusiones y
para delimitar el ámbito de la ‘catalanidad’ (de el “Ser –catalán-”), poniendo fuera de la misma o aquellos que llegaron
cuando este Ser ya había cuajado, y/o
los que no responden a esta manera de
Ser y no se pueden considerar como
catalanes en su Ser.
Ya lo dijo Jordi Solé Tura en
1967: creando esta ideología nacionalista esencialista, la burguesía catalana
se arrogaba (y lo sigue haciendo) el derecho de delimitar quién es parte del
ser de la catalanidad, y está imbuido por su Volkgeist, y quién no. Esta clase social fue la que lo trazó y
caracterizar, y lo sigue haciendo en base a sus intereses políticos (es decir,
económicos).
Veamos ahora algunas ‘perlas’ del
texto que, como Muy Honorable Señor Presidente (detalle fundamental) escribió
Jordi Pujol (las negritas que siguen son mías):
Para empezar, fijémonos en que en
sólo dos páginas el señor Pujol menciona hasta cuatro veces, cuatro, el
concepto voluntad de ser[1] ...
“Los pueblos no mueren si no pierden la voluntad de ser, y no suelen perderla si no pierden la convicción
de la validez de sus valores y de sus fidelidades”
(¿Cuáles son estos valores y
fidelidades? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ... ¿Para qué? ...)
“Queremos seguir viviendo porque somos un pueblo sano” (es decir: ¿hay pueblos enfermos?)
“No hemos sido ni somos un pueblo
vulgar, y no lo seremos” (es decir: ¿hay pueblos vulgares?)
“Creemos que no es indiferente que Cataluña sea o no sea. No lo es, primero,
por el hombre catalán. El hombre catalán necesita del hecho colectivo catalán
-de hecho colectivo catalán operativo y eficaz-, capaz de dar a sus hombres una
manera de ser”
(‘Hombre catalán’: ideosincrasia, carácter nacional, volkgeist ...)
Batería triple de voluntarismo
esencialista: “Se necesitan aportaciones
de fe, y de voluntad de ser”, “Somos
conscientes de nuestra voluntad de ser”,
“En Cataluña se libra desde hace siglos un combate que es el combate de la voluntad de ser”
Y un toque de nacionalcatolicismo:
“Hay un futuro que está en manos de Dios”
En base a este
nacionalcatolicismo, Pujol habla del peligro de la ‘anemia espiritual’, y de
que “un mundo sin fe, que hubiera olvidado sus raíces, sus fidelidades,
por qué un día no debería suicidarse?” ( ‘patria o muerte’, versión
solariega ....)
Y, por último, he aquí su
conclusión:
“Nadie tiene que dejar de ser lo
que es”
Una frase que resume su texto y
que aglutina la base del esencialismo nacionalismo. En cualquiera de los casos,
una pregunta axial sería ésta: cuando Pujol afirma que ‘nadie debe dejar de ser
lo que es’ .... Este ‘es’... ¿qué es? ¿Lo que ‘ellos’, los nacionalistas
burgueses, quieran? Seguro. Sin duda.
Así ha pasado, y así sigue
pasando con el actual ‘processisme’, reedición del pujolismo (nacionalismo esencialista)
de siempre, readaptado a los tiempos y relleno de falso ‘soberanismo’. Entre el
nacionalismo burgués de Torras i Bages, Prat de la Riba, Pujol, y la galaxia
CDC + satélites (más conocida, insisto, como processisme), no hay ningún tipo de hiato, sino una nítida
continuidad, pues son varias expresiones, varias formas, del mismo corpus ideológico. Del mismo ‘tronco’,
como diría el propio Pujol. Ahora hablaremos.
DEL TRONCO CULTURAL A LA RED
DE ECOSISTEMAS SOCIALES
Centrémonos en la vertiente que
nos ocupa: las características digamos que ontológicas del ‘pueblo catalán’
(que el manual del que hablamos quería condensar para los escolares), y qué y
quién incluía este Ser. Un ser que
condensa: ‘cultura’, ‘lengua’, ‘historia’, ‘costumbres’, ‘creencias’, y todo el
universo de tradiciones inventadas que caracteriza a los nacionalismos. Todos.
No debería extrañarnos que un
nacionalista esencialista como Jordi Pujol tenga este tipo de obsesión por el Ser, por la ‘cultura’, es decir, por la
‘raza’, que siempre es cultural[2]. Y se
podrá decir: ¿por qué este esencialismo culturalista? No por azar: simplemente,
porque es perfecto para poner la ‘cultura’ como eje estratégico en la
estructuración social, y sesgar la importancia de las relaciones sociales y políticas,
es decir, económicas. Es decir: de clase.
En 1979 el propio Pujol participó
en unas jornadas sobre inmigración, y también demostraba su profundo
esencialismo: “el problema que tenemos
fundamentalmente es el de saber si seremos
o no seremos”[3], y
aporta lo que era y es la idea de un solo pueblo desde el punto de vista del
nacionalismo burgués/primordialista: “una única conciencia de pueblo catalán”. ¿Sólo se puede una sola cosa? Parece ser que es lo que
piensa, y lo que piensan: “que sea un
pueblo, un solo pueblo, y un pueblo
catalán”[4]. Pujol repetía mucho los
conceptos. Cataluña debe ser un ‘solo pueblo’, pero un ‘pueblo catalán’. Es
decir, añado yo: definido en base a lo que el nacionalismo burgués considera
que es catalán ...
Breve paréntesis. Hagamos un
ejercicio de imaginación visual para poder captar la diferencia fundamental
entre la idea de pueblo catalán que tienen ellos (los nacionalistas
esencialistas) y la que tenemos los que nos adherimos a otro pueblo, y que tampoco
entramos en el juego del nacionalismo esencialista español.
Para la tradición esencialista,
el Ser del pueblo catalán es un tronco al que se pueden injertar
aportaciones foráneas, posteriores a su nacimiento. Todo Ser nace. Algunos mueren, otros dicen ser inmortales, como hemos
visto. Pero lo importante es que nace,
y que todo el Ser actual se remite a
aquella raíz, a aquel nacimiento.
De ahí la idea de incorporación en el tronco que es el pueblo
catalán. Hasta que los ‘foráneos’ no se injertan, no son pueblo catalán. Hoy en día, injertar quiere decir bajar la
cabeza ante el dogma processista.
Esta concepción implica que todo
lo que no se injerte, no es parte del tronco. Queda listo el terreno para
legitimar/naturalizar su exclusión, explotación o, como pedía Heribert Barrera,
deportación. Esta sigue siendo la visión dominante, ya no hegemónica, insisto.
A los escolares de 14 años se les entregó un manual pensado como vademecum o guía para comenzar a
injertarse con el Ser. Por lo tanto,
por pura lógica, siguiendo este punto de vista Cataluña no es un solo pueblo[5]. Si
nos hemos de injertar en el tronco de los nacionalistas burgueses, ni ganas
tenemos de ser un solo pueblo, sinceramente.
Una óptica tangencialmente
distinta es la que proponemos: Cataluña no es un tronco y un ser, sino
un espacio social complejo y plural que incluye multitud de escosistemas
sociales con muy diversas formas de decir, hacer y pensar. Y todas ellas son
parte del pueblo catalán, del pueblo trabajador de Cataluña. Nos une no un ser, ni una cultura-lengua-talante-raíces-costumbres-creencias-historia/mitología,
sino un espacio social compartido y una lucha común para lograr ser una
sociedad libre y emancipada.
Desde el momento en que un grupo
y/o persona de una ‘cultura’ determinada está en el espacio social catalán,
forma parte del mismo, y lo construye conjuntamente con el resto de grupos y
gentes que coexisten en él. Ni troncos, ni injertos: una amalgama horizontal,
hecha de interacciones sociales, y que constituye la base que genera, en un
continuo proceso de autocreación, un pueblo intercultural formado por las
clases trabajadoras de los territorios que llamamos Cataluña[6]. La
autodeterminación no debería ser en clave nacionalista-culturalista, como los
que aún tienen el poder en Cataluña quieren hacernos creer, sino en clave de
clase.
Digámoslo claro: aquello de que ‘es
catalán quien vive y trabaja ...’ en realidad quería y quiere decir: es catalán
quien se incorpora en el preexistente
‘pueblo catalán’, diseñado y construido por el nacionalismo burgués, se une al
tronco esencial:
“El tronco
de este país es catalán”.[7]
Por tanto, el ‘tronco’ (el eje)
es catalán, ¿lo que implica que los que nos hemos (me incluyo) de adherir no lo
somos? No para el Pujol y, por extensión, al nacionalismo esencialista:
“Porque sólo
hay en este país un tronco catalán y
si es que saben todo esto, aquello, lo de más allá, lo que sea, muy bien, se injerta, pero las cosas que se
injertan tienen que injertar con algo que ya existe, a un tronco que está sano, que ya está ahí, y este tronco en Cataluña o es catalán o no es”[8].
Cuando dice catalán sospecho que se refiere al contenido de los que definieron
el Ser catalán (y que condensaron en
aquel librito-regalo del 1990)
Fijémonos como aparece (al igual
que en 1990) el término ‘sano’. Nada casual, pues el nacionalismo burgués
catalán, como esencialista, es geneticista y organicista: como su primo
hermano, el nacionalismo español esencialista, consideran que la nación es
asimilable a nos corpóreo, un cuerpo, una entidad biológica que puede estar
enferma o sana, y ser o no auténtica; por eso habla de “la construcción de una realidad
catalana auténtica muy sólida”[9]. (Auténtica, es
decir: suya ...) Y continúa con la metáfora biológica/organicista: “si la realidad catalana está enferma, no podemos integrar nada.
Donde la realidad catalana ha estado
sana, la gente se ha incorporado”[10].
Emplea símiles biológicos y lo hace desde el supremacismo autoctonista ( ‘no
podemos integrar nada’, ‘la gente se ha incorporado’), es decir: desde el
interior del ser, mirando desde arriba (por supuesto ) como la gente se
incorpora o no en un tronco que tiene que estar ‘sano’. Difícilmente
encontraremos un esencialismo más descarado en la Europa contemporánea, y aún
gobierna en Cataluña ...
En este (muy) esclarecedor texto
del noviembre de 1979, Jordi Pujol deja bien claro el verdadero sentido de su
famoso mantra. De hecho, lo repite hasta tres veces en pocas líneas (págs
221-222). Un sentido que mucha gente ha olvidado, o ha hecho como si olvidara.
Y es este:
“Catalán es aquél que vive y trabaja en Cataluña y que quiere serlo”[11].
He aquí la verdadera fórmula del
pujolismo, del nacionalismo burgués (esencialista, en Cataluña, por definición)
y del actual processisme: el pueblo
catalán (‘el tronco’) puede incorporar ‘quien tenga voluntad de Ser parte de
una esencia preexistente. Mientras esto ocurre, no será parte del ‘pueblo’?
Para ellos, no. No ‘de su’ pueblo.
Y así seguimos, con unos que
hablan en nombre del pueblo catalán, y el resto permaneciendo de facto, fuera, se supone que hasta que
nos incorporamos en su Ser ....
Jordi Pujol, en aquel otoño de
1979, apuntó el para él “gran riesgo histórico que consiste en ver si podemos hacer de Cataluña un solo
pueblo”[12]. Por lo tanto, para ellos
está ‘el pueblo catalán’ y el resto. Como buenos esencialistas ven el proceso
de asimilación dentro del ‘tronco’ como un ‘riesgo’, pues no es ‘lo natural’,
i.e .: la supuesta comunidad homogénea que nunca existió ...
Quizás aquí radica una de varias
claves de la batalla cultural por la nueva hegemonía: ¿el ‘ser’?, ¿Qué
significa ‘ser’? Ser ... ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? y .. ¿Para qué? ... ¿Y acaso hay
que ‘ser’?
Tal vez sea mejor rehuir todo
intento de convertir las colectividades en un ser y empezar a hablar de formas de decir, hacer y pensar, de las
formas que toman las relaciones sociales, sin lugar a Ser que las configure y moldeado. Siempre desde arriba, claro. Como
Dios manda ...
Mi conclusión, la que considero
que no privativa de mi persona, sino, al contrario, cada día más extendida y
numerosa, es ésta: nuestro pueblo no es
el suyo. Ni hemos tenido ni tenemos que tener “una única conciencia de
pueblo catalán”, sino múltiples conciencias que se unan en la lucha por la
libertad de todo el mundo que forma parte del pueblo trabajador de Cataluña. El
‘pueblo’ es la sociedad, el ‘pueblo’ son la constelación de ecosistemas
sociales, la liberación de esta sociedad es, per se, la liberación del pueblo trabajador.
Su pueblo deriva del Ser
primordial que ellos (los de siempre) delimitan e imponen. Es un ente
abstracto, metafísico, misticoide, configurado por una ideología que tiene como
interés primordial el de perpetuar el dominio de las clases privilegiadas. Y
llevan 150 años así ...
Nuestro pueblo no es el suyo, es
otro: es el pueblo trabajador de
Cataluña. Un pueblo rotundamente intercultural, donde no hay ninguna voluntad de ser, porque no hay ningún ser ni tronco al que ‘integrarse’. La identificación es un vínculo vacío
que se llena con las interacciones, con las conexiones entre grupos y personas,
no un ente anterior a la acción social real, sino algo que emerge de esta
acción y que nunca está ‘acabado’ y, por
tanto, no es ninguna entidad ni esencia, ni remite a raíces, lenguas, hábitos, ‘fidelidades’,
‘mentalidades’, ‘formas de ser’, mitologías ‘históricas’, o ‘estructuras
identitarias’ autóctonas a las que ‘injertarse’.
Un pueblo a cuyos miembros no
necesitan ni ‘incorporarse’ ni ‘asimilarse’ a ningún Ser previo, pues forman parte constitutiva, pues lo han construido,
y lo construyen de forma incesante.
Un pueblo trabajador que nace,
continuamente, en la acción social real, en la interacción cotidiana. A ras de
suelo. Un pueblo trabajador que parte de la realidad experiencial de las clases
populares que conviven en los múltiples ecosistemas sociales de Cataluña, en
contextos, situaciones, espacios sociales concretos, marcados no por ‘culturas’
previas, sino por las condiciones materiales de existencia.
Un pueblo trabajador que tiene, y
tendrá, su fuerza, su cohesión, en base a la lucha social y política, en base a
la defensa de los bienes comunes.
Somos los hijos de Espartaco, los
hijos del Noi del Sucre, los hijos de todo aquél que haya luchado por la
libertad de las clases trabajadoras. No somos los hijos de Wifredo el Velloso,
de Jaime I, de Prat de la Riba, o de Cambó ...
Y algo más: para construir este no 'Volk' imaginario, sino 'populus' real, es decir, la clase obrera organizada, también hay que desvelar definitivamente, hacer
caer la máscara, quitar el velo, de la ideología nacionalista catalana, alibi culturalista y racista que emana de su consustancial esencialismo. ¿Por qué? Pues porque detrás de este velo se
esconde el núcleo de todo: la lucha de
clases. Ni más, ni menos ...
[1] El nacionalcatolicismo catalán y su manía por el Ser es, de nuevo, deudor directo del
culturalismo romántico alemán del s. XIX, el cual fue (y es) la argamasa fundacional y básica del
nacionalismo burgués catalán.
[2] Si se
hojea el libro La Raça (1930), de M.
Rossell i Vilar, se observarán muchos paralelismos con el nacionalismo
esencailista de la tradición donde se inscribe CDC y otras geografías mentales,
incluso supuestamente ‘de izquierdas’.
[3] Immigració i reconstrucció nacional (1980).- Jornadas organizadas por la Fundación Bofill en Barcelona (15-18 noviembre de 1979), Editorial Blume, Publicacions de la Fundació Jaume Bofill, Barcelona, págs. 217-21
[4] Ib., p. 221
[5] https://www.academia.edu/16407469/NO_SOMOS_UN_SOLO_PUEBLO
[6] https://www.academia.edu/16690868/PER_UNA_NOVA_HEGEMONIA.-_DE_LA_NACI%C3%93_IDENTIT%C3%80RIA_AL_POBLE_INTERCULTURAL
[7] Ib., p. 220
[8] Ib., p. 220
[9] Ib., p. 223
[10] Ib. P. 224
[11] Resulta significativo lo que dijo Heribert Barrera (ERC) en esas jornadas: “son catalanes los que, además de vivir aquí y trabajar aquí, quieren serlo” (Ib., pég. 211). Resulta interesante repasar el texto de Barrera, atravesado per un nacionalismo racistoide (p.ex. “a fín de cuentas, la inmigración no ha aportado ningún beneficio para Cataluña”, p.213; “tiene que haber integración lingüística para que pueda haber integración psicológica de verdad” (p.215)). Un racismo cultural bien presente hoy en día en algunos sectores del processisme.
[12] Ib., p. 221