divendres, 23 de gener del 2026

NUESTRO PUEBLO NO ES EL SUYO. APUNTES SOBRE EL NACIONALISMO ESENCIALISTA A PARTIR DE UNA PUBLICACIÓN DE LA GENERALITAT DE CONVERGÈNCIA...

 

NUESTRO PUEBLO NO ES EL SUYO.

APUNTES SOBRE EL NACIONALISMO ESENCIALISTA

A PARTIR DE UNA PUBLICACIÓN DE LA GENERALITAT DE CONVERGÈNCIA...

(versión editada de un artículo escrito en 2015)

Joan Manuel Cabezas

joanmanuel.cabezas@gmail.com


INTRODUCCIÓN

 

Como ya sabrán los que hayan leído los escritos que he ido creando, mi formación académica está circunscrita, en cuanto al ámbito de especialización, a las identificaciones colectivas, la etnicidad, incluyendo la su variante moderna (el nacionalismo) y las múltiples escalas donde se despliegan sus múltiples vertientes: los ecosistemas sociales.

Es en base a esto que trato de aportar mi grano de arena en la construcción (necesaria y urgente) de una nueva hegemonía social y cultural que vaya más allá de la hegemonía del nacionalismo esencialista.

Mi óptica deriva del conjunto de elaboración académica de la que acabo de hablar, que continúo reconstruyendo en contacto con el trabajo de campo (etnografía), sin el cual es imposible catalizar y metabolizar la realidad cualitativa, real, de las poblaciones, y transformarlas en apuestas políticas de emancipación.

Allá por el año 2014 comprobé como la nueva perspectiva teórica que defendí durante la construcción de mi tesis doctoral es perfectamente aplicable en este trabajo de construcción, entre otros objetivos, de una nueva identificación colectiva.

En mi opinión, la aplicación del este aparato conceptual alternativo tal vez puede complementar cuestiones relacionadas con qué, cómo, para qué, quién, y de qué forma dejar de lado la idea de ‘pueblo catalán’ (Volk) nacida del nacionalismo burgués, y que vivió una macrocefalia aberrante a partir del “processisme”[1]. Sí, lo de los monstruos del interregno de los que hablaba Antonio Gramsci. Un problema añadido, y fundamental, es que estas aberraciones están en la base de unos gobiernos que generan el sufrimiento de cientos de miles de personas y la continuación de la masacre contra las clases trabajadoras.

He creído conveniente hacer mención de esto para enmarcar y de explicar el por qué, la razón, de este escrito. El ‘processisme’, modulación del pujolismo en pleno interregno entre hegemonías, es una derivación directa del pensamiento pujoliano, él mismo una síntesis del nacionalismo burgués ya a su vez sintetizado por Prat de la Riba. Una ideología nacionalista esencialista, pues esencialista fue la base del nacionalismo burgués catalán, y así continúa hasta el día de hoy, con lamentables incursiones en dicho nacionalismo por parte de geografías del pensamiento pretendidamente de izquierdas ...

Puede que haya quien todavía se puede dejar engañar por el inicio famoso mantra (es catalán quien vive y trabaja, bla, bla ...), siempre citado a medias, por cierto, mantra que quizá ha hecho creer de verdad a alguien en que el nacionalismo esencialista digamos que pujoliano era ‘integrador’ y ‘abierto’. Aquello fue otro farol más. Son especialistas. Dejémoslo aquí ...

Vamos de cara a barraca. Repasando materiales diversos, he topado con un libro que tenía medio olvidado, y allí he encontrado un pequeño escrito pujoliano que reconozco que en su momento no había leído. Supongo que porque el libro en cuestión no es mío, sino de mi hermana Maite, que lo recibió como regalo al terminar 8º de EGB ...

Antes de meterme en materia, aclarar que si cargo contra algo es contra la idea de ‘pueblo -Volk- catalán’ que ha conseguido convertir el racismo cultural en sentido común, contra el nacionalismo esencialista (el único que hoy en día hay en Cataluña) como ideología que, por sí misma, además de que genera exclusión y explotación, la perpetúa, pues es la máquina ideacional que necesita el sistema depredador capitalista para legitimarse/sacralizarse/naturalizarse. Queda dicho.



[1] Nombre con el que designo una especie de tercerposicionismo interclasista ultracapitalista hegemonizado por Convergència, que rezuma olor a pujolismo rancio por doquier, y que con el farol de una supuesta soberanía trata de asegurar la continuidad del dominio de las clases privilegiadas, convirtiendo dicho ‘deseo’ en una eterna espera (los lacanianos tienen tema para analizar)


EJEMPLOS DE NACIONALISMO GENETICISTA Y ESENCIALISTA EN EL LIBRO REGALADO A LOS ESCOLARES CATALANES EN JUNIO DE 1990...

 

El texto del Pujol-Presidente lo encontramos en las páginas 5-6 de La naixença de Catalunya, 878-1978, libro editado por la Fundación Jaume I, en Barcelona, en marzo de 1990. De hecho, como reza el texto del editorial, se trata de una 2ª edición revisada (el original era de 1978).

Hay que remarcar que de esta edición corregida se hicieron 108.000 ejemplares, todos ellos distribuidos gratuitamente a los chicos y chicas que acababan la EGB en Cataluña, a través de los Centros de Recursos Pedagógicos y del propio Departamento de Enseñanza de la Generalitat de Cataluña:

No pretendo hacer una exégesis rigurosa del libro. Sólo hablaré de algunos aspectos que parecerían delirantes y arcaicos si no fuera porque una parte no anecdótica del actual nacionalismo esencialista comulga con ellos a inicios de 2026.

 

No es casual que el entonces Consejero de Enseñanza, Josep Laporte, deje bien claro en las líneas de presentación del libro que este nace para aleccionar[sic] jóvenes de catorce años que, dice, son forjadores del porvenir, y que deben de considerarse como “componentes de la comunidad catalana”.

Asimilacionismo jacobino francés y comunitarismo esencialista de raíz germánica, todo en uno: por un lado, no deja opción a los jóvenes obsequiados con el libro: son/tienen que ser parte de la ‘comunidad’ catalana. Por otra parte, emplea un concepto nada inocente, el de ‘comunidad’ (la Gemeinschaft del nacionalismo esencialista germano), también usado muy a menudo por el actual presidente accidental de la Generalitat, Puigdemont.

 

Y concluye el consejero sobre el contenido del libro remarcando que quiere que sea “un fiel compañero de viaje al que se pueda recurrir para alimentar el necesario aprecio del ciudadano para con su país”. ¿Qué país? Pues el que dibuja y contornea el libro.

 

Se trata del país construido desde arriba por los nacionalistas burgueses y recreado continuamente por las clases dominantes, escondidas bajo el velo de ‘el pueblo catalán’ para ocultar las verdaderas relaciones sociales y políticas ... Ideología, se llama.

 

También resulta significativo que el libro regalado a los adolescentes de Cataluña tenga sólo dos partes: la historia (más bien podríamos decir que mitología historicista) y los símbolos. Basta. Una especie de manual del tipo colección Le français sans peine o El español sin esfuerzo, pero dedicado a la Esencia o Ser catalán en formato breve y fácil (en teoría!) de digerir.

 

Dentro de la primera parte también se incluye el medio físico y ... el carácter nacional o personalidad catalana ... Y no hace falta decir que los símbolos serían la concreción figurativa de esta supuesta ‘personalidad ... Por eso son (y se continúa insistiendo hoy en día) ‘símbolos propios’, como la ‘lengua propia’ y otras propiedades de los ‘autóctonos’ ... Pero vamos a hacer un rápido vistazo a los textos regalados a la juventud catalana

 

Miquel Coll i Alentorn perpetró estos textos, que van de la página 8 a la 32. El abogado Josep M. Ainaud de Lasarte, cometió el resto. Por cierto: el primer autor era ingeniero industrial. Nada anormal en un país, Cataluña, que ha tenido y tiene dos ingenieros agrónomos como Directores de Inmigración de la Generalitat desde hace tres legislaturas ...

 

El inicio de la primera parte del libro es sencillamente aterrador. Supera cualquier planteamiento decimonónico. Y por goleada. Por miedo a que alguien piense que me lo invento, he escaneado algunos de los textos, aunque imagino que la profusión con la que obsequiaron a los escolares con este libro hará que sea fácilmente localizable en todo el Principado.

 

Primero, el señor Coll habla de la formación de la ‘personalidad’, formación a la que dice que concurren elementos genéticos y geográficos. Y los mezcla. Tal cual.

 

Antes de continuar, recordaremos que también empleaba un similar determinismo geográfico, tosco y casi caricaturesco, el ex Honorable Pujol. No en libros rubricados por él de forma individual, sino firmando como Presidente.

 

Por ejemplo, nos lo demostró de manera nítida en el texto de una introducción que cometió para un libro publicado nueve años después del que ocupa el interés de este artículo (la negrita es nuestra):

 

La manera de ser de cada pueblo presenta unos matices que derivan de su geografía. No hay duda de que el territorio del país ha contribuido poderosamente a hacernos tal como somos, a cincelar el carácter de nuestro pueblo. (...) Disfrutar de unos bienes materiales no debe estar reñido con disfrutar de otros bienes, del orden del espíritu, cuando ambos brotan de una misma tierra

 

Jordi Pujol, en: Borrás, B .; Parés, E. (dirs.) (1999) Libro de oro de los parques naturales de Cataluña, Generalitat de Cataluña, pág. 4.


Pero centrémonos en el texto que ahora nos ocupa. Como decíamos, Coll y Alentorn considera que la supuesta ‘personalidad’ catalana está amoldada en base a la biología (los genes) y la geografía. Y, en referencia a los elementos ‘genéticos’ que estarían en la base de la formación de la ‘personalidad’ colectiva ‘catalana, no se pierdan lo que viene ahora ...

Digamos que como chiste aberrante es bueno. Como texto oficial, institucional, regalado a 108.000 escolares de 14 años, causa pavor. Pero seguro que más de uno se lo ha tomado en serio: sin ir más lejos, los que siguen afirmando la diferencia antagónica, absoluta y eterna entre el ‘carácter catalán’ y el ‘carácter castellano o español’.

En base a la explicación de la influencia del suelo, el argumento sería inapelable, empleando una combinación aberrante entre determinismo biológico y geográfico que encontrarían ridícula incluso Gobineau y los padres de la raciología hace siglo y medio ... Insuperable .

 

En esta misma página, Coll y Alentorn también afirma lo siguiente:

 

 ”Nuestra fórmula étnica no es muy diferente de la del resto de la Europa occidental”

 

Cuando el señor Coll dice ‘fórmula étnica’ no habla, como hacemos algunos científicos sociales, del marco de identificación social (ethnos significa ‘grupo social’), sino que emplea ‘etnia’, de manera errónea, como eufemismo de ‘raza’, de estirpe genética, de linaje de origen ‘biológico’.

 

Y dice “nuestra fórmula étnica”: la de los que son parte del Ser catalán ¿no la de los que llegaron después de que la fórmula apareciera? Por lo que deduzco, parece ser que no ...

Todo ello no es algo nuevo, ni mucho menos: es el viejo supremacismo esencialista, racista, que trata de acercarse a Europa ‘blanca’, ‘germánica’, y dejar de lado posible vínculos con, por ejemplo, los pueblos considerados como ‘demasiado meridionales’, con el pasado musulmán de Cataluña, y / o con las vinculaciones, incluso, con los pueblos latinos.

Tal cual. No lo digo yo, lo dice Artur Mas (las negritas son mías):

 

“El ADN cultural catalán está mezclado con nuestra larga pertenencia al mundo franco-germánico. En definitiva, Cataluña, doce siglos atrás, pertenecía a la marca hispánica y la capital era Aquisgrán, el corazón del imperio de Carlomagno. Algo debe quedar en nuestro ADN, porque los catalanes tenemos un cordón umbilical que nos hace más germánicos y menos romanos

 

http://www.lavanguardia.com/magazine/20120224/54258645650/artur-mas-generalitat-psoe-pp-cataluna.html

 

Continuando con el libro, observamos que en la página 10 el señor Coll y Alentorn habla del temperamento catalán. Dejando otra vez casi como líderes del nacionalismo cívico a los inventores de la idea de Volkgeist ...

 

 

“Este tipo de territorio crea un temperamento extrovertido, de marcado individualismo”

 

 

El señor Coll, como el resto de nacionalistas burgueses hasta la actualidad, asocian el supuesto ‘temperamento’ catalán a los valores que supuestamente son propios de su clase social.

Nihil novum sub sole. Pero más de 100.000 personas, y sus familias, pudieron tener acceso a este texto. Que, más allá de su contenido, y por si esto fuera poco, era un libro oficial, encargado y hecho con su dinero (por lo tanto, no era un ‘regalo’).

(Por cierto: ¿todavía hay alguien que crea que lo que está haciendo el processisme con el dinero de todos es una novedad?)

 

La contraposición con este pretendido ‘temperamento’ catalán sería, como también algunos (o muchos) afirman ahora ... el ‘temperamento castellano’: “el criterio uniformista castellano”, decía Coll i Alentorn ...

 

El resto de las páginas escritas por Coll son una serie de lugares comunes de la historiografía misticoide, donde por ejemplo parecería como si en Baleares y Valencia no viviera nadie cuando llegó el genocida de Jaime I y sus aliados.

 

 

Nos quedamos con la frase con la que el autor concluye su aportación al libro, con letras destacadas en negrita en el texto original (los subrayados son nuestros):

 

 

“Acabamos con ello esta serie de datos e informaciones en relación con la plasmación de nuestra personalidad collectiva. Quizás lo que precede es suficiente para que los catalanes sepan en qué cantera han sido tallados”.

Es difícil encontrar un ejemplo más diáfano de nacionalismo esencialista que éste. Y por mucho que se diga lo contrario, es obvio que una parte no minoritaria de cierto processisme sigue pensando lo mismo: el Ser catalán fue tallado, ya está hecho, ya está cincelado y construido ...

Quien se quiera incorporar en esta esencia, en la sustancia de la ‘personalidad catalana’, debe hacerlo asimilándose a la misma, aunque siempre tendrá la ‘tara’ originaria de no haber sido cincelado en la misma cantera que los catalanes ‘autóctonos’ y / o que los catalanes que cuentan con todos los rasgos identitarios ‘propios’.

De forma subliminal, se coloca a la gran mayoría de la población ante una perspectiva radical: o aceptar los valores que le propone la clase dominante o ser excluida de la catalanidad. Esta era y es la receta del nacionalismo esencialista en Cataluña. Por ello, y muchas más razones, hay que construir otras vías ...

Como ya hemos dicho, la segunda parte de este manual escolar está consumada por el señor Josep M. Ainaud de Lasarte. Licenciado en Derecho, fue asesor personal de la Colina en el ámbito cultural, y desde sus inicios (1974) estuvo vinculado a CDC. Cuando cometió este texto era concejal del ayuntamiento barcelonés. En 1978 publicó un libro, Símbolos de Cataluña, del que su aportación a este manual pujolista parece ser una especie de refrito.

Ainaud se encarga de repasar y ‘explicar’ lo que él (y el resto de los nacionalistas esencialistas) dicen, nos dicen, nos ordenan, que son los símbolos propios de Cataluña.

De hecho, el autor material del texto dice que son símbolos con los que está identificada ‘la realidad inmortal de Cataluña’ (pág. 33). Poca broma:


Los símbolos escogidos en el libro por el gobierno nacionalista de Pujol, a través de Ainaud, son una mezcla de elementos figurativos y de fechas históricas: las cuatro barras, Sant Jordi [sic], el himno de los Segadors, el Corpus de Sangre , el Once de septiembre ...

Son ‘símbolos’ siempre atravesados y llenados por interpretaciones ideológicas, es decir, hechas a conveniencia de los intereses de la clase dominante que los elige y dota de significado. El revoltijo nacionalcatólico de símbolos incluye el Pi de les Tres Branques[1], la sardana y ... la barretina. Y todavía hay quien dice que el pujolismo no era y es folclórico ... Y sí, digo nacionalcatólico: aparte de que el texto llama la abadía benedictina de Montserrat como “el verdadero santuario nacional de Cataluña”, le dedica 6 páginas enteras ...



[1] Árbol situado en el Prepirineo barcelonés, y que desde hace alrededor de un siglo simboliza, con sus tres grandes ramas, a los tres ‘Países Catalanes’ (Cataluña, País Valenciano, Baleares)


EL TEXTO, INSTITUCIONAL, HECHO POR EL PUJOL-PRESIDENTE



Como vemos, Pujol firmó como M.H.S. (Molt Honorable Senyor) Presidente de la Generalitat de Cataluña. Y es significativo que todo el rato hable en nombre del (de su) pueblo catalán: ‘nosotros’, ‘nuestro’, ‘nos’, ‘sabemos’, ‘queremos’, ‘somos’, ‘creemos’, ‘aspiramos’ , ‘luchamos’, ‘seremos’, ‘hemos’, ‘podemos’ ...

Hoy, los de CDC y satélites, el processisme, hacen exactamente lo mismo, no lo olvidemos. Pujol, y ahora el processisme, se convierten en una especie de actualización de la figura del señor solariego para el que toda Cataluña es su latifundio. Por eso mismo hablaban, y hablan en nombre del pueblo catalán y de Cataluña. Algo antagónico con cualquier republicanismo ...

El texto introductorio al libro del que estamos haciendo alusión vuelve a confirmar lo que considero que es notorio y conocido: Pujol tomó directamente el testimonio del nacionalismo romántico germánico de sus antepasados: el nacionalismo novecentista y el nacionalcatolicismo catalán.

Aunque es ciertamente pequeño y sintético (como su persona), este texto pujoliano es otro ejemplo contundente de nacionalismo esencialista/primordialista/substantivista. El esencialismo nacionalista se basa en muchos rasgos, presentes con mayor o menor peso estratégico: geneticismo, biologicismo, culturalismo, historicismo mitológico, supremacismo, racismo cultural, fundamentalismo, misticismo, moral cristianoide, organicismo, comunitarismo romántico, fetichismo lingüístico, uniformización sociocultural, etc ...

Pero este esencialismo también se fundamenta en lo particular subrayado que hace en la existencia de un ser, de un ser anterior a la misma sociedad, situado por encima de ella, una esencia, en definitiva, que en última instancia deriva Dios, o de la Naturaleza (o de la historia, los genes, la sangre o cualesquiera otras formas de poner un elemento esencial que justifique-sacralice-naturalice hechos que son siempre sociales, construidos y complejos). Este acento que se pone en el Ser también se pone en el Carácter que toma este Ser. Un carácter nacional, forma de ser, derivada del alma del pueblo (Volkgeist), que no se tiene que ‘perder’ nunca y que se tiene que remitir a ‘raíces’ y ‘fidelidades’ primordiales.

Siempre encontramos la remisión a esencias, lo que implica la existencia de recursos simbólicos disponibles para llevar a cabo exclusiones y para delimitar el ámbito de la ‘catalanidad’ (de el “Ser –catalán-”), poniendo fuera de la misma o aquellos que llegaron cuando este Ser ya había cuajado, y/o los que no responden a esta manera de Ser y no se pueden considerar como catalanes en su Ser.

Ya lo dijo Jordi Solé Tura en 1967: creando esta ideología nacionalista esencialista, la burguesía catalana se arrogaba (y lo sigue haciendo) el derecho de delimitar quién es parte del ser de la catalanidad, y está imbuido por su Volkgeist, y quién no. Esta clase social fue la que lo trazó y caracterizar, y lo sigue haciendo en base a sus intereses políticos (es decir, económicos).

Veamos ahora algunas ‘perlas’ del texto que, como Muy Honorable Señor Presidente (detalle fundamental) escribió Jordi Pujol (las negritas que siguen son mías):

 

Para empezar, fijémonos en que en sólo dos páginas el señor Pujol menciona hasta cuatro veces, cuatro, el concepto voluntad de ser[1] ...

 

“Los pueblos no mueren si no pierden la voluntad de ser, y no suelen perderla si no pierden la convicción de la validez de sus valores y de sus fidelidades”

 

(¿Cuáles son estos valores y fidelidades? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ... ¿Para qué? ...)

 

“Queremos seguir viviendo porque somos un pueblo sano” (es decir: ¿hay pueblos enfermos?)

 

“No hemos sido ni somos un pueblo vulgar, y no lo seremos” (es decir: ¿hay pueblos vulgares?)

 

“Creemos que no es indiferente que Cataluña sea o no sea. No lo es, primero, por el hombre catalán. El hombre catalán necesita del hecho colectivo catalán -de hecho colectivo catalán operativo y eficaz-, capaz de dar a sus hombres una manera de ser”

 

(‘Hombre catalán’: ideosincrasia, carácter nacional, volkgeist ...)

 

Batería triple de voluntarismo esencialista: “Se necesitan aportaciones de fe, y de voluntad de ser”, “Somos conscientes de nuestra voluntad de ser”, “En Cataluña se libra desde hace siglos un combate que es el combate de la voluntad de ser”

 

Y un toque de nacionalcatolicismo: “Hay un futuro que está en manos de Dios

 

En base a este nacionalcatolicismo, Pujol habla del peligro de la ‘anemia espiritual’, y de que “un mundo sin fe, que hubiera olvidado sus raíces, sus fidelidades, por qué un día no debería suicidarse?” ( ‘patria o muerte’, versión solariega ....)

 

 

Y, por último, he aquí su conclusión:    

 

“Nadie tiene que dejar de ser lo que es”

 

 

Una frase que resume su texto y que aglutina la base del esencialismo nacionalismo. En cualquiera de los casos, una pregunta axial sería ésta: cuando Pujol afirma que ‘nadie debe dejar de ser lo que es’ .... Este ‘es’... ¿qué es? ¿Lo que ‘ellos’, los nacionalistas burgueses, quieran? Seguro. Sin duda.

Así ha pasado, y así sigue pasando con el actual ‘processisme’, reedición del pujolismo (nacionalismo esencialista) de siempre, readaptado a los tiempos y relleno de falso ‘soberanismo’. Entre el nacionalismo burgués de Torras i Bages, Prat de la Riba, Pujol, y la galaxia CDC + satélites (más conocida, insisto, como processisme), no hay ningún tipo de hiato, sino una nítida continuidad, pues son varias expresiones, varias formas, del mismo corpus ideológico. Del mismo ‘tronco’, como diría el propio Pujol. Ahora hablaremos.


DEL TRONCO CULTURAL A LA RED DE ECOSISTEMAS SOCIALES


Centrémonos en la vertiente que nos ocupa: las características digamos que ontológicas del ‘pueblo catalán’ (que el manual del que hablamos quería condensar para los escolares), y qué y quién incluía este Ser. Un ser que condensa: ‘cultura’, ‘lengua’, ‘historia’, ‘costumbres’, ‘creencias’, y todo el universo de tradiciones inventadas que caracteriza a los nacionalismos. Todos.

No debería extrañarnos que un nacionalista esencialista como Jordi Pujol tenga este tipo de obsesión por el Ser, por la ‘cultura’, es decir, por la ‘raza’, que siempre es cultural[2]. Y se podrá decir: ¿por qué este esencialismo culturalista? No por azar: simplemente, porque es perfecto para poner la ‘cultura’ como eje estratégico en la estructuración social, y sesgar la importancia de las relaciones sociales y políticas, es decir, económicas. Es decir: de clase.

En 1979 el propio Pujol participó en unas jornadas sobre inmigración, y también demostraba su profundo esencialismo: “el problema que tenemos fundamentalmente es el de saber si seremos o no seremos[3], y aporta lo que era y es la idea de un solo pueblo desde el punto de vista del nacionalismo burgués/primordialista: “una única conciencia de pueblo catalán”. ¿Sólo se puede una sola cosa? Parece ser que es lo que piensa, y lo que piensan: “que sea un pueblo, un solo pueblo, y un pueblo catalán[4]. Pujol repetía mucho los conceptos. Cataluña debe ser un ‘solo pueblo’, pero un ‘pueblo catalán’. Es decir, añado yo: definido en base a lo que el nacionalismo burgués considera que es catalán ...

Breve paréntesis. Hagamos un ejercicio de imaginación visual para poder captar la diferencia fundamental entre la idea de pueblo catalán que tienen ellos (los nacionalistas esencialistas) y la que tenemos los que nos adherimos a otro pueblo, y que tampoco entramos en el juego del nacionalismo esencialista español.

Para la tradición esencialista, el Ser del pueblo catalán es un tronco al que se pueden injertar aportaciones foráneas, posteriores a su nacimiento. Todo Ser nace. Algunos mueren, otros dicen ser inmortales, como hemos visto. Pero lo importante es que nace, y que todo el Ser actual se remite a aquella raíz, a aquel nacimiento.

De ahí la idea de incorporación en el tronco que es el pueblo catalán. Hasta que los ‘foráneos’ no se injertan, no son pueblo catalán. Hoy en día, injertar quiere decir bajar la cabeza ante el dogma processista.

Esta concepción implica que todo lo que no se injerte, no es parte del tronco. Queda listo el terreno para legitimar/naturalizar su exclusión, explotación o, como pedía Heribert Barrera, deportación. Esta sigue siendo la visión dominante, ya no hegemónica, insisto. A los escolares de 14 años se les entregó un manual pensado como vademecum o guía para comenzar a injertarse con el Ser. Por lo tanto, por pura lógica, siguiendo este punto de vista Cataluña no es un solo pueblo[5]. Si nos hemos de injertar en el tronco de los nacionalistas burgueses, ni ganas tenemos de ser un solo pueblo, sinceramente.

Una óptica tangencialmente distinta es la que proponemos: Cataluña no es un tronco y un ser, sino un espacio social complejo y plural que incluye multitud de escosistemas sociales con muy diversas formas de decir, hacer y pensar. Y todas ellas son parte del pueblo catalán, del pueblo trabajador de Cataluña. Nos une no un ser, ni una cultura-lengua-talante-raíces-costumbres-creencias-historia/mitología, sino un espacio social compartido y una lucha común para lograr ser una sociedad libre y emancipada.

 

Desde el momento en que un grupo y/o persona de una ‘cultura’ determinada está en el espacio social catalán, forma parte del mismo, y lo construye conjuntamente con el resto de grupos y gentes que coexisten en él. Ni troncos, ni injertos: una amalgama horizontal, hecha de interacciones sociales, y que constituye la base que genera, en un continuo proceso de autocreación, un pueblo intercultural formado por las clases trabajadoras de los territorios que llamamos Cataluña[6]. La autodeterminación no debería ser en clave nacionalista-culturalista, como los que aún tienen el poder en Cataluña quieren hacernos creer, sino en clave de clase.

Digámoslo claro: aquello de que ‘es catalán quien vive y trabaja ...’ en realidad quería y quiere decir: es catalán quien se incorpora en el preexistente ‘pueblo catalán’, diseñado y construido por el nacionalismo burgués, se une al tronco esencial:

 

     “El tronco de este país es catalán”.[7]

 

Por tanto, el ‘tronco’ (el eje) es catalán, ¿lo que implica que los que nos hemos (me incluyo) de adherir no lo somos? No para el Pujol y, por extensión, al nacionalismo esencialista:

 

   “Porque sólo hay en este país un tronco catalán y si es que saben todo esto, aquello, lo de más allá, lo que sea, muy bien, se injerta, pero las cosas que se injertan tienen que injertar con algo que ya existe, a un tronco que está sano, que ya está ahí, y este tronco en Cataluña o es catalán o no es”[8].

 

Cuando dice catalán sospecho que se refiere al contenido de los que definieron el Ser catalán (y que condensaron en aquel librito-regalo del 1990)

Fijémonos como aparece (al igual que en 1990) el término ‘sano’. Nada casual, pues el nacionalismo burgués catalán, como esencialista, es geneticista y organicista: como su primo hermano, el nacionalismo español esencialista, consideran que la nación es asimilable a nos corpóreo, un cuerpo, una entidad biológica que puede estar enferma o sana, y ser o no auténtica; por eso habla de “la construcción de una realidad catalana auténtica muy sólida”[9]. (Auténtica, es decir: suya ...) Y continúa con la metáfora biológica/organicista: “si la realidad catalana está enferma, no podemos integrar nada. Donde la realidad catalana ha estado sana, la gente se ha incorporado[10]. Emplea símiles biológicos y lo hace desde el supremacismo autoctonista ( ‘no podemos integrar nada’, ‘la gente se ha incorporado’), es decir: desde el interior del ser, mirando desde arriba (por supuesto ) como la gente se incorpora o no en un tronco que tiene que estar ‘sano’. Difícilmente encontraremos un esencialismo más descarado en la Europa contemporánea, y aún gobierna en Cataluña ...

En este (muy) esclarecedor texto del noviembre de 1979, Jordi Pujol deja bien claro el verdadero sentido de su famoso mantra. De hecho, lo repite hasta tres veces en pocas líneas (págs 221-222). Un sentido que mucha gente ha olvidado, o ha hecho como si olvidara. Y es este:

 

 

 

 

Catalán es aquél que vive y trabaja en Cataluña y que quiere serlo[11].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He aquí la verdadera fórmula del pujolismo, del nacionalismo burgués (esencialista, en Cataluña, por definición) y del actual processisme: el pueblo catalán (‘el tronco’) puede incorporar ‘quien tenga voluntad de Ser parte de una esencia preexistente. Mientras esto ocurre, no será parte del ‘pueblo’? Para ellos, no. No ‘de su’ pueblo.

Y así seguimos, con unos que hablan en nombre del pueblo catalán, y el resto permaneciendo de facto, fuera, se supone que hasta que nos incorporamos en su Ser ....

Jordi Pujol, en aquel otoño de 1979, apuntó el para él gran riesgo histórico que consiste en ver si podemos hacer de Cataluña un solo pueblo[12]. Por lo tanto, para ellos está ‘el pueblo catalán’ y el resto. Como buenos esencialistas ven el proceso de asimilación dentro del ‘tronco’ como un ‘riesgo’, pues no es ‘lo natural’, i.e .: la supuesta comunidad homogénea que nunca existió ...

 

Quizás aquí radica una de varias claves de la batalla cultural por la nueva hegemonía: ¿el ‘ser’?, ¿Qué significa ‘ser’? Ser ... ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? y .. ¿Para qué? ... ¿Y acaso hay que ‘ser’?

Tal vez sea mejor rehuir todo intento de convertir las colectividades en un ser y empezar a hablar de formas de decir, hacer y pensar, de las formas que toman las relaciones sociales, sin lugar a Ser que las configure y moldeado. Siempre desde arriba, claro. Como Dios manda ...

Mi conclusión, la que considero que no privativa de mi persona, sino, al contrario, cada día más extendida y numerosa, es ésta: nuestro pueblo no es el suyo. Ni hemos tenido ni tenemos que tener una única conciencia de pueblo catalán”, sino múltiples conciencias que se unan en la lucha por la libertad de todo el mundo que forma parte del pueblo trabajador de Cataluña. El ‘pueblo’ es la sociedad, el ‘pueblo’ son la constelación de ecosistemas sociales, la liberación de esta sociedad es, per se, la liberación del pueblo trabajador.

Su pueblo deriva del Ser primordial que ellos (los de siempre) delimitan e imponen. Es un ente abstracto, metafísico, misticoide, configurado por una ideología que tiene como interés primordial el de perpetuar el dominio de las clases privilegiadas. Y llevan 150 años así ...

Nuestro pueblo no es el suyo, es otro: es el pueblo trabajador de Cataluña. Un pueblo rotundamente intercultural, donde no hay ninguna voluntad de ser, porque no hay ningún ser ni tronco al que ‘integrarse’. La identificación es un vínculo vacío que se llena con las interacciones, con las conexiones entre grupos y personas, no un ente anterior a la acción social real, sino algo que emerge de esta acción y que nunca está ‘acabado’  y, por tanto, no es ninguna entidad ni esencia, ni remite a raíces, lenguas, hábitos, ‘fidelidades’, ‘mentalidades’, ‘formas de ser’, mitologías ‘históricas’, o ‘estructuras identitarias’ autóctonas a las que ‘injertarse’.

Un pueblo a cuyos miembros no necesitan ni ‘incorporarse’ ni ‘asimilarse’ a ningún Ser previo, pues forman parte constitutiva, pues lo han construido, y lo construyen de forma incesante.

Un pueblo trabajador que nace, continuamente, en la acción social real, en la interacción cotidiana. A ras de suelo. Un pueblo trabajador que parte de la realidad experiencial de las clases populares que conviven en los múltiples ecosistemas sociales de Cataluña, en contextos, situaciones, espacios sociales concretos, marcados no por ‘culturas’ previas, sino por las condiciones materiales de existencia.

Un pueblo trabajador que tiene, y tendrá, su fuerza, su cohesión, en base a la lucha social y política, en base a la defensa de los bienes comunes.

Somos los hijos de Espartaco, los hijos del Noi del Sucre, los hijos de todo aquél que haya luchado por la libertad de las clases trabajadoras. No somos los hijos de Wifredo el Velloso, de Jaime I, de Prat de la Riba, o de Cambó ...

Y algo más: para construir este no 'Volk' imaginario, sino 'populus' real, es decir, la clase obrera organizada, también hay que desvelar definitivamente, hacer caer la máscara, quitar el velo, de la ideología nacionalista catalana, alibi culturalista y racista que emana de su consustancial esencialismo. ¿Por qué? Pues porque detrás de este velo se esconde el núcleo de todo: la lucha de clases. Ni más, ni menos ...

 



[1] El nacionalcatolicismo catalán y su manía por el Ser es, de nuevo, deudor directo del culturalismo romántico alemán del s. XIX, el cual fue  (y es) la argamasa fundacional y básica del nacionalismo burgués catalán.

[2] Si se hojea el libro La Raça (1930), de M. Rossell i Vilar, se observarán muchos paralelismos con el nacionalismo esencailista de la tradición donde se inscribe CDC y otras geografías mentales, incluso supuestamente ‘de izquierdas’.

[3] Immigració i reconstrucció nacional (1980).- Jornadas organizadas por la Fundación Bofill en Barcelona (15-18 noviembre de 1979), Editorial Blume, Publicacions de la Fundació Jaume Bofill, Barcelona, págs. 217-21

[4] Ib., p. 221

[5] https://www.academia.edu/16407469/NO_SOMOS_UN_SOLO_PUEBLO

[6] https://www.academia.edu/16690868/PER_UNA_NOVA_HEGEMONIA.-_DE_LA_NACI%C3%93_IDENTIT%C3%80RIA_AL_POBLE_INTERCULTURAL

[7] Ib., p. 220

[8] Ib., p. 220

[9] Ib., p. 223

[10] Ib. P. 224

[11] Resulta significativo lo que dijo Heribert Barrera (ERC) en esas jornadas: “son catalanes los que, además de vivir aquí y trabajar aquí, quieren serlo (Ib., pég. 211). Resulta interesante repasar el texto de Barrera, atravesado per un nacionalismo racistoide (p.ex. “a fín de cuentas, la inmigración no ha aportado ningún beneficio para Cataluña”, p.213; “tiene que haber  integración lingüística para que pueda haber integración psicológica de verdad” (p.215)). Un racismo cultural bien presente hoy en día en algunos sectores del processisme.

[12] Ib., p. 221





divendres, 9 de gener del 2026

BERNAT MUNIESA, LA BURGUESÍA CATALANA ANTE LA II REPÚBLICA.- LA BURGESIA CATALANA I EL SEU ÚS INSTRUMENTAL DEL ‘POBLE’ (HOMENATGE AL DOCTOR EN HISTÒRIA, PROFESSOR I AMIC, BERNAT MUNIESA)

LA BURGESIA CATALANA I EL SEU ÚS INSTRUMENTAL DEL ‘POBLE’. 

BERNAT MUNIESA: LA BURGUESÍA CATALANA ANTE LA II REPÚBLICA

 

Joan Manuel Cabezas 

Doctor en Antropologia Social joanmanuel.cabezas@gmail.com




Cuideu en Franco1 (Cambó, a uns amics que el visitaren a Buenos Aires a inicis dels anys quaranta)

 

El doctor Bernat Muniesa tampoc ha estat un historiador ‘afecte’ al règim nacional- pujolista, ni al seu homòleg espanyol (el règim neofranquista del bipartidisme socioliberal-conservador). En el cas català, el mateix règim que ara ha mutat en processisme en l’interregne actual, el mateix que nolens volens beu de les fonts del nacionalisme burgès reaccionari, organicista i profundament essencialista.

El mateix que, per molt que es vulgui amagar, connecta directament amb la burgesia ‘restaurada’ pel franquisme, la mateixa burgesia que es dedicà a la denúncia i a adaptar- se ràpidament a les noves condicions d’acumulació i enriquiment, creades pel “Nuevo Estado” espanyol, participant en les draconianes condicions d’explotació de les classes treballadores (és a dir, del poble) i en els fraus promoguts per la corrupció, el racionament i l’estraperlo.

 

Una burgesia que ara tracta d’adaptar-se novament (ho porta fent des del 1975) i de tornar a enganyar i a estafar emprant el ‘nosaltres’ parlant d’ella mateixa, defensant una ‘cultura i llengua catalanes’ convertides ara en una mena de fetitxe, i que fan menysprear quan els convenia, doncs la seva pàtria sempre han estat i són els calers2: “esta burguesía, siguiendo las directrices de la ‘nueva ruta’ marcada por Ferran Valls i Taberner, procedió a castellanizarse a sí misma y a sus hijos, a los que comenzó a educar en la lengua y la ideología del ‘Imperio’. Esa misma burguesía permaneció impertérrita ante la destrucción de la cultura catalana perpetrada impunemente por el franquismo” (íbid.: 68).

Valls i Taberner havia estat membre destacat de La Lliga des dels seus inicis, essent-ne diputat tant a la Diputació barcelonina com al Parlament Català i al Congrés Espanyol (que no és el mateix que ser ‘diputat republicà’, com algun hagiògraf de certes personalitats imbricades en el processisme podria suggerir).

 

Coses de la burgesia i la seva gran facilitat (intacta hores d’ara) per a la farsa i el joc de trilers (que a Catalunya molts semblen haver oblidat gairebé per art de màgia): si Don Alejandro Lerroux mutà de nom quan es presentà (16-02-1936) en les llistes del filofeixista Front Català d’Ordre amb prohoms de La Lliga (entre ells, un avantpassat de la Pilar Rahola) i hi figurava com Alexandre Lerroux i Garcia (això de la ‘i’ donava i dóna un afegitó de catalanitat en segons quines esferes), Ferran Valls i Taberner també va transformar-se només tres anyets després, com Déu mana (o la butxaca, que ve ser el mateix per als de sempre), i esdevingué Fernando Valls Taberner:


1 Bernat Muniesa (1985), La burguesía catalana ante la II República (2 vols)., Anthropos, Barcelona, pàg. 261del segon volum

2 Comunicació personal del doctor Bernat Muniesa, novembre del 1991.





Aquest escrit d’en Taberner, certament brutal pel que fa a la seva contundència, demostra de forma fefaent, un cop més, la volubilitat de certes capes socials dominants (a Catalunya i arreu) a l’hora de canviar de nacionalisme. No és pas estrany: el nacionalisme burgès català va mutar sovint en espanyol, sense immutar-se. Els negocis són els negocis. També ara, per cert.



L’article del que parlem fou publicat, tornem a dir-ho, quan estava a punt de complir-se l’efemèride de les eleccions en què guanyà el Front d’Esquerres (Frente Popular a Espanya). En la mateixa pàgina de La Vanguàrdia figurava això tot just tres anys abans. Hi destaco Lerroux (sí, ja saben, el pare del lerrouxisme, insult molt emprat pels processistes) i el familiar de la Rahola, sí, la mateixa companya del suposat ‘viatge’ cap a ‘Ítaca’ dels que empren dia dia també el terme ‘lerrouxista’ per a criticar tothom que se situï fora de la seva secta:

 

La vitalitat del moviment obrer català va posar el regionalisme de La Lliga en el bloc polític de l’oligarquia espanyola ja abans de la dictadura de Primo de Rivera: l’any 1921, Cambó esdevingué ministre de Finances.

Tornem a veure com el període conegut com el ‘pistolerisme’ fou (com després la ‘guerra civil’) tot una símptoma de per on van realment els trets, i mai millor dit, de la burgesia catalana: els seus interessos, camuflats sota una etèria i mística ‘nació’ o ‘poble’, són els interessos de la seva classe social.


Això mateix és el que intentava i intenta (a data d’avui) mantenir: una ficció basada en una complexa ideologia (en el sentit marxista del terme) que mitifica invents com el seny (elevat a tret biològic del caràcter ‘català’ com cal) enfront de la rauxa, més característica dels catalans ‘desviats’ cap a l’esquerra i del que aleshores anomenaven mursianus i avui en dia conceptualitzen amb un ampli ventall d’epítets.

Aquesta ideologia, que abans ja hem caracteritzat, configura un arsenal de recursos simbòlics que continua plenament vigent, i que connecta directament potser no amb un ‘calvinisme mediterrani’, sinó amb el sistema de valors propi del capitalisme (és a dir, de la burgesia): obertura de ment, ànima emprenedora, esperit comercial, habilitat pels negocis (que han d’ésser poc o gens intervinguts per l’Estat: ‘llibertat de negoci’), capacitat de treball, rigor en la feina (ben feta), seriositat, eficàcia, modernitat, mesura, inclinació natural a ‘crear riquesa’, iniciativa privada.

Això sí: existia (i existeix) per part d’aquesta burgesia un ús de l’Estat, però sempre per a garantir aquesta privatització, pel proteccionisme, o reprimint adversaris socials i polítics (íb.: 71).

Parèntesi no pas superflu: aquella burgesia, i l’actual, és a dir, els representants de les classes dominants, va jugar al centrisme, a situar-se políticament en un ‘centre’ que s’afegiria a la seva voluntat de representar el conjunt del ‘poble’, quan en absolut era així. Però el centre mai no ha existit. És més, i emprant paraules de Bernat Muniesa,

“El centrismo es una formulación política de la derecha. Los regionalistas se llamaron siempre a sí mismos ‘centristas’, hasta que el proceso histórico republicano les arrebató violentamente la careta. Después vino la incorporación masiva a la sublevación del 18 de julio de 1936, la adhesión al totalitarismo de Burgos amparado por nazis y fascistas, y más tarde la vuelta al redil, a la fábrica y al talonario” (íb.:73, la negreta és meva).

Ja hem comentat més amunt que les classes dominants catalanes i els seus instruments institucionals van donar la benvinguda amb entusiasme a la dictadura de Primo de Rivera, la qual no era gaire ‘centrista’, si se’m permet la ironia. Existeix documentació abundant sobre l’adhesió a aquest dictadura feixistoide per part de:

 

“Foment del Treball, Cambra de Comerç i Navegació, Cambra Oficial de la Indústria, Societat Econòmica dels Amics del País, Institut Agrícola Català de Sant Isidre, del Sometent, i de la Mancomunitat de Catalunya” (íb.: 89, citant Jordi Casassas Ymbert, 1983, La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), Textos, Barcelona, pàgs. 87-105)

Primo de Rivera fou aclamat pels catalans que no pertanyien a les organitzacions i partits revolucionaris: “La burguesía de la Lliga se distinguió por el entusiasmo de sus vítores y aplausos. El tot Catalunya era una coartada. El tot era una part, la Cataluña altamente acomodada y conservadora” (íb.: 99, la negreta és meva). I així seguim...

 

I és que, siguem rigorosos. Ja se sap: l’ordre, la pau, la tranquil·litat, són fonamentals per a garantir els bons negocis de les classes privilegiades. ¿Algú pot pensar en què els seus actuals vicaris estan disposats a desobeir i a llençar-se pedres sobre el seu propi teulat? Doncs, per increïble que pugui semblar, a la Catalunya de l’interregne, hi ha qui ho pensa. Qui-sap-lo si per mesmerisme, per hipocresia, o per ingenuïtat... Continuem.


Acabo de comentar que aquestes classes propietàries i llurs cintes de transmissió es van entusiasmar amb l’adveniment un règim feixistoide. El propi Cambó, que no va ser mai feixista tout court, ens dóna testimoniatge d’aquesta fascinació d’alguns membres de la classes dominant catalana pel feixisme, en aquells moments identificat, sobretot, amb el règim de Benito Mussolini. L’any 1925 publicà una obra, En torno al fascismo italiano, que el professor Muniesa explora amb una certa minuciositat.

Per a Cambó, el feixisme era ‘eficaç’ (element clau, per a Cambó, de la burgesia) i ‘dinàmic’. És a dir, contràriament a la buida xerrameca socialitzant del feixisme, el feixisme era realment un instrument del Capital per a vigoritzar-se i perpetuar-se... Cambó considerà el feixisme com una eina contra la revolució socialista, com un instrument necessari per a una ‘operació quirúrgica’ amb la missió de ‘regenerar’ els teixits socials (íb.: 113). Cambó, i la Lliga, va entendre que el feixisme era la ‘revolució burgesa’ del segle XX, és a dir, la forma de mantenir el sistema capitalista (íb.: 152). Com assenyala Bernat Muniesa en el segon volum de la seva obra (pàgs. 97-98):

“La democracia liberal, cuando deja de servir a los intereses de las oligarquías o grupos sociales dominantes y puede ser utilizada para el recorte o supresión de sus privilegios, es abandonada con el pretexto de la ‘eficacia’. Y la ‘eficacia’ es, en última instancia, la mayor facilidad de la acumulación capitalista y, por ello, la reproducción del sistema y sus clases dominantes y hegemónicas”

Algú podria considerar que ser nominalment de ‘centre’ i tenir fascinació pel feixisme és contradictori (una paraula de moda en aquest interregne català: ‘contradicció’). No pas per a un pensament, el de Cambó, la Lliga, Convergència, i el processisme, que sempre han jugat amb postures ambigües sota la màscara de la recerca de ‘consens’ i de ‘buscar el millor per al país’.

Diversos són els pilars que comparteix el regionalisme cambonià, el nacionalcatolicisme pujolista, i la vessant neocon (o carca) del processisme: la ja esmentada ambigüitat, una lògica organicista de la història i de la societat, i el tradicionalisme (que ha penetrat en la communis doctorum oppinio de certes esquerres, com ara el concepte de “vegueria” i d’altres reedicions d’una mitificada Edat Mitjana). Un element propi d’aquest nacionalisme organicista és la crida la resolució dels conflictes de classe en base al consens i a la ‘funcionalitat’. Quan aquest consens falla per la lluita de classes (‘la pressió de la societat civil’, dirien ara), queda el recurs al feixisme o a les seves múltiples variants, de manera que es ‘recondueixi’ el cos social a la seva llera, orgànica i estratificada.

Bernat Muniesa és taxatiu, i em faig meves les seves paraules: La crida als consensos han estat i són tàctiques adoptades i proposades sempre per iniciativa de les forces conservadores en moments d’incertesa. (íb.:115). I continua, fent una observació que considero força aplicable al moment actual:

“Es el juego de aquellos grupos dirigentes que, de una u otra forma, explícita o implícitamente, fueron beneficiarios de un poder dictatorial, que al entrar éste en crisis buscan ‘concordias’ con fuerzas sociales y políticas perseguidas por el totalitarismo” (íb., la negreta és meva)

Què hi trobem, inscrit, gairebé incrustat, en aquest tipus de mecanisme, de discurs, de tàctica i d’estratègia? L’intent de presentar la societat, la nació, el poble, la catalanitat, “como situado ‘por encima’ de la lucha de clases” (íb.: 120). Aquest intent, avui en dia molt present en la ideologia convergent-processista, de desvincular ‘catalanisme’ i ‘lluita de classes’, és el que impulsa llur discurs polític cap a la ambigüitat.


Però, històricament, i ja veurem si també en l’actual interregne, quan ha existit una intensificació de la radicalitat social, el discurs nacionalista burgès (o regionalista) ha mostrat la seva vertadera naturalesa, profundament conservadora. Un exemple del 1930, durant la transició entre la dictadura de Primo de Rivera i la II República: els homes de la Lliga es van moure (oh sorpresa!) amb ambigüitat.

Així, Cambó va deixar escrit: “¿Monarquia? ¿República? ¡Cataluña!” (els sona?  ).

Els de la CEDA van adoptar, com si no, la mateixa equació: “¿Monarquia?

¿República? ¡España!” (els sona, oi?)...

En aquell any, 1930, un discurs de destacats líders del regionalisme/nacionalisme burgès, Joan Ventosa i Calvell, i Raimon d’Abadal, fou recollit a La Veu el dia 21 de juny. I hi subratllaven el següent:

El nostre funcionament polític és comparable amb un arbre: té arrels, tronc i branques”

  (logo de Convergència..i després diran que no hi ha connexió )

Per sota d’aquestes metàfores organicistes, pròpies del nacionalisme romàntic d’arrel (i mai millor dit) germànica, una realitat ben present: l’adaptació de la identitat catalana als interessos concrets de les classes dominants....

Els mateixos Ventosa i d’Abadal, també a La Veu, el dia següent al de l’anterior cita, a la pregunta “¿Sou liberals, sou conservadors, sou de dretes?”, van respondre: “som catalanistes”. Catalanistes, i partidaris del capitalisme, podríem afegir nosaltres. I de dretes, és clar.

Quan s’acabava de proclamar la República, els de la Lliga es van afanyar en declarar que continuarien “treballant, dins de la nova legalitat, només per Catalunya” (íb.: 181, la negreta és meva). Com bé assenyala Bernat Muniesa, el recurs a la instrumentalització de Catalunya és una dada essencial.

En aquells moments, com també ara, existia una ‘crisi’. La Lliga, com ara Convergència, apostava per tàctiques favorables al sectors dominants. Com ara, es deia que existia una ‘crisi econòmica’ sense dir quin tipus de ‘economia’ estava en crisi. Com ara, a les vagues i revoltes, es responia que perjudicaven a la ‘nació’ (quina?). Com ara, s’ometia que el ‘sistema econòmic’ en ‘crisi’ tenia cognoms concrets, i que en aquell (i aquest) sistema les classes treballadores exerceixen un rol subsidari. És a dir: no és “el seu” sistema. Però en la lògica de la ideologia liberal (avui, neoliberal) organicista la realitat és una altra. (íb.: 146).

 

Quina és una de les claus del nacionalisme/regionalisme organicista? L’ús de les paraules ‘nostra’ i ‘nosaltres’. És a dir, l’ús instrumental del ‘poble’ en nom propi. Aquesta utilització és pròpia del funcionalisme/organicisme conservador, com quan parlen de “els nostres treballadors”. I fins i tot de gent nominalment d’esquerres (per exemple, una portaveu de Poble Lliure fa unes setmanes), que diuen que ‘són conscients’ de la ‘difícil situació de les nostres classes populars’. El que vol dir que, com elles no són part d’aquestes classes, han d’emprar la cristiana compassió i demanar ‘sacrificis’ per la mateixa ‘nació’ mística i inexistent de Torras i Bages...


L’octubre del 1931, Valls i Taberner (una altra patum de la Lliga) va escriure un article on repetia diversos cops el vocable “nostre”i “nosaltres”, englobant al conjunt de Catalunya i del ‘poble’, que havien de regir-se per l’ordre orgànic i jeràrquic tradicional. L’autor del text, a més, afegeix durs atacs contra els que gosaren oposar-se a ells, i ho fa tot amagant-se, de nou, sota el vocable ‘nostra’: “enalteixen i canonitzen al mode laic figures abominables com Ferrer Guardia, que representen l’antítesi de la nostra fe”. Hores d’ara, la fe processista tindria també personatges ‘abominables’ que serien la seva antítesi. No ha canviat gaire ni el discurs ni la ideologia de fons...

El nacionalisme essencialista burgès, abans i ara mateix, assumeix el paper de portaveu ‘de tothom’: “del nostre poble”. Cap novetat. El nacionalisme organicista (que és el que sempre ha estat el nacionalisme burgès català) produeix, sempre, un consensualisme dirigit per un grup social determinat, que ha emprat el ‘nacionalisme’ en profit propi. Avui en dia, també....

Un altre prohom de la Lliga, Estelrich, retreia a Macià que fos un ‘home de partit’ i no un ‘home de Catalunya’... En breu també veurem més retrets a ERC, acusada de no representar ‘al poble de Catalunya’ (ironies de la història).

Per aquelles dates es discutia el contingut del futur Estatut de Núria. Els líders de la Lliga també s’afanyaren a reclamar que no fos un “estat de ‘dreta’ ni de ‘esquerra’, sinó un Estatut de tot el poble de Catalunya” (íb.: 207, la negreta és meva). Però després afegien que aquest ‘tot el poble’ s’havia de fonamentar en les premisses de “Religió, Propietat, Família i Ordre”. Tal qual...

Com també apunta Bernat Muniesa, la ‘intromissió’ de l’Estat en l’àmbit econòmic va irritar (i irrita) una ‘dreta nacional’ que estava i que està acostumada a considerar el seu país com una finca particular. A Catalunya, i a Espanya. No resulta pas estrany l’entusiasme amb el què els hereus ideològics del nacionalisme burgès de la Lliga aprovaren les mesures austericides dels seus germans de classe social a Espanya, ni que perpetressin un austericidi a Catalunya encara pitjor que el que es va produir a Grècia.

Retornem als anys trenta, un interregne molt semblant a l’actual. En una xerrada emmarcada en les eleccions d’inicis del 1934, Lluís Ventosa i Calvell va insistir en la ja esmentada crítica a ERC per tenir una ‘ideologia partidista’, a la qual la Lliga oposava “la concepció catalanista, dirigida a tots els catalans”, i afegia en un altre discurs posterior: “Esquerra passarà, però Catalunya persisteix” (íb..-Volum II.- 88-89, la negreta és meva). Novament s’establia, la identitat Catalunya igual a Lliga catalana, és a dir, a burgesia catalana... Una diferència amb l’actual moment és que els representants de les classes dominants eren més sincers que els processistes. Abans i ara es parlava de l’interés suprem del país, paraules textuals del mateix Ventosa i Calvell en la publicació madrilenya Ahora (febrer del 1934), que afegiria una frase ben nítida: “en el mundo están en lucha dos tendencias: la que afirma la solidaridad de clase y la que afirma la solidaridad de la patria”. De fet, avui passa exactament això, sempre i quan tinguem la prevenció d’advertir que la ‘pàtria’ de la qual parlen alguns se circumscriu a la seva classe social, reconvertida en poble per aquell exercici d’ús del mateix en termes propis, el nosaltres abans comentat...

Però arriba un moment en què, com es podria dir popularment, es toca os. Es punxa en el nervi dels que s’apoderen del ‘nosaltres’ en llur propi benefici i empren la ideologia nacionalista organicista per a continuar dominant. A l’interregne dels anys trenta, el nom de l’agulla fou una moderada Reforma Agrària que tractà d’impulsar el govern de la Generalitat republicana.

Talment com si algú avui en dia impulsés reformes que toquessin els privilegis educatius, sanitaris i fiscals de les classes que tant i tant bé continua representant Convergència i els seus satèl·lits. I és que la identitat profunda d’una classe social


emergeix només quan el procés històric es mou amb una acceleració vertiginosa, removent-la, i esvaint el fum de la ideologia ‘nacionalista’ sota el qual s’havia ocultat, i encara s’oculta..

La reacció davant del projecte d’aquella més que moderada i gens ‘revolucionària’ reforma agrària3 de la Generalitat republicana tornà fer que els de sempre mesclessin les classes propietàries i Catalunya sota el vocable de nosaltres i derivats. Ventosa i Calvell afirmà pel juny del 1933: “en l’aspecte patriòtic, deixant de banda la ferida en el nostre patrimoni, la nova llei impulsa la lluita i la discòrdia entre els catalans” (íb.: 107). Crec que és impossible resumir millor la ideologia del nacionalisme essencialista que com es fa en aquesta frase, que es comenta per si sola. Qui tingui ulls per veure-hi, que vegi. Anar contra ells és anar contra Catalunya i, de retruc, generar lluita entre catalans. Processisme. Ras i curt... Continuem

Un aspecte del nacionalisme organicista, català, espanyol, o d’on sigui, és la seva naturalització (o sacralització) de les ‘lleis’ socials. Un altre dirigent de la Lliga publicà un escrit contrari a la reforma agrària on apel·lava a que no es podia “alterar l’acció de les lleis econòmiques essencials”. Molt en la línia del neoliberalisme actual i el ‘no hi ha alternativa’. El terme ‘lleis essencials’ és el simple encobriment (no providencial, sinó ‘naturalista’) d’un tipus d’status social beneficiós per als grups dominants, com si la societat d’amos i senyors hagués de continuar eternament...

Sigui com sigui, i com sempre ha passat i passa, la dreta catalana i espanyola van unir- se per a aturar la més que moderada reforma agrària. En aquell cas, la Lliga va subratllar que la interpretació que de la reforma feia el govern central (de dretes) estava per sobre de l’autonòmica. I mentre Azaña col·locava l’Estatut de Catalunya com un fet institucional de rang parell a la Constitució espanyola, Cambó li atorgava un rang inferior...

Per tal d’assegurar el seu domini i no veure’l esmicolat ni un bocí, el propi Cambó declarà en un sessió del Congrés que estava prestant un servei a la República i a Espanya (íb.: 142). Cambó mostrà la seva vertadera dimensió política col·locant els interessos de classe per sobre de la seva antiga passió per ‘Catalunya’.

De fet, fou iniciativa de la Lliga portar al Congrés espanyol la proposta de reforma agrària de la Generalitat, per a frenar-la en sec. El socialista Indalecio Prieto indicà en una intervenció al Congrés, amb to sarcàstic, però en absolut en broma:

“El hecho, simplemente, de causar un rasguño, un arañazo a cierto privilegio de clase, ha motivado todo este revuelo, en que el Sr. Cambó ha metido no sólo al Gobierno, que sería lo de menos, sino también a la República” (íb.: 159)

I Prieto continuà, posant el dit allà on més mal fa, és a dir, dient veritats com a temples:

“¿Cómo concebir, Sr. Cambó, que para un hombre regionalista y autonomista no prepondere, por encima de las mezquinas y leguleyescas disquisiciones que ha hecho Su Señoría, el espíritu de autonomía del pueblo catalán? Lo que sucede es que esta resolución del Parlamento catalán ha herido intereses conservadores que vosotros los hombres de la Lliga representáis, y por esta mecánica inevitable, en lo sectores conservadores y burgueses, cuando se tropieza con un interés de éstos se ahogan los más hondos y los más románticos sentimientos” (íb. 161)

 


3 La Lliga i, amb ella, els seus amos (les classes dominants), van reaccionar amb furor davant d’una llei que mai no es promulgà, d’inspiració liberal, reformista-socialdemòcrata. També ara reaccionen així davant la por a que governin d’altres formacions polítiques, també força moderades. Abans i ara senten tremolors només d’imaginar-se perdent el domini del seu latifundi en mans d’opcions polítiques força moderades i gens ‘extremistes’ ni ‘revolucionàries’….


Com si no s’entén avui en dia que els pressupostos de Convergència i satèl·lits no toquin ni un pèl el domini de les classes propietàries? Doncs perquè el processisme només és un instrument al servei dels de sempre per a continuar amb els seus interessos intectes. En nom del poble...

Indalecio Prieto encara va posar més el dit allà on fa mal, afirmant, amb tota la raó, que els ‘regionalistes’ (els representants de les classes dominants amagats sota un suposat ‘patriotisme’) només tenien uns interessos a defensar: els seus. Per això van córrer a anar a demanar aixopluc a Madrid:

“A buen seguro que si estos señores (señalando a los de la Lliga catalana) hubiesen tenido en el Parlamento catalán una mayoría predominante de la Lliga o conservadora y hubieran votado una Ley de Cultivos enteramente contraria a la que ha votado la mayoría de la Esquerra, no se les habría ocurrido recurrir al gobierno de la República para impugnar la ley” (íb.: 163)

 

Durant els fets del 5 d’octubre del 1934, i després, la Lliga oblidà antics greuges amb Lerroux, president de la República. Van fer adhesió pública a la seva persona, com a restaurador de l’ordre a Catalunya. I si l’any 1909, quan la Setmana Gloriosa (més coneguda com a Tràgica), Cambó exigí caps i sang, ara també exigiria severs càstigs: “per a aquests delictes no hi ha més pena eficaç que la pena de mort” (íb.: 221).

A finals d’octubre, un manifest de la Lliga remarcava “la nostra fe en Catalunya” i apostava per la “concòrdia dels catalans”... Pocs dies després, tornaven a parlar de “la nostra fe en el poble de Catalunya”. Al febrer del 1935, Cambó afirmà en un article: “nosaltres, amb els homes que han tingut un gran patriotisme espanyol i una gran visió d’Espanya, ens hem entès sempre. Amb qui no ens hem entès mai és amb la gent menuda”. Nova reapropiació del ‘poble’ per part de les classes dominants, nou ús del llenguatge classista, amb flaire aristocràtic, tant i tant present encara avui en dia en certes geografies ideològiques de Catalunya... El tradicionalisme i el providencialisme no han desaparegut pas.

Tampoc ha desaparegut la propensió a considerar als ‘altres’ com a sucursalistes. Així, les esquerres catalanes eren vistes com una “sucursal de las izquierdas españolas” Tampoc no ha desaparegut la visió de la lluita de classe com a quelcom ‘aliè’ a l’ànima del poble català (ja sabeu que aquesta estaria caracteritzada per una barreja entre valors tradicionalistes i purament mercantilistes). Josep Pla (més tard, Don José Pla) escrivia això al gener del 1936:

“Nuestro pueblo (...) el alma catalana, toda la sociedad catalana, toda la tradición catalana, es radicalmente contraria a la lucha de clases” (íb.: 255, la negreta és meva)

Traduït socialment: ‘tradició catalana’ és sinònim de les classes privilegiades. Les quals, abans, i ara, continuen apoderant-se del terme ‘poble’ en benefici propi, per a dissimular, ocultar i amagar l’existència de la lluita de classes, i la dicotomia antagònica entre el poble treballador i les classes dominants.

 

PS:

Tot i que és àmpliament conegut, vull recordar que Francesc/Francisco Cambó donà suport i finançà al bàndol feixista, que Joan Ventosa i Calvell donà suport als feixistes, des d’Itàlia Raimon d’Abadal apostà pel triomf feixista, Lluís Duran i ventosa, també des d’Itàlia, simpatitzà amb el bàndol feixista, Joan Estelrich justificà la sublevació feixista, i el ja esmentat Fernando Valls Taberner, fou un visceral defensor del feixisme i del règim franquista...