dissabte, 4 de juliol del 2015

NACIONALISMO ESENCIALISTA 
Y CIUDADANISMO HUECO:
LA PRESUNTA GESTIÓN DE LA 
DIVERSIDAD EN CATALUÑA


Joan Manuel Cabezas López
Doctor en Antropología Social
Coordinador de la consultoría ETNOSISTEMA


 Introducción


Durante el transcurso de una reunión con personas de diversos ámbitos y campos del conocimiento, introduje una temática que me hizo corroborar la persistencia del esencialismo cultural en tierras catalanas, incluso en mentes y geografías del pensamiento situadas, nominalmente, en esferas 'progresistas' o, cuando menos, teóricamente (sólo teóricamente) alejadas del nacionalismo  reaccionario de raíz novecentista, culturalista, historicista, geneticista (culto a la pureza de linaje),  nítidamente xenófobo.
Digamos que cometí la osadía de explicitar las implicaciones de mi posición ante la pluralidad social, posición que conceptualicé durante mi tesis doctoral como teoría de los etnosistemas. Con ese concepto traté de sublimar tanto la idea substantivista de 'Cultura' como la misma idea de ‘cultura’, incluso desesencializada, apuntando al uso estratégico que se ha hecho, y se hace, de la misma, con el fin de convertir en legítima e inapelable la existencia de desigualdades, explotaciones, exclusiones e injusticias, las cuales eran remitidas a supuestos problemas 'culturales'. Unas cuestiones ‘culturales’, casi biologizadas y racializadoa, a la vez que a menudo imbuidas de componentes metafísicos de nueva índole, y que convierten en sentido común la peligrosidad de la ‘distancia cultural’ (“somos muy diferentes...”), la naturalidad inamobible de las idiosincrasias, caracteres y costumbres ...
¿Que se me ocurrió decir? Pues que si, desde mi punto de vista, un espacio social acoge un etnosistema (plural, dinámico, metamórfico y multireferencial), y el conjunto de interacciones en él producidas constituyen un único pueblo, la desembocadura lógica es que la cultura popular, entendida como sistema de recursos simbólicos de TODO aquel pueblo, debe de incluir cualquier forma y contenido, independientemente de su procedencia, creencia, lengua o cosmología.
Todo ello no es una banalidad o una boutade: implica reconocer como formando parte constitutiva de un mismo pueblo a personas y grupos aún hoy en día todavía mantenidos contundentemente al margen de la sociedad política del mismo, y poner en horizontal todas las formas de decir, hacer y pensar que coexisten en el seno del pueblo, para que sus ‘diferencias’ no sean utilizadas como justificación de ninguna desigualdad de carácter estructural y de base económica y política. Se trata de deshacer, pues, la coartada cultural: sacar el velo que implica su funcionamiento, y desactivarla para que la ‘diferencia cultural’ no sea un eje estratégico, es decir, que deje de ser usada para generar animadversiones falsamente antagónicas en el seno del pueblo, y que deje de utilizarse para perpetuar la dominación mediante la naturalización/sacralización en base a ‘motivos culturales’ de jerarquías, injusticias y explotaciones...
Pero es obvio que toqué la fibra sensible del todavía potentísimo esencialismo cultural. Incluso en las filas de los autodenominados ciudadanistas, el pueblo no es el conjunto de los etnosistemas de un espacio social plural, sino que se circunscribe a una serie discreta de elementos simbólicos en posesión (nunca mejor dicho) de los autóctonos del territorio 'propio'.
¿Y qué razón última se puede esgrimir? A menudo, la reductio ad absurdum, lo con frecuencia funciona si las convicciones que se defienden están tan interiorizadas que resulta imposible hacerlas tambalear. Así, en un momento determinado, se quiso cortar de cuajo mi argumentación de varias maneras, apelando en algunas ocasiones al desideratum que la 'religión' (elemento estanco inventado en Occidente hace poco tiempo) es un ámbito 'privado' (distinción binaria también creada hace menos de dos siglos por una parte de la humanidad: la burguesía occidental), y allí debe permanecer (Paréntesi: la islamofobia de la sociedad catalana está tan viva que no dejo de percibir que cuando se emplea esta correspondencia entre 'religión: privacidad', siempre se hace, tácitamente, haciendo referencia al Islam, no al cristianismo. ¿Como si no se explica que estas personas no pidan públicamente la prohibición de las procesiones de Semana Santa, o las que se hacen durante las Fiestas Mayores? Cierro paréntesis)
            Como decía: de las diversas impugnaciones que el grupo de personas allí reunidas hicieron en relación con mi herética postura, la que mejor funcionó fue, en última instancia, la que empleó la reductio ad absurdum, realizando, por lo demás, un comparación muy forzada que en otros momentos y lugares también había oído, aunque formulada en términos diferentes: uno de los asistentes, fuera de sí, poseido por una especie de ira culturalista (si se me permite la expresión), me lanzó la siguiente diatriba: “¡¡¡Eso que dices es como si ahora fuéramos cinco catalanes a hacer cagar el tió[1] en Burkina Faso y dijéramos que lo que hacemos es cultura popular de Burkina Faso!!!”
He aquí mi primera nota etnográfica de las muchas que he podido captar a través de mis transeptos por la geografía del Principado de Cataluña en los últimos años.


La complejidad vista como amenaza ...


Un buen día me encontraba hojeando un infumable documento de los LIC[2], y empecé a entender aquello que realmente codician los políticos, 'técnicos' y presuntos profesionales de la diversidad: cosas uniformes, recortables, claras y abstractas, es decir, bien cobijadas de la realidad y sus vientos, terremotos y dislocaciones continuas. Que no digan nada y lo expliquen todo. Oscuras, para poder iluminar. Cajones de sastre. Simplicidad. Anulación de lo complejo.
Una cultura, decía aquel documento, es como un árbol. Sí, ‘à lo Jesulín de Ubrique’, pero cambiando ‘toro’ por ‘árbol’. Barrio Sésamo para adultos versión 2.0. La cultura es como un árbol, por lo cual sólo vemos el tronco y las ramas. Pero las raíces están ocultas, y resulta que son la esencia de la cultura. Francamente: no se puede ofrecer una visión más substantivista de la cultura. Imaginemos que la metáfora comentada fuera cierta, aunque habría muchísimo que discutir (para empezar: ¿qué se quiere decir con el término cultura?), la pregunta es: ¿Y qué? ¿Qué pasa?. Una 'cultura' no existe en la abstracción, sino en la acción social concreta.
Las pocas veces que he comentado esto en público durante mis incursiones por territorios catalanes, el escepticismo se ha mezclado, casi siempre, con la perplejidad: "las cosas estaban claras y ahora llegas tú y nos quieres poner todo patas arriba" , he llegado a sentir. Dentro del miedo a la complejidad también habita el miedo a la pluralidad como supuesta enemiga de la 'cohesión nacional'.
Así, en una intervención que llevé a cabo como docente de profesores de secundaria, uno de los asistentes me recriminó (con tono alterado y claramente enervado, furibundo) que servidor de ustedes había puesto en cuestión la existencia de una nación kurda: "has dado a entender que Kurdistán no es una nación, y eso es mentira”, me dijo.  “Claro que el Kurdistán es una nación", contesté. ¿En que se basaba esa recriminación?: en el hecho de que recalqué que el Kurdistán es un complejísimo etnosistema donde conviven 45 lenguas y dialectos, y cerca de una docena formas de religiosidad. Se desmenuzó el ‘ideal’ en torno al cual gira la jacobina frase  un país, una lengua. Una situación que nunca hemos encontrado ninguna parte a lo largo de la historia si no es, como proyecto forzado y etnocida, no del todo exitoso (por suerte), en Francia y en Turquía.


Técnicos de ciudadanía-inmigración perplejos ante la incogruència del mundo


En el transcurso de una charla en Santa Coloma de Farners, un técnico (no sé exactamente de qué) me hizo saber públicamente lo siguiente: 'me siento más cercano a los valores de la cultura alemana que a los de la cultura de los musulmanes ... '. Para empezar, de nuevo, se emplea el término cultura de manera reductivista y esencial, como una especie de nueva raza sin raza. Para continuar, se presupone que la 'cultura alemana' es lo bueno, noble y elevado de la kultur germánica. Mi réplica fue esta: “Cuando dices que te sientes cercano a los valores de la cultura alemana, ¿de qué valores hablas? Para decirlo de otro modo: hablas de Beethoven o de Hitler? Porque no hay que olvidar que Auschwitz fue una creación de la cultura alemana, al igual que dicha cultura también creó magníficas obras de arte y composiciones musicales sublimes ..”. ..
Por otra parte, si se hacen 'planes de acogida' y se implementan mecanismos ad hoc, es porque los poderes locales presuponen que hay errores 'y' desviaciones’ de aquellos a los que van dirigidas estas políticas de acogida. Aunque esto se enmascare a veces diciendo que son para toda la ciudadanía. No es verdad....
Las causas de la 'desviación' o ‘patología’ no están localizadas, como mayoritariamente se dice, en la situación cultural del desviado, o en factores culturales que impulsan sus acciones 'desviadas' (eufemismo: “no integradas”). Todo lo contrario: los grupos sociales crean desviación dictando normas la infracción de las cuales constituye desviación, y aplicando estas normas a gente concreta, etiquetándolos como 'marginales' (eufemismo: inmigrante, recién llegado, nueva ciudadanía, sectores en riesgo de exclusión ... todos ellos aplicando la combinación diferente / raro / no normal + pobre).
Veamos ahora un ejemplo sorprendente de la animadversión de los esencialistas culturales (o jacobinistas epistemológicos, con perdón) ante la existencia de un mundo, de una naturaleza, de una realidad, infinitamente más compleja y ambivalente de lo que nunca hubieran imaginado: la inmensa mayoría de actores sociales que han sido elegidos para una supuesta 'gestión' de la diversidad están imbuidos hasta la médula por la lógica dominante que, a fecha de hoy, ha recibido el barniz de una descarnada estrategia de dominación.
A menudo este a veces bien intencionado pero siempre pírrico ejército de cirujanos sociales tratan 'de gestionar' la diversidad con las escasas herramientas con las que se han podido nutrir en breves trayectorias académicas donde se les instruyó en una máxima, a saber: que el trabajo o la educación de la 'sociedad' se debía llevar a cabo sobre algo que nunca ha existido, vg: un material humano monocromo y de topología isótropa. Esta lógica les infiere un espíritu eucarístico que anhela y se conforma con recibir buenas nuevas que les confirmen que esta avalancha de Otros puede ser estructurada, clasificada casi de forma taxodèrmica, convertida en una especie de colección entomológica, y lista para, una vez bien contorneados sus 'caracteres' (más bien sus 'taras') y claramente diagnosticados sus elementos a 'tamizar', poder tranquilizarse contemplando (desde arriba, desde la ‘normalidad’ del ‘autóctono’) un paisaje humano con límites internos estancos, en mosaico. Y desactivados, es decir, asimilados (eufemismo: integrados). Un paisaje en los márgenes de los cuales se encuentra una nada social compuesta de trabajores bien etiquetad@s desde arriba y reordenad@s como constelación social 'desviada', sobre la cual trabajar y educar.
Pero cuando se descubre que este deseo no se corresponde con la realidad, el pánico e incluso la cólera hacen acto de aparición. Lo he constatado y registrado en directo, y también he sido víctima de esto como 'amigo' (y 'experto') de y en los Otros. Por lo tanto, como cómplice de la ruptura de la ensoñación de una congruencia perfecta entre lo proyectado y lo existente.
Así, por ejemplo, en una sesión formativa de menos de 75 minutos sobre las religiones de todo un continente (África), a la hora de caracterizar sucintamente algunos collectivos presentes en Cataluña, además de indicar que las morfologías locales y las situaciones construidas en la vida cotiana eran la base, y no la desembocadura, de las dinámicas culturales, incidí en que se debería tener presente, por ejemplo, que en 'la gestión de la diversidad' no estamos ante 'cameruneses 'tout court, sino ante más de 286 maneras de serlo (y esto sólo lingüísticamente), o que los congoleños (del antiguo Zaire, para entendernos) reconocen sin rodeos y hasta con orgullo que constituyen más de 500 grandes conjuntos etnosistémicos diferenciados. En Senegal se hablan 40 lenguas, pero el nombre de grupos sociales o etnias podría superar perfectamente el centenar. No podemos enumerar, como es lógico, cuántas configuraciones etnosistémicas situacionales (es decir, reales) están presentes en los territorios ‘de origen’, ni tampoco en los de ‘acogida’ ....
 Traté de hacerme eco de un hecho: la miríada de configuraciones etnosistémicas de África en su vertiente digamos que 'religiosa' siempre tienen que engarzar con el hic et nunc del contexto cotidiano. Y nada se había hecho en Cataluña para conocer dichos contextos, ningún esfuerzo se había desplegado para realizar estudios etnográficos detallados y de profundidad. ¿Para qué? Mejor hacer de vez en cuando algún concierto de música africana, y talleres de trencitas, no hace falta más, ¿Para qué? ¿Ha interesado a los responsables políticos, hasta día de hoy, conocer los verdaderos latidos de la Vida a través de la mejor forma de saberlo, es decir, de la etnografía y la antropología? En absoluto...
Al parecer, mi 'osadía' fue asimilable a lanzar un torpedo a la línea de flotación del esencialismo (androcentrado en su sector visceral, como veremos) de gran parte de la anémica (que no famélica) legión de supuestos 'delimiteadores' de la 'diversidad' (sólo de la diversidad Otra, claro ...). En poco más de una hora de clase, donde expuse ejemplos similares a los antes comentados sobre articulaciones complejas de elementos identitarios a nivel socioespacial, etnocultural, religioso y lingüístico, traté de dibujar un panorama tan alejado de la supuesta pintura de geometría fácil y contornos gruesos y bien delimitados, que de las caras de sorpresa (mayoritarias) y de los comentarios expresados ​​por los alumnos en sus valoraciones sobre mi función docente, hay que extraer un interesante y significativo material.
Una larga inercia ha labrado un pesado legado de esencialismo culturalista. Aderezado con una viciada economía del pensamiento y con un recurrente ahorro de disquisiciones más allá de las eucarísticamente recibidas desde los mandos superiores. Por no hablar de los discursos vacíos desprendidos desde el ámbito casi sagrado del 'copia y pega', acrítico y aséptico.
Así, a lo largo de las clases traté digamos que de sembrar la semilla de la complejidad, lo cual chocó con el profundo y sólido dique de las inercias ahora comentadas. Por mi parte el objetivo era, y lo continua siendo, deconstruir, desde los cimientos, una cierta forma de contemplar la ‘diversidad’ y actuar sobre ella para, una vez desestructurada y de(con)struïda, poder generar otra completamente nueva. Imposible en aquellas circunstancias. Como muestra, las opiniones de algunos alumnos al juzgar mi propuesta pedagógica. Resulta significativo, dicho sea de paso, el elevadísimo porcentaje masculino inmerso en la patologización de la diversidad y la crítica feroz a todo intento de desproblematizarla. Las opiniones de estos 'gestores' de la 'diversidad' a escala local ante mi didáctica 'a martillazos' (como diría Nietzsche) merecen ser glosadas aquí para ejemplificar su estupor ante el estallido de un orden claro que sólo estaba presente en sus proyecciones esencialistas: "una conferencia desestructurada", "falta de recetas prácticas", "falta de aplicaciones", "exceso de énfasis en la diversidad", "demasiados nombres de etnias y religiones", "no se dan soluciones pragmáticas ","exceso de datos", y la mejor:" caos general ". Todo un elogio, sin duda.


 "Tenemos muchos nigerianos", "hay muchos rusos" y "amazigh ... ¿qué es?": Reductivismo y desconocimiento de los 'raros' y los de 'fuera'


Ante la 'avalancha' de personas y grupos 'otros', el pavor ha cundido, y este grado de fervoroso temor es mucho más perceptible cuanto más nos acercamos a la pequeña escala de la ya comentada 'gestión' de la diversidad. Para hacer que los y las lectores vivan de manera más acuciante esta constatación, y para ejemplificar mejor mi sorpresa ante tal demostración de jacobinismo de almacén, aportaré algunos ejemplos personales, siempre con remisiones más amplias que espero permitirán complementar el porqué de mi constante subrayado tanto en la pedagogía activa de la complejidad, así como en la necesidad de escrutar minuciosamente las orografías, siempre dispares y metamórficas, de la vida en sociedad.
En Vic, me comentaron: 'tenemos (sic) muchos nigerianos.’ Les pregunté que de qué los más de 525 grupos étnicos de Nigeria eran 'sus' nigerianos. Hieráticos, acertaron a balbucear que “los que tenemos aquí hablan yoruba”. Les pregunté que de cuál de los 20 grupos etnosociales yoruba eran. La respuesta aún la espero. Podría haber preguntado más cosas, claro, como: ¿de qué esfera social provenían? ¿De qué género eran? ¿Cuál era su religión/cosmología? Y aún más: ¿qué trayectoria vital tenían, donde vivían, con quien interaccionaban, como reestructurar sus trayectorias vivenciales? y, sobre todo: ¿Qué pensaban, por qué, a partir de qué, para qué, en relación con qué? Sin esta información cualitativa, y sin poder valorarlos como personas concretas con necesidades, y no como mano de obra barata, como 'sospechosos' o como 'raros' a los que comprender, nada se avanzará hacia un verdadero diálogo intercultural, alejado del paternalismo y de la hipocresía que hasta la fecha de hoy lo han marcado de forma hiriente.
Pero eso mismo se tiene que llevar a cabo con el CONJUNTO DE LA POBLACIÓN. Las clases populares, es decir, el pueblo, son plurales, y si se realiza etnografía, se tiene que incluir en ella como objeto de estudio a todo el mundo que habita un espacio social, no sólo a los considerados ‘raros’ por los que detentan la capacidad de etiquetar. Lo mismo se puede decir en relación al peligroso binomio “servicios sociales=inmigración”, lo que, además, crea agravios comparativos: como si sólo los trabajadores migrantes tuviesen problemas sociales... Ese asistencialismo (en el fondo xenófobo) es otro síntoma más del peso del nacionalismo esencialista en la ‘gestión’ de la diversidad: los ‘Otros’, incluyendo a los catalanoandaluces que llevan viviendo en Catalunya más de 50 años, son trasladados directamente a ‘Servicios Sociales’, no a ‘Cultura’. La ‘Cultura’ es solo la de ‘aquí’, la ‘normal’... Las de los ‘Otros’ estan patologizadas, al igual que sus detentores, por lo cual deben de encauzarse en el ámbito digamos que de las minusvalías, en este caso de cariz ‘cultural’....
Continuo. En L’Hospitalet de Llobregat me juraron y perjuraron que en uno de los barrios (Collblanc) contaban con (sic) "mucha gente rusa". Se basaban en su empadronamiento, es decir, en el hecho de que en las dependencias municipales fueran con un pasaporte que ponía Russkaia Federatsiia (Federación Rusa). Poco después, mientras hablaba con los responsables de una mezquita cercana a Collblanc, me di cuenta que los supuestos rusos no eran rusos, sino chechenos... Todo un ejemplo de tantas y tantas estrategias destinadas a etiquetar los otros 'desde arriba’, basandose en adscripciones tan artificiales como son los estados. Creía que los catalanes éramos más sensibles a ello por razones obvias, pero es obvio que me he equivocado ...
Por otra parte, hablando con técnicos municipales de una ciudad de la comarca de La Segarra (demarcación de Lleida), tras una conferencia que impartí sobre los etnosistemas amazigh, me confesaron que muchos técnicos de la comarca les habían dicho esa misma mañana que no sabían quienes eran "esos amazics". Y también me confesaban que, días atrás, el alcalde de la ciudad les había animado a que dejasen de hacer conferencias y 'tonterías de estas' y que hicieran, "por ejemplo, una degustación gastronómica, o actuaciones musicales folklóricas, que es lo que atrae a más gente". Todo en plan simpático, en plan gracioso. Como oí decir en una ocasión a una alcaldesa de una gran ciudad cercana a Barcelona: "los chinitos son muy graciosos, me caen bien, siempre sonríen, son muy monos, muy simpáticos ...". Buen rollito paternalista....
Se trata del ‘ciudadanismo’ hueco, es decir, que cree hablar y actuar desde un punto neutro de universalidad, situado por encima del magma ‘diverso’ al cual ‘tolerar’. ¡Qué fácil es ser modesto cuando se es el mejor!.... Ese ‘ciudadanismo’ es una especie de esencialismo guay, tolerante, molón, y que ofrece la posibilidad a los 'raros' que, de vez en cuando, se exhiban ...
Después hablaré con más detalla en relación con el ciudadanismo hueco pero, antes de continuar, quiero dejar bien claro que, aunque que de excepciones hay muchas, tras esa ‘tolerancia' para con los 'otros' permanece una forma sutil de racismo: los que están por debajo de los que se autoconsideran como 'normales', es decir, como simbólicamente neutros en tanto que no pueden ver contestado ni revertido su ser o esencia, son puestos aparte, debajo, como ha he dicho. Si se les conceden derechos, o se les quiere comprender con supuesto respeto, pero se hace desde una esfera superior en la que están los que los observan, monitorizan y clasifican ... [3]


Las 'culturas del mundo' en Cataluña: inyectando esencialismo sin que se note demasiado


 Los propios inmigrantes, es decir, aquellos catalogados como inmigrantes desde la cultura dominante, son cooptados para tomar parte en las exhibiciones de culturas de otros lugares del mundo. Para muchos de ellos, no hay otra opción. Esta es la única visibilización pública que se les permite, la única en la que pueden actuar sin dar demasiadas explicaciones ni ser sometidos a control y vigilancia, ejerciendo de figurantes en una performance similar a una feria donde se muestran los “monstruos culturales” que viven entre nosotros, en Cataluña, pero que, en términos nacionalistas esencialistas (y ‘ciudadanistas’), ni son ni serán de Cataluña.
Los más recalcitrantes nacionalistas impugnan para siempre la sola posibilidad de que los negritus, moritus i xinitus (cito palabras que he oído docenas de veces) sean más parte de la cultura catalana y/  de la nación catalana; los más 'abiertos' de entre esas filas esencialistas son partidarios de dar tiempo al tiempo para que, poco a poco (¡no debe de haber prisa!), se vayan integrando o ‘incorporando’, que no quiere decir lo que realmente debe decir (es decir, una adaptación mutua dentro de un ambiente social compartido), sino que implica crear unas fotocopias perfectas que imiten sin errores ni barbarismos todas las características y talantes de lo que algunos consideran como propio de la 'cultura 'de la sociedad de acogida ...
Eso sí, se tratará de fotocopias que siempre tendrán la marca de la tara hereditaria, de su condición impura, de su immigridad, ya sea en el apellido, ya sea en su aspecto, ya sea en la lengua de sus antepasados, ya sea en sus prácticas religiosas, en definitiva, en cualquier pequeño resquicio por donde se escurra la pretendida anormalidad de su condición social, lista, nuevamente, para ser empleado cuando sea necesario como justificante de su potencial posición marginal. Y para tener siempre a mano la parrilla clasificatoria creada por la cultura de los dominadores (autocalificada como 'propia') para poder jerarquizar nítidamente la población y permitir la reproducción de las desigualdades como algo 'natural' o de sentido común.
Un caso evidente es, por ejemplo, la a mi entender descomunal folclorización de la civilización china que representaba el festival pseudotradicional de nombre Xinafes,t y que desde hace dos años acoge un gran centro cívico del barrio de Sants, en Barcelona. La población local (es decir, los normales) pueden visitar una reproducción a pequeña escala de ítems 'culturales' disecados, fosilizados y descontextualizados, referidos a un espacio civilizatorio tan inmenso, plural, complejo, ambivalente y paradójico como es, ni más ni menos, que la China. El caso de este show, que mete en un pequeño zoológico humano las ‘esencias culturales’ del 25% de la humanidad, es una demostración paradigmática del todavía abrumador esencialismo cultural que impera en Cataluña. Por mucho que en algunos momentos, a nivel oficial, se diga que se han hecho esfuerzos para enjuagar la esencialización y la fetichización de complejos sistemas sociales.
El pírrico esfuerzo antiesencialista del período del gobierno catalán ‘tripartito’ no ha cuajado a nivel de las acciones, y se ha quedado, como suele ocurrir, en el terreno puramente nominal y de las buenas intenciones sin plasmación real. Empeño se puso poco. Y se volvió a recurrir, desde un teórico ‘ciudadanismo republicano’, al esencialismo nacionalista: todos los colectivos presentes en Cataluña tenían que confluir en la lengua y la cultura catalana. Sí, la lengua catalana, perfecto, pero... ¿‘La cultura’? ¿Qué es la cultura catalana? ¿Qué incluye? ¿A quienes incluye? ¿Se trata de un ente ya completado y finito?. Esa obstinación por hacer confluir a los ‘Otros’ (los inmigrantes pobre, no los ricos, claro) en la ‘cultura catalana’ me hacía visualizar dicho proceso como si dicha cultura catalana fuese el agujero del fregadero donde va a parar toda el agua después de quitar el tapón... Incluso al hablar de ‘cultura pública común’ (que, por cierto, aún nadie sabe lo que es), la consejera de la Generalitat caía en tautologías similares a las del director del Fórum de las Culturas 2004, el cual, al ser preguntado por mi amigo y colega Manuel Delgado sobre qué eran para él ‘las culturas’, respondía: ‘¿Las culturas? Pues eso, culturas. Las culturas son... las culturas. La misma palabra lo dice, ¿no?’


El triunfo del folclore: espectacularización y dualidades, o cómo reproducir estereotipos y justificar exclusiones de buen rollo ...


El folclore y el buen rollito del espectáculo cromático con regustos festivos llenan de forma predominante la práctica totalidad de actuaciones relativas a la llamada 'gestión' de la diversidad: los detentores de la cultura dominante (insisto de nuevo: autodenominada 'cultura propia' o 'autóctona') articulan espacios para que los Otros, los de las culturas ‘raras'[4], puedan ' exhibirse ante los normales, que admirarán con tolerancia la existencia de este multiculturalismo aséptico, un multiculturalismo donde la cultura ‘normal’ nunca es parte integrante sino, hay que insistir, se auto-otorga un lugar por encima del magma híbrido-mestizo-multicolor que hierve por debajo. Un lugar límbico, tácitamente considerado como superior ...
Como complemento de esta espectacularización de una idealizada multiculturalidad, se encuentra ciertas políticas destinadas a promover la convivencia entre distintos, dando por supuesto que tiene que ser problemática per se. Y hacerlo, siempre, desde una óptica procedente de este lugar superior concedido por la pertenencia (normalmente, por nacimiento o adscripción) a la cultura "autóctona".
Por un lado, invocaciones abstractas a la importancia de respetar las 'diferencias' (asépticas y/o políticamente correctas), por otro, evidencias de que lo que a veces interesa en la gestión de la diversidad es el control cuantitativo y cualitativo de aquella alteridad considerada como demasiado 'diferente' en el sentido ya no aséptico, sino potencialmente problemático, del término.
En algunos ayuntamientos me han explicitado de forma clara, directa, que no les interesa conocer la interculturalidad del conjunto de la población desde dentro y ponerla en valor, sino saber dónde están ‘los Otros’, y cuántos, son para poder controlarlos mejor. “No queremos una tesis doctoral, los queremos controlar”, me dijeron, tal cual, en un consistorio al sur de Barcelona.
Esta focalización en el control y la vigilancia es perfectamente complementaria, en absoluto contradictoria, con la promoción del espectáculo vacío y de la cosificación de los universos sociales 'otros', reducidos a una serie inerte de cosas 'extrañas', rituales 'vistosos', comidas 'exóticas', ropas 'étnicas', religiones 'curiosas' y demás ingredientes perfectos para amenizar una de las muchas 'jornadas interculturales' o 'multiculturales' que, desde una óptica profundamamente culturalista, se se han llevado a cabo.
No estamos muy lejos de los zoos humanos que se montaban en París o en Barcelona entre los años 1880 y 1910. De hecho, yo diría que son su repetición, esta vez no en clave colonial, sino neocolonial. El multiculturalismo es la reedición posmoderna del imperialismo colonial[5].
Algunas veces, quien sabe si para sacarse de encima la potencial etiqueta de 'folclorismo', se organizan actividades pretendidamente serias y elevadas, es decir, aburridas, destinadas a dotar de una cierta atmósfera academicoide los actos espectacularizantes. Un pedacito de reflexión y debate en medio de un océano de reductivismos y substancializaciones que hacen carne entre la población, en el espacio, presencialmente, la distinción clara y rotunda entre los normales y los raros.
Se trataría de una estrategia sutil, pero que avitualla a la perfección el engranaje destinado a perpetuar los estereotipos y las dualidades excluyentes. En un pueblo cercano a Tarragona, unas jornadas interculturales remarcaban la existencia de otras culturas en la ciudad: “Taller de gastronomia[6]: degustación de tés del mundo: China, Marruecos, Gran Bretaña e India". En las mismas jornadas, tuvo lugar una actuación musical ‘mestiza’: un grupo senegalés y otro de flamenco fusión. La 'mezcla', entre los Otros. Los diables[7] y gigantes pueden desfilar 'junto a', pero no mezclarse con...¡Faltaría más!
¿Queremos ver otra muestra?: unas jornadas 'interculturales' perpetradas en El Vendrell (Tarragona) recogían una "muestra de expresiones culturales de jóvenes de todo el mundo: Brasil, Argentina, y El Vendrell". Está claro, ¿verdad? Dualidad diáfana y contundente: en ese municipio, hay gente de El Vendrell, y gente que están allí, pero no son parte de El Vendrell...
Otro ejemplo, este de la ciudad de Barcelona, ​​donde en la primavera de 2008 se lanzó un “plan pro integración en pleno aumento de inmigrantes", justificándose dicho plan en lo que parece ser un 'peligroso' porcentaje de inmigrantes: el 16,2%.... En el siglo XVI, cerca del 40% de la población de Amsterdam era nacida fuera de los Países Bajos, muchos de ellos eran de origen portugués y armenio. Ejemplos históricos como este los hay a miles, pero deduzco que no interesa o o no interesaba hacerse difusión de los mismos, al contrario: interesa o intersaba problematizar (o folklorizar) algo tan natural, en tanto que no forzado y espontáneo, como es la pluralidad humana.
Esto es lo que explicaría que el 16% de foráneos ‘provoque’ la puesta en marcha de unos actos que (cito literalmente) "intentarán aproximar dos realidades que viven en Barcelona, ​​la de población autóctona y la de creciente población inmigrante". Por si no había quedado clara la dualidad, la volvemos a presenciar sin rodeos, e incluso reconociendo implícitamente que se intentará, es decir, que se trata de un esfuerzo difícil, pues difícil tiene que ser, de antemano, la convivencia entre la cultura 'normal 'y las de los' raros ', muy especialmente si estos raros no se doblan a la maquinaria aséptica a través de la cual poder recibir el respeto por parte de los normales. Esencialismo en estado puro...
También cuenta con un trasfondo esencialista abrumador que, en el mismo documento (periodístico, hay que subrayarlo), los mismos organizadores hablan de "invitar a la nueva ciudadanía heterogénea[¿la ciudadanía autóctona es homogénea?] a compartir tradiciones y señas de identidad locales”, es decir, a asimilarse a lo que se presenta como la ‘cultura’ autóctona, o bien a la cultura llamada 'popular-y-tradicional' (en un pack), la cual parece ser que todavía no puede incluir a todo el pueblo, es decir, al conjunto de las personas que configuran la nación catalana entendida como sistema plural y abierto, no como entidad uniforme y cerrada...
En diciembre de 2009 una campaña institucional de la Generalitat de Cataluña, en concreto del Centro de Promoción de la Cultura Popular y Tradicional Catalana, volvía a subrayar este carácter finito, cerrado, de lo que ellos consideran como 'cultura popular', mostrándonos que ésta sólo incluye las producciones simbólico-festivas generadas recuperadas y/o reavivadas por la Cataluña decimonónica, hace entre 100 y 150 años: gigantes, dragones, águilas, castellers, sardanas, diablos ... Pero no la retahíla de expresiones simbólicas de los "otros catalanes"(llegados hace 50 años) ni tampoco las de los "nuevos otros catalanes" (llegados en las últimas dos décadas)
El título de aquella campaña institucional era bastante elocuente: 'SOMOS'. Es decir, el pueblo catalán, su cultura popular, no es toda la población de Cataluña, sino sólo la gente normal y/o asimilada a la normalidad.


La uniformización nacionalista tras la máscara del ciudadanismo: 'normalizaciones culturales' y 'arraigos' ...


Desde algunos sectores ciudadanistas se intenta homologar tajantemente la integración cultural con la participación de los 'recién llegados'[8] dentro de las entidades culturales populares autoproclamadas como autóctonas. Se trataría de una forma de normalización cultural, si empleamos una sinonimia conceptual prestada al para mí desafortunadísimo término 'normalización lingüística'.
Parecería como si el sólo hecho de participar en alguna entidad 'del país' o de emplear con cierta competencia la lengua catalana, fueran suficiente como para dar por cerrado el tema de la integración. ¿De qué hablamos? ¿De asimilación cultural o de integración social? Nuevamente se vuelven a mezclar o confundir términos, y no sé si con intencionalidad (hipocresía) o de manera inconsciente (ingenuidad).
No es que no me parezca oportuno que haya recién llegados que participen en grupos de danza, grupos de diablos o de castellers, y corre-calles diversos, al contrario. Me parece fenomenal.  Al igual que me parece formidable que participen en equipos de fútbol local, en partidos políticos locales (pero...esto ya es otra historia, ¿verdad?), en ateneos populares, en sindicatos, en ateneos populares, en asociaciones de vecinos, en entidades ecologistas, y así hasta el infinito ...
No me parecería tan positivo, sin embargo, que se integren en grupos fascistoides, que formen parte de asociaciones de cazadores o que se conviertan especuladores inmobiliarios, pero en todo caso esta es una opinión personal y arbitraria, pues es más que evidente que "ellos" (y "ellas") también tienen derecho a alistarse en sectores de la sociedad que, personalmente, detesto.
Y aquí surge de nuevo la temática de la dualidad: incidiendo en que "ellos" se integrarán en "nuestras" entidades, reproducimos esta maquinaria asimilacionista y/o excluyente que implica considerar que en un espacio social dado hay dos grandes segmentos de población: nosotros y los 'otros'.
No se crean los lectores que todo es un mero nominalismo y que esta dualidad permanece impoluta, encerrada en un ámbito metafísico, sin consecuencias reales. ¡No! Una de las muchas consecuencias de este planteamiento en el plano de la acción política se ejemplifica en el caso de los certificados de arraigo que deben emitir los poderes locales para dar una especie de 'carta de población' o de ‘diploma de ciudadanía’ a aquellos vecinos que no han tenido la ‘suerte’ de nacer ni en el Estado-Nación al que pertenece el municipio, ni en la Unión Europea, ni tampoco en ningún estado con ciudadanos ricos que nunca puedan ser considerados como inmigrantes sino, como mucho, como ‘extranjeros’ que forman parte de ‘colonias’ (de americanos, holandeses, británicos, franceses, japoneses o kuwaitíes, tanto da).
La palabra 'arraigo' remite a una metáfora botánica, perfecta para cualquier proceso imbricado dentro del campo de la ingeniería agrónoma, pero nada adecuado para referirse a las relaciones sociales, que son lo más tangencialmente diferentes posible a cualesquiera clase de entidad arbustiva o herbácea, a menos que (como me temo) se sigan empleando símiles biologicistas para hablar y para tratar los procesos sociales, con las subsiguientes consecuencias en el plano de lo real.
Más allá de esta creo que nada casual referencia biológica, los certificados de arraigo constituyen una verdadera aberración jurídica, como ya han demostrado sistemáticamente los antropólogos Catalina Borelli y Manuel Delgado en un documento reciente[9]: exigen conocimientos lingüísticos que sólo son igualmente exigibles a los 'autóctonos' que quieran convertirse en funcionarios; se piden documentos jurídicos imposibles de conseguir antes de obtener el certificado; se emplea multitud de conceptos indeterminados que se unen a una serie de trampas y callejones jurídico-administrativos destinados a problematizar y patologizar el asentamiento legal de los 'otros' en un espacio local concreto.


La humillación constante de la profesión de antropólogo: falta de reconocimiento, vejaciones y paradojas incomprensibles


En los poquísimos casos en que alguien ha sentido durante más de cinco minutos mi exposición en torno a la importancia de captar a través del trabajo antropológico los ritmos de la vida en común y sus modulaciones plurales, es decir, de ejecutar proyectos etnográficos y realizar una suerte de auditoría antropológica permanente para saber lo que realmente pasa y no lo que se quiere que pase, en estas escasas ocasiones, decía, casi siempre mis interlocutores han añadido que sería necesario que el equipo de trabajo fuera  multidisciplinar.
Después, en ningún caso se ha realizado la investigación, eso por descontado[10]. Pero resulta cuando menos 'curioso' que la insistencia en integrar dentro de una investigación personas de diversas disciplinas (aunque no sé cuales, pues nunca se enumeraban) sólo se llevaba a cabo cuando la investigación era de carácter antropológico. Si no, ni siquiera llegaba a plantearse la importancia de un trabajo multidisciplinar.
En la inmensa mayoría de lugares donde he tenido la suerte o la desgracia de ir a parar mientras he desarrollado tareas de investigación o de formación, la antropología social no sólo ha brillado por su ausencia, sino que, las pocas veces que se remarcaba su importancia capital en relación a la reflexión, la investigación y la pedagogía sobre la pluralidad humana, esa importancia ha sido silenciada, puesta en cuestión o, directamente, menospreciada.
Así, en Barcelona, ​​una señora perteneciente a un cierto ámbito de ‘gestión cultural’ reconoció, ante mi sorpresa (inicialmente positiva) que se empleaba muy poco la visión antropológica. Pero pronto me decepcionó cuando continuó su reflexión remarcando lo siguiente: "es que la antropología aún es muy nueva aquí, y es normal que no se utilice, esto requiere tiempo ...". ¿Muy nueva? ¿Una disciplina implantada en las universidades catalanas desde hace casi 45 años es muy nueva? Toda excusa es válida para desacreditar algo que, ya por adelantado, será objeto de desacreditación.
Resulta paradójico o, mejor dicho, vergonzoso, comprobar que algunos de los pocos antropólogos y antropólogas que han llegado a algún cargo técnico tienen contrato laboral como educador o trabajador social, no como licenciado o doctor en antropología ...
Sin ánimos de despreciar el trabajo de trabajadores y educadores sociales,  o no el de tod@sm resulta escandaloso que la ‘gestión’ de la diversidad esté de forma prácticamente unánime en sus manos. La antropología social es, por definición, la ciencia encargada del estudio, el registro y la práctica intercultural. No niego la validez de estos profesionales, pero considero, sinceramente, que deberían tener una tarea complementaria a la de los profesionales de la antropología.
Y aún resulta más escandaloso comprobar cómo en varios municipios catalanes se contratan personas que sólo tienen el bagaje de haber llevado a cabo un módulo de Formación Profesional denominado Integración Social[11], mientras doctores, doctoras y licenciad@s en antropología quedan en la más absoluta de las marginaciones. Y dicha marginación se da, ni más en menos, en un campo que es el de su competencia, sino exclusiva, si prioritaria. ¿Por qué parece impensable o incluso ridículo otorgar gestiones económicas a personas sin conocimientos básicos economía? ¿Alguien otorgaría funciones profesionales estratégicas en (por ejemplo) Derecho, Comercio, Educación o Sanidad a personas sin formación en esas materias y que, como mucho, pueden ejercer roles complementarios?
También resulta paradójico que doctores en antropología como el que escribe estas líneas se dedicasen, muy de vez en cuando, a impartir 'formación' de técnicos que, después, serán los que decidirán si contar o no con él para complementar sus 'gestiones' de la diversidad. Kafkiano es un adjetivo que se queda corto... Alguna vez he impartido clases a profesores de secundaria y, poco después, y con un 'bagaje' consistente en las poquísimas horas recibidas de 'formación', los he visto ejerciendo de profesionales de la interculturalidad por institutos de, por ejemplo, las comarcas del Berguedà y el Bages.
 Siguiendo la óptica esencialista dominante, algunos de estos técnicos habían recibido varias informaciones (parciales, sesgadas y reductivas) sobre las 'culturas' de los 'raros'que había en el aula. ‘Raros pobres’, los ricos están en el British School o la Escuela Alemana. Después de asimilar cuatro ideas vags, se suponía que, ahora, ya tenían competencias para entender los problemas que, a buen seguro, se encontrarían. Las brechas provocadas por la irrupción de 'culturas foráneas' en el universo autóctono -supuestamente uniforme-, sobretodo las generadas por formas no domesticadas ni aseptitzades, son arregladas por profesionales ‘autóctonos’ que, en base a algunas horas de inmersión en las culturas inmigrantes, ya pueden mediar y asesorar con plena legitimidad y prestancia.
Por otro lado, reproducir las exclusiones, estigmas y explotaciones es la función de la institución escolar tal como fue creada y tal y como continúa trabajando todavía de forma mayoritaria, no nos engañemos.
Otra cosa sería hacer una apuesta política para cambiar la función estratégica del aparato escolar en la reproducción de una sociedad tan brutalmente injusta, desigual y jerárquica como la nuestra, pero mientras eso no ocurra, negar esta función axial de las instituciones educativas formales en el actual sistema social implicaría un ejercicio de hipocresía de dimensiones gigantescas. Como también sería hipócrita a más no poder dejar de reconocer la existencia de un buen número de profesionales docentes conscientes de esta función y que tratan de revertirla lo mejor que pueden...
Prosigamos. Una manera alternativa de tratar de justificar la inexistencia del prisma antropológico en la 'gestión' de la pluralidad consiste, abiertamente, en subrayar el carácter asistemático y no-científico no ya de la antropología (pues ninguno de los que argumentan tienen la más mínima idea de qué demonios es), sino de los antropólogos y antropólogas. Sólo citaré algunos ejemplo que he presenciado:

- Reunión en Cubelles (al sur de Barcelona) para abordar una temática relacionada con el campo que grosso modo incluye la cooperación-solidaritat-immigración-diversidad. Al conocer mi condición de doctor en antropología, uno de los asistentes declara ante las risas o risitas cómplices del resto: "Uf, un antropólogo ... Vosotros sólo servir para tocar los cojones todo el rato ..."
-Comentario recogido de labios de una alta responsable de gestión de la 'ciudadania-immigración-diversidad' de un municipio del norte de la comarca del Barcelonès: "Yo no quiero trabajar con antropólogos. Los antropólogos siempre divagan y son unos gilipollas. Sólo sirven para irse a África a follar a las negras ... "


La monitorización de los demasiado diferentes, nueva forma de racismo cultural


Atención, pregunta: ¿Por qué no trasladar las políticas inquisitoriales, de monitorización, de vigilancia, de control y de fiscalización de la vida privada de grupos 'culturales' sometidos a prejuicios (inmigrantes, jóvenes, 'radicales', etc.), y hacerlo con la misma intensidad, pero en este caso sobre especuladores bancarios, caciques locales, empresarios de la construcción, sociedades de cazadores, partidos políticos, y  otros elementos de las tribus surgidas de la 'cultura propia'?
En Sitges, en el corazón del Parque Natural del Garraf, hace tiempo que contemplo estupefacto como una familia originaria del noroeste de Europa desarrolla conductas que, de otro modo, serían sospechosas de anormalidad cultural y rápidamente fiscalizadas: han ampliado su casa (donde hacen obras desde hace cinco años) contratando paletas polacos que llegan directamente desde los Países Bajos; sus perros invaden constantemente un camino público; la mujer del matrimonio se dedica sólo a las tareas domésticas; los hijos llegan a menudo tarde a clase, o faltan con cierta cadencia, etc ... Me pregunto ¿qué pasaría si en vez de ciudadanos comunitarios de la Europa boreal fueran de algún otro país, al sur o al este del nuestro? Sobretodo, de un país conceptualizado como ‘emisor’ de inmigrantes: Marruecos, Ucrania, Ecuador, China, por ejemplo ...
Para empezar, el control institucional al que serían sometidos sería constante. Para continuar, las opiniones negativas sobre su cerrazón identitaria y sobre sus prácticas cotidianas estarían en boca de mucha gente ... Quizá se preguntarían por el origen del dinero para construir la casa, los niños no irían a una escuela privada, como es el caso de la familia que comento, sino a una escuela pública, donde su reiterada impuntualidad, además de ser severamente castigada, confirmaría el carácter intrínsecamente diletante e inestable de su 'cultura'.
Me imagino cuáles serían los comentarios de algunos docentes y técnicos: “es que con esta gente no hay manera”



La importancia de la mirada neutral


En mi opinión, muchas de las políticas de' gestión 'de la diversidad son aberrantes no sólo por lo que acabamos de comentar, sino también porque tratan de monitorizar autoritariamente algo que siempre se moldea a sí mismo. Me explico: la sociedad (municipio, comarca, país ...) es un sistema que se autorregula. Violentar la autorregulación de este sistema, y ​​hacerlo casi siempre contra grupos previamente estigmatizados a través de prejuicios, es un ejercicio de racismo cultural, pues se naturalizan y problematizan a los que no encajan en el diseño previo que se pretende imponer para coagular la ebullición social de la vida cotidiana.
Esta 'gestión' se hace sobre 'grupos' recortados desde arriba, sin tener en cuenta la opinión de los implicados, sus prioridades, y sus percepciones. Esta 'gestión' no se hace con toda la población, sino sólo con los sometidos a prejuicios ... Así, se reproduce su condición marginal, se les naturaliza como grupos identificables de forma clara, casi inapelable, y se intenta saber de forma seca y reductivista cuáles son sus características, en especial aquellas más problemáticas y/o problematizables. Siempre en relación con las normas consensuadas por las élites y/o con las tradiciones y costumbres convencionales desde la óptica de la supuesta ‘cultura propia’ del territorio de acogida.
Para conseguir 'conocer' como 'funcionan', se realizan sesiones formativas de corta duración que sólo pueden dar aproximaciones introductorias, y que se convierten en lugares donde los 'gestores' reciben informaciones que sólo sirven para crear nuevos prejuicios. La complejidad dinámica, metamórfica y poliédrica de los grupos humanos no se puede explicar en dos horas, sino recibir un seguimiento atento, detallista y de proximidad mediante la técnica antropológica por excelencia: la etnografía.
Una técnica, insisto, a emplear en relación a toda la ciudadanía, y que podría facilitar información cualitativa y rica en matices, actualizada de forma constante, sin incidir en los procesos para controlar, vigilar y saber “dónde están”...
Un estudio respetuoso y no-parapolicial sobre, por ejemplo, las religiones de un municipio, se debe realizar desde la óptica antropológica y sociológica, y debe hacerse desde la neutralidad más absoluta (el ateísmo, en este caso). Esto no se ha hecho más que en casos excepcionales, al igual que las intervenciones de 'gestión de la diversidad' hechas por personas buena parte de las cuales tienen tremendamente interiorizados los prejuicios contra la ‘divergencia cultural’.
Pero aún hay más: muchas 'gestiones de la diversidad' se han llevado a término priorizando la mirada ‘autóctona’, y eso no hace más que continuar reproduciendo los prejuicios desde la identidad autopercibida como 'normal' y que, en tanto que 'conoce bien' el municipio, se consideraban a sí mismas como las únicas idóneas para 'manejar' la diversidad (sólo la de los estigmatizado), y hacerlos asimilar (o separar) de manera más o menos nítida.
 Un ejemplo al respecto: en Llinars (Vallès Occidental), una convocatoria laboral para un trabajo centrado en la de 'gestión' de la diversidad (en forma de 'plan para la convivencia') tenía como prerrogativa sine qua non que la persona que se presentara a la convocatoria debía “conocer bien el municipio”. En otros lugares, poseer un apellido claramente distinguible como 'local' ha sido un garante para acceder a un trabajo en la administración.
Por un lado, pues, buenrollismo multicultural de fachada, por otro, sin embargo, la pura y dura constatación de que la endogamia localista (modulación del nacionalismo esencialista) continúa(ba) marcando la agenda de muchos entes públicos. Priorizar el 'buen conocimiento de un municipio' (eufemismo de ser nacido en él) es una equivocación mastodóntica si lo que realmente se quiere es crear una sociedad intercultural y sin exclusiones. La mirada externa, neutral, es la única que puede contemplar los actores sociales desde una óptica horizontal, y darse cuenta de muchísimos detalles que desde dentro no son percibidos, valorados ni tenidos en cuenta.
Las notas dispersas que he tratado de sistematizar muestran (más que demuestran) como estaba el patio por tierras catalanas tras sufrir durante décadas el lastre del nacionalismo esencialista y de su derivación ‘ciudadanista’. Su huella se encuentra incrustada en la mayoría de 'gestiones' y de concepciones de y sobre la diversidad, lo que deriva en una enorme falta de ductilidad en la mayoría de mecanismos que sopesan 'gestionar' la interacción múltiple y dinámica de un universo social cambiante que bebe de los impulsos y ritmos de la vida cotidiana intercultural que configura cualquier pueblo. En este caso, el pueblo de Cataluña.
Cataluña, como ninguna otra nación, no puede remitirse a ningún tipo de ‘estructura identitaria’, concepto esencialista expuesto por Artur Mas hace unos años. Todo pueblo, toda sociedad, no es otra cosa que un campo de relaciones sociales que considero que ni se pueden ni se deben manejar como si se tratase de un jardín donde fiscalizar el correcto ‘arraigo’ de sus ‘implantes’. Nada más lejos que eso.
Lo que se tendría que proceder a llevar a cabo es conocer y explicar desde la cercanía que brinda la ciencia antropológica, pero no conocer para controlar/respetar/monitorizar/tolerar/reprimir, sino  para conocer el conjunto de las interacciones de la vida cotidiana (de tod@s, hay que insistir en ello) y poner en valor la convivencia entre distintos, incluyendo su dinamismo y sus ritmos y diferenciaciones infinitesimales.
E incluir, asímismo, sus conflictos, los pareceres de los protagonistas de la interculturalidad real (también sus discursos políticamente incorrectos), las lógicas que los catalizan, los contextos donde se generan, los caleidoscopios humanos de donde llegan y donde se articulan, y un largo etcétera.
Pero esta tarea nunca se debe hacer desde arriba a partir de una esfera hueca y 'superior', sino en un plano horizontal donde no hayan excluidos e incluidos en la investigación y la actuación, donde no se piense de manera tan dualista en autóctonos y en "recién llegados". Y donde también se hablara de la explotación, los antagonismos, así como las solidaridades y comunalitaciones interétnicas o pluriconfesionales.
Una vez visualizado y comprobado que la diferenciación y los 'distintos' están por doquier,  nadie debería ser considerado como 'diferente', pues en una sociedad que reconoce la diferenciación generalizada, por pura lógica, nadie es diferente, y todo el mundo lo es.
Tanto la supuesta nación dualista o ternaria (los de siempre-los hace poco-los recién llegados) como el supuesto mosaico multicultural (catalanes-los hace poco-las culturas inmigrantes), se mostrarían, pues, como una impostura, como el resultado de una superstición, y surgiría ante nosotros un etnosistema complejo tal como la realidad lo genera, no tal y como algunos quieren que sea. Tampoco un paisaje humano paradisíaco o un nirvana de complacencia global.
La sistematización etnográfica de todo ello configuraría un patrimonio cultural inédito y original, un patrimonio vivo, un patrimonio a renovar continuamente, donde las dualidades como cultura ‘alta’ y ‘baja’, ‘autóctona’ e ‘inmigrante’, perderían sus prerrogativas jerarquizantes y se extinguirían para dar paso a nuevos paradigmas y prácticas.
Todo ello podría servir para empezar a plasmar, como una suma siempre provisional, lo que es el conjunto de las clases populares de Cataluña. Una nación, por cierto, que será intercultural o no será. Ni más, ni menos...




[1] El tió es un tronco a los que los niños golpean con un bastón en Navidad para que ‘cague’ regalos. 

[2] LIC: acrónimo de Llengua, Interculturalitat i Cohesió social. Programa supuestamente destinado a ‘formar’ profesionals en la tarea de minimizar los conflictos y desencuentros que se supone que, a priori, y por narices, acarrerarán la llegada de culturas ‘raras’ dentro del territorio de la ‘cultura normal’.

[3] "El multiculturalismo es un racismo que ha vaciado sume propia posición de todo contenido positivo (el multicuIturalista no directamente racista, miedo cuanto no contrapone al Otro los valores particulares de su cultura), sin embargo, no obstante, mantiene super posición en cuanto privilegiado punto hueco de universalidad desde el que se puede apreciar (o despreciar) Las Otras culturas. El Respeto multicultural por la especificidad del Otro no se sino la afirmación de la propia superioridad "(Žižek, Slavoj, En defensa de la intolerancia, Ed. Sequitur, Madrid, 2008, págs. 56-57)
[4] No es una metáfora: me llegó un e-mail enviado por un gran auditorio de teatro de la capital catalana donde, al referirse a la traducción de un cartel, diferenciaba entre el inglés y el francés y, palabras textuales, a “los idiomas raros”. No hace falta tener mucha imaginación para averiguar que se referían al ruso, el árabe, el chino, el urdú...
[5]  Žižek, Slavoj (íbidem), p. 56
[6] En un pueblo de la comarca de La Selva (Girona), en junio de 2006, la Jornada Intercultural se cerró con la degustación de "diferentes platos preparados por representantes de las nacionalidades participantes ..." Significativo, ¿verdad?
[7] Baile de diablos: grupos ataviados con ropajes que imitan a diablos y que hacer explotar petardos situados al final de un bastón. Por cierto= en ciertas geografías mentales y físicas de Cataluña, parecería como si formar parte de un ‘baile popular y tradicional’ fuese la condición sine qua non para ‘incorporarse’ o ‘integrarse’ en la cultura ‘propia’….
[8] Traducción del término nouvinguts, al que a menudo se recurre para no hablar de ‘inmigrantes’…
[9] Caterina Borelli, Manuel Delgado: "El arraigo social y sus simulacros: Propuesta para una investigación desde las ciencias sociales". Ponencia presentada en el VI Congreso sobre las Migraciones en España, A Coruña, 17-19 septiembre 2009
[10] Es escandalosa la práctica inexistencia de estudios mínimamente minuciosos que den fe no ya de la abrumadora complejidad de los etnosistemas 'inmigrados' en su país de origen, sino de la reestructuración de los mismos en la interacción diaria de la que forman parte en sus países de acogida. Las partidas presupuestarias para tales menesteres (o sea, el escrutació etnográfica de los recursos simbólicos de la población en general), no es que sea pequeña, sino a menudo absolutamente inexistente. Comparar este vacío abisal con las enormes gastos financieros de los erarios públicos en actos de una insignificancia y banalidad esperpénticas, me llevaría tiempo y energías, no varios artículos, sino libros y enciclopedias voluminosas, y esta ingente tarea se me escapa hoy en día por falta de tiempo y, sobre todo, de ganas ...
[11] Este hecho, que desconocía por completo, me fue comunicado personalmente por la antropóloga chilena Ixía Mendoza

dijous, 2 de juliol del 2015

UNIDAD POPULAR
Reflexiones desde la antropología


Joan Manuel Cabezas
Doctor en Antropología Social



La unidad popular debería incluir la retahíla de etnosistemas[1] que coexisten en un espacio social plural, complejo, diverso y metamórfico. Si es popular debe englobar el conjunto del populus, del pueblo, expresando sus energías, no inyectando fórmulas y dogmas creados para tratar de amoldar y monitorizar este populus. Ni mucho menos realizando lo imposible ecuación populus: Kultur (término procedente del nacionalismo esencialista e historicista alemán).
El pueblo de Cataluña (y hablo de Cataluña, pero lo que comento se puede aplicar a cualquier otra nación) no es “la cultura catalana”, entendida en el sentido anteriormente mencionado de Kultur, es decir, un conjunto finito de formas de ser, con una caracterología, una historia que “crea” una “personalidad” colectiva o idiosincrasia, y una “estructura identitaria” (concepto pronunciado por Artur Mas hace unos 10 años), ‘estructura’ formada por una serie de rasgos 'culturales' dados de una vez para sempre.
 Esta concepción sirve como un colosal mecanismo de exclusión de aquellos que no están incluidos en el ‘núcleo duro’ (y jerárquico) de la ‘estructura identitaria’ o ‘cultura’ por los motivos que sean: porque no se identifican, y/o porque llegaron (inmigraron) cuando los 'rasgos culturale’ ya habían cuajado, es decir, habían sido inventariados y sistematizados por los nacionalistas. Son los nacionalistas los que construyeron la nación, la nación moderna y abstracta, discerniendo los elementos que pueden justificar tal o cual interés de las élites, como la figura del hereu en el caso catalán....
Mal vamos si pensamos que la unidad popular debe ser lo mismo que la “cultura catalana” entendida en este sentido, como todavía hace el nacionalismo identitario, esencialista, xenófobo. No. La unidad popular debe sobrepasar esta coartada cultural, e incluir el conjunto de la sociedad, la cual sólo existe en espacios concretos, donde se despliegan múltiples maneras de decir, hacer y pensar, es decir, muchas modulaciones de las formas que adoptan las relaciones sociales, la 'cultura' entendida en un sentido no-esencialista. O, mejor, las culturas. En plural.
Si esto no se entiende y no se aplica en la praxis política, no estaremos hablando de unidad popular, sino de otra cosa, que servirá como eje para marginalizar aquella parte de la sociedad que no encaje en lo que algunos consideren como lo ‘realmente’ catalán o ‘propio’, es decir, no ‘ajeno’...
Y estamos hablando de marginalizar o dejar fuera de la unidad popular a más de la mitad de la nación catalana, si por nación entendemos la compleja interacción social de múltiples etnosistemas o, en términos menos académicos, si por nación entendemos el conjunto de sistemas sociales que conviven y coexisten en Cataluña, independientemente de su ' origen ', lengua, creencia, identificación' ‘cultural’, y también de su ideología política ...
La unidad Popular, si es tal, es decir, el 90% de la sociedad (las clases populares, situadas bajo la oligarquía dominante), esta unidad también incluye, nos guste o no, muchas personas que carecen de ideología política. La desmovilización general de la sociedad, programada por el franquismo y el actual neofranquismo, ha desembocado, no nos engañemos, en que muchas personas no tengan lo que podríamos considerar como una ideología política específica, bien interiorizada. Y también son parte de la unidad popular, la cual no puede ser isótropa, ni monolítica, ni dogmática, ni centrada en un único prisma cosmológico ni ideológico, ni puede ser monopolizada por un único posicionamiento político, sea éste el que sea.
He criticado a menudo que resulta una impostura querer hacer coincidir la unidad popular con una 'cultura' nacional inencontrable más allá de fantasmagóricas invocaciones metafísicas. Lo mismo podemos decir del inútil esfuerzo consistente en hacer coincidir, con calzador, la unidad popular con, sólo, un único modelo usado para entender y explicar la realidad, y para querer transformarla siguiendo un único patrón o fórmula.
Las significaciones no existen separadas de la práxis de la gente de un tiempo y de un mundo, ni están en las mentes de las personas, ni tampoco en las cosas: están en la acción social. De ahí la importancia capital de la etnografía, por cierto
En definitiva, no hay que basarse en nebulosas abstractas ni en dogmas de fe, sino centrarnos en lo que sucede a las personas y a los colectivos. La unidad popular no se puede centrar en códigos que existen colgados en el vacío, surgidos de una Nada celestial o de un orden arquetípico universal descontextualizado, sino en imaginarios sociales que yacen sobre una experiencia y una práctica efectivas.

Nos lo jugamos todo. Que no es poco.




[1] La palabra 'etnosistema' remite al griego Ethnos en el sentido de 'grupo social', 'consorcio', etc En griego moderno, ethnos es ‘nación’ (ethnikós: ‘nacional’). Por tanto, un etnosistema o, mejor, unos etnosistemes, es un conjunto de grupos sociales que, en tanto que ethnós (grupos sociales situados a ras de suelo, en contacto con las condiciones de existencia y no en abstracto), funcionan a partir de principios organizativos ajenos al poder instituido y a la fiscalización política. Un sinónimo del concepto de etnosistema es el de diversidad social o el sde sociedad intercultural, donde la palabra 'sociedad' nunca sea percibida como un todo homogéneo a imitación del concepto de 'cultura', sino como un conjunto de gentes y grupos en continua interrelación entre ellos, y sin ningún tipo de “Ser” propio o identidad sustancial, sino que existen el el aquí y ahora, in actus, en la interacción social real, cotidiana. El pueblo es ese conjunto de grupos y gentes que viven en un espacio social común que construyen entre tod@s.

dissabte, 27 de juny del 2015

LLENGUA I SOCIETAT:
CONTRA L’ESSENCIALISME LINGÜÍSTIC


JOAN MANUEL CABEZAS LÓPEZ
Doctor en Antropologia Social
Coordinador de la consultoria ETNOSISTEMA




1. LLENGUA I UNIFORMITZACIÓ SOCIAL



La Modernitat, entesa grosso modo com el procés d’uniformització accelerat sota la batuta de l’Estat-Nació burgès, ha esmerçat una mena de fetitxisme lingüístic que ha convertit en quelcom etern i uniforme el que sempre han estat sistemes de comunicació formats per gramàtiques i estructures lingüístiques en continu canvi i interrelació, difícilment delimitables de forma taxant. La triada ‘liberalisme’-Estat Nació-Uniformitat es veu condensada en la següent reflexió: la unanimitat necessària per al funcionament de les institucions liberals és impossible sense una llengua i una identitat nacional comunes.
 Sembla que la base d’un estat modern i, també, d’un estat ‘del benestar’, rau en el fet de compartir un fort sentiment d’identitat nacional basada en una història i en una llengua comuna. Deixarem per una altra ocasió el suposat ‘pes’ (és a dir, l’excusa i justificació) que ha de tenir suposadament la història en la cohesió ‘identitària, i ens centrarem en posar en entredit que existeixi aquesta correspondència absoluta i universal: cohesió identitària = una sola llengua compartida.
Noruega és una nació (i un estat) dotat d’una gran ‘harmonia’ de pertinença, ‘malgrat’ que es parlen un mínim de quatre conjunts de llengües (Nynorsk, Bokmål -ambdues oficials-, Kven i diversos idiomes Saami), i ‘malgrat’ que el seu llargarut territori no ha tingut mai una ‘història comuna’ massa llarga (és independent des del 1905, mai no ho havia estat abans).
Podríem dir que la Confederació Helvètica compta amb una notable cohesió identitària (com a ‘suïssos’), tot i que la seva història s’hagi anat fent mica en mica durant uns quants segles a partir de la progressiva incorporació de territoris, i que no hi hagi una llengua única ‘pròpia’, sinó un mínim de quatre (francès, alemany, italià, romanx), a part del Schwyzerdütsch (‘suís alemany’, una llengua inintel·ligible en relació amb l’alemany estàndard) i d’alguns petits illots de parla Franco-Provençal i Llombarda. 
Res semblant, doncs, a una estructura cultural basada en una llengua compartida, que es presenta com el model ‘ideal’ per a la integració (assimilació, en realitat) de les ‘diferències’, i que també està fent fortuna com a fórmula uniformitzadora de futur en la majoria de les geografies del pensament d’Espanya i de Catalunya, per exemple.
Fins i tot des de posicions només nominalment apartades de l’essencialisme (v.g.: el liberalisme cultural) es remarca la importància o, encara més, la necessitat, de la preservació impecable, pura, d’una llengua, sempre sense excessius ‘barbarismes’ ni préstecs ‘externs’. Així, Charles Taylor es fa ressò de W. Kymlicka a l’hora de subratllar la necessitat d’un llenguatge cultural íntegre i il·lès amb el què puguem definir i prosseguir la seva pròpia concepció de la vida bona
En això mateix estaria pensant Mustafà Kemal Atatürk i els seus seguidors en la tasca de modernització de Turquia (en la vessant més jacobina imaginable), quan van començar l’imponent tasca d’extirpar de la llengua turca tot el reguitzell de termes d’origen exo-turc, és a dir, milers de paraules procedents sobretot de l’àrab i del persa. Quan van començar aquest tasca de ‘reparació cultural’, als anys 1930, només el 38 % del vocabulari de l’idioma turc era d’origen túrquic.
El mateix caràcter unitari, uniforme, tancat i fix anhelat per l’Estat nació modern ha volgut ésser trasplantat a les unitats lingüístiques, convertint-les, o tractant de convertir-les, en entitats alienes als dinamismes socials, gairebé taxodèrmiques i, en molts casos, constituint-les en veritables maquinàries d’imposició d’estructures idiomàtiques totalment artificials que han acabat amb la gran diversitat lingüística que existia a molts territoris.



2. EL MITE DE LA LLENGUA COM A ‘NERVI’ DE LA ‘CULTURA’



Sovint s’ha argumentat que l’ús general del llenguatge comú fa possible l’enteniment mitjançant la parla, acosta els cors humans, i es dóna un estat mental comú que compenetra els membres d’un Volk. Parlar una mateixa llengua, doncs, es veu com una raó gairebé metafísica i/o automàtica d’unió, consens, simpatia, identitat, concòrdia… quan això només succeeix en els casos en que un col·lectiu ètnic o nacional té la llengua com a referent diferencial en situacions de conflicte i/o d’interacció amb d’altres col·lectius I fins i tot en aquests casos hi hauria molt a puntualitzar.
 Només recordant el terrible genocidi que va tenir lloc a Rwanda, que entre 1994 i 1995 va causar 800.000 morts en una població que no supera els 6 milions, hi ha prou per desmentir de soca-rel la idea de que  la llengua proporciona una mística i mítica sensibilitat comuna que determina el ciment primordial d’una identitat. Hutu i Tutsi parlen exactament el mateix idioma: el KiRwanda. I, encara més: han tingut una història compartida, història compartida que és vista pel nacionalisme historicista (molt vinculat al fonamentalisme lingüístic), com a condició bàsica per a la ‘cohesió’ d’un grup. I aquest no és pas l’únic cas, sinó que estem fent referència a una mena de constant antropològica que hom pot trobar, arreu i sempre, en diverses modulacions. Tot seguit veurem alguns exemples etnogràfics i històrics que testimonien aquesta constant de la que parlem.
A Nova Guinea, la frontera que delimita comunitats humanes que parlen llengües de la família Anga també delimita un àrea a on han existit conflictes violents de forma molt més freqüent que no pas en d’altres territoris habitats per grups que fan servir d’altres idiomes, amb els quals les interaccions (i, per tant, també els conflictes) són força menys denses. Sembla ser que la llengua ‘comuna’ no sempre ‘apropa els cors’, ans el contrari...
Bosnians Musulmans, Croates i Serbis parlen, tots, el mateix idioma ‘objectiu’, anomenat Serbo-Croata, o Croata-Serbi. Encara més: els serbobosnians parlen exactament el mateix ‘dialecte’ que els bosnians musulmans. Els Montenegrins (tant els que apostaven per la independència de llur nació com els que no) parlen el mateix idioma que Serbis, Croates i Bosnis musulmans. Això no ha impedit, ans el contrari, que Montenegro s’hagi independitzat de Sèrbia, com els ciutadans van expressar en el referèndum del 21 de maig del 2006. Com ha passat sovint al llarg de la història, la politogènesi (en el seu sentit de naixement d’un estat(nació) o d’una entitat política sobirana) comportarà el naixement d’una llengua diferenciada, com ja va passar recentment amb el Bosni (Bosanski Jezik, ‘llengua bòsnia’), està passant amb el Montenegrí (Crnogorski) i, anteriorment, va passar amb el Croata.
Això implica que, en certs casos, darrere d’una llengua s’hi pot trobar la voluntat política i l’esforç col·lectiu per a diferenciar-se. Si hi ha suficient consens (en relació, cal reconèixer-ho, amb capacitat de coerció i/o d’autoritat), pot sorgir una llengua diferenciada, que sovint no és altra cosa que un dialecte amb estat propi.
Poc de ‘místic’ i d’espiritual té la parla si, analitzant-la des d’un punt de vista calidoscòpic, hi trobem filons de components polítics. També es troben en comunitats que, lluny de posseir un instrument d’autoregulació política, pateixen una marginació notable just a la frontera entre Montenegro i Kosovo: els Goranci o Gorani, musulmans de llengua ‘sèrbia’[1] que, possiblement com a conseqüència del context conflictiu de l’atmosfera social a on es troben, d’ençà fa poc temps que subratllen que llur parlar és una llengua diferent de les que empren poblacions veïnes.
En un context modern (ergo: uniformitzador), això darrer sembla ser un prerrequisit o un postrrequisit per a legitimar-se. Vegi’s si no la reivindicació recent d’una Goranski Govor (‘llengua gorani’, també coneguda com a Našinski – és a dir, ‘la nostra’-). Fora de posicions arbitràries i mesquines, ningú pot posar en dubte la legitimitat de la reivindicació si hi ha un suport massiu, i/o si s’imposen per la pròpia inèrcia social, que l’accepta com a pròpia sense més, la rebutja, la negocia, o hi estableix diàlegs de tota mena i densitat, d’on sorgiran consensos, difraccions i noves combinacions sistèmiques.
La llengua montenegrina (crnogorski jezik) pot semblar una farsa per a alguns, però no s’entén que no ho semblés pas la llengua neerlandesa, fruit d’una voluntat de diferenciació respecte de la resta de parles del Plattdieutsch (‘Baix Alemany’)[2]. O la llengua flamenca, fruit d’una mateixa voluntat respecte del neerlandès/holandès, malgrat ésser, ‘objectivament’, el mateix idioma. Per què aplicar una òptica diferent amb Montenegro i amb Holanda? No hi ha cap llengua ‘oficial’ que sigui ‘natural’. I ja que parlem de la llengua neerlandesa/flamenca/baix alemanya, caldria comentar que si existia “unitat d’esperit” entre alemanys septentrionals i holandesos pel fet de compartir una mateixa “forma de conceptualitzar l’univers”, no s’entén pas la invasió del territori dels Països Baixos per part dels seus ‘germans’ teutons durant la 2ª Guerra Mundial…
Continuant en l’àmbit germànic: gran part de les comunitats jueves d’Ucraïna, Belarús, Lituània, Letònia, Polònia, Txèquia, Hongria, Bulgària, Romania i Moldàvia, exterminades per ordre dels nazis alemanys, parlaven una llengua ‘germana’ de l’alemany: el yiddish. Que molts jueus francesos tinguessin cognoms ben ‘germànics’ (Lévi-Strauss, Durkheim, Levy-Bruhl, Metz, Mauss, Cohen, Halbwachs) no impedí que fossin perseguits pels autoproclamats com a ‘defensors’ de la germanitat.
I si una llengua denota proximitat cordial, unitat d’esperit, comunió cultural, els cognoms serien la seva hipòstasi, com a mínim per als essencialistes lingüístics[3]. L’extermini contra els hebreus centre i esteuropeus acabà físicament amb milions de persones amb cognoms germànic com, entre molts d’altres, Baumann, Stein, Hoffman, Bernstein, Rosenberg, Lévi-Strauss, Ullman, Epstein, Blumenbergsteinenthal, Wiener, Herzog, Klein, Schwartz, Schmidt, Weiss, Dorfmann, Reich o, fins i tot, Deutsch. Per no parlar d’un cognom jueu sefardí: Alemán. Una ideologia, la nazi, que deia actuar per a defensar la cultura alemanya, va aniquilar completament la cultura de llengua germànica que s’estenia per gran part d’Europa, fins arribar al cor de Rússia.

Continuant amb l’exemple alemany, la pertinença a la nació alemanya moderna (i perdó pel pleonasme) es determina per l’ascendència genètica i no pas per la llengua.Les persones d’ètnia alemanya que han viscut sempre a Rússia i no parlen ni un mot de l’alemany tenen dret a rebre automàticament la ciutadania alemanya, mentre que les persones d'ètnia turca que han residit tota la seva vida a Alemanya i s’han assimilat completament a la cultura alemanya no poden adquirir la ciutadania alemanya. El concepte de nació que tenen els afrikàners de Sud-Àfrica també es basa en l’ascendència. Aquests van intentar prohibir els matrimonis mixtos, i van ex­cloure els fills d’aquests matrimonis (els «mestissos») dels seus veïnats i organit­zacions, encara que la llengua i la cultura dels mestissos siguin idèntiques a les seves. Aquestes restriccions pel que fa a la residència, que su­posadament estaven adreçades a protegir la cultura afrikàner, no es van aplicar mai als anglòfons blancs que no parlaven l’afrikaans.                             
En l’època de la revolució americana la immensa majoria de les persones de les colònies que lluitaven per la independència compartien la mateixa llengua (i la mateixa religió…) que la nació contra la qual s’havien rebel·lat. En aquest sentit, tot i que Simón Bolívar i l’aclaparadora majoria de ‘Libertadores’ d’Amèrica Llatina tenien la mateixa cosmovisió que els que posseïen el poder de l’Imperi hispànic, tot i que compartien la ‘mateixa manera d’entendre i expressar el món’, i tot i entendre’s perfectament amb ells (o potser precisament per això), no van deixar d’esmerçar esforços en lluitar contra aquells que parlaven la seva mateixa llengua i, novament, eren de la seva mateixa religió.
Abans de continuar, voldria subratllar quelcom: en el cas que fos cert que, arreu i sempre, compartir una mateixa llengua impliqués compartir una mateixa manera de veure el món, de copsar la realitat, de dotar el cosmos i la societat de significat, això no ha de desembocar (ni de bon tros) en que sigui la parla comuna la que articuli una mateixa identificació social. Com insistiré abastament, serà el valor de contrast, diferencial, diacrític, de la llengua, la que potser (només potser) portarà a un grup humà, a una societat, a pivotar-hi de manera prioritària en tant que matriu simbòlica estratègica en la seva diferenciació. És la voluntat política la que determina la funció social de la llengua, i la seva posada, o no, en valor; no pas a l’inrevés.



3. DIVERSITAT SOCIAL I LLENGÜES: MÉS ENLLÀ DE L’ESSENCIALISME



La visió essencialista de la llengua com a estructura axial de la identitat ‘cultural’ considera que el valor simbòlic de la llengua, les associacions històriques i culturals que acumula, i la ‘semàntica natural dels records’, tot això afegeix al missatge bàsic un ric fonament de connotacions compartides. La capacitat per a llegir entre línies depèn d’una continuïtat cultural en la qual s’insereix la llengua, i que no està oberta a tothom. Només els qui creixen dins la comunitat poden participar en aquesta àmplia interacció comunicativa.
Contràriament al que l’essencialisme lingüístic reclama, considero que la llengua no esdevé la referència d’identificació bàsica (‘essencial’) per a una ‘cultura’ o ‘nació’. Com a mínim, no ho fa de forma universal i gairebé automàtica. Allò que anomenem ‘llengua’ pot ésser vista com una mena d’energeia en el sentit de força creadora de símbols, però no pas com un determinant de la vida social, ni com una cosmovisió que modula la nostra relació amb la realitat fins a unir-nos en una única ànima dins la qual regni l’harmonia enfront dels que enraonen d’altres parles.
De fet, ben sovint és la política la que emmotlla una llengua, i no pas a l’inrevés. Així ho va subratllar André Martinet: una certa unitat política crea un espai de comunicació densa que, a la llarga, pot generar una llengua. Exemples paradigmàtics són els de l’existència de llengües circumscrites a una ciutat, com el Haräri (de la ciutat de Harar, Etiòpia), les llengües de les ciutats Ioruba, el Barani (llengua fulbé parlada en la ciutat homònima, a Burkina Faso) o, fins i tot, idiomes generats per espais polítics tan petits com poden ésser certs poblats del nord del Camerun. Els Aghem del nord est del Camerun es diferencien en tres grups (Wum, Isu i Weh) basats en poblats homònims i dotats d’una llengua específica cadascun d’ells. De fet, en la zona dels Grassfields camerunesos són nombrosos els exemples de parlars diferenciats que ténen com a base un vilatge concret: Ngong, Konshin, Kendem, Bambili, Babanki,Zina, Tchouvok, Adere, Yive, Fungom, Gavar, i un llarg etcètera que totalitza més de 15 idiomes diferents parlats, cadascun d’ells, en un poblat concret.  En les muntanyes del Caucas podem destacar els exemples del Hinukh del sud del Daguestan, llengua parlada pels habitants de la ciutat homònima, i dels Tindi, agrupament etnosocial que anomenen la seva parla amb l’apel·latiu d’Idarab mitstsi, és a dir, la llengua de la ciutat d’Idar’ .
Els exemples d’imbricacions entre etnosistemes i ciutats són molt nombrosos en l’àrea del Caucas. Tot seguit mostrem alguns de força significatius : els Batsbi s’han articulat territorialment, des del segle XIX, al voltant de la ciutat de Zemo-Alvani (N.O. de Geòrgia). L’etnònim Buykhatli (poble del nord del Daguestan) és el genitiu de la ciutat de Buykhe. Els Andi s’anomenen a sí mateixos Khivannal, etnònim provinent de la ciutat més gran d’aquest etnosistema, Khiani (més coneguda amb el nom d’Andi). Els Archi són un poble que habita en vuit viles del sud del Daguestan, la més important de les quals (en tant que ciutat ‘fundadora’ d’aquest poble) és Archi. L’etnosistema Budukh deriva el seu nom del de la ciutat principal d’aquesta comunitat. Els Khinalug anomenen Ketch la seva ciutat, i llur autodenominació és, de fet, Ketch Halh  (‘la gent de Ketch’). L’etnònim Khvarshi prové del nom del poblat més gran d’aquest complex ètnic. Per últim, el nom ètnic dels Rutul és Mjukhadar , que significa ‘habitants de la ciutat de Mjukhad’.
La ciutat nigeriana d’Ibadan (fundada a inicis del segle XIX), va ser, en un primer moment, una federació urbana basada en filiacions clànico-parentals. L’estreta interrelació urbs-medi rural ha generat un sistema ètnic que abasta tot el hinterland d’Ibadan, tal i com reconegué l’etnògraf Paul Mercier, el qual parlà dels Ibadan en tant que grup complex format recentment a partir d’elements d’origen Oyo, Ifé, Egba, Ijebu, etc…Els mateixos Ifé constitueixen un etnosistema generat a partir de la irradiació social de la ciutat del mateix nom. Per un altre cantó, l’etnosistema Sena deu el seu nom a la ciutat homònima fundada pels portuguesos al riu Zambezi (Moçambic).
Grups de Teda, Kaza i Tubu que resideixen a la ciutat de Bilam (Níger) es reconeixen col·lectivament amb un etnònim comú, Kamadja. Més de seixanta anys de convivència a la ciutat de Sim (Burkina Faso) ha generat el grup etnosocial anomenat Mû-Dogom, producte d’unions entre homes Dogon-Gesum i dones Mossi. La ciutat de Mina (costa de l’actual Benin) generà un etnosistema homònim, de llengua Gen-Gbé. La seva creacció fou decisivament galvanitzada ver l’any 1830 amb l’arribada d’Afro-Brasilers. Les ciutats-estat hausa de l’Àfrica occidental van aportar la matriu per al sorgiment d’identitats ètniques específiques que sovint compten amb llengües pròpies (Goberawa, Katsinawa, Kebbawa…). A l’altiplà central del nord de Nigèria, trobem etnònims com Chamawa (referit als habitants de la ciutat de Chamo) i Basawa (la gent de la ciutat de Basai).
          Un altre cas és el de l’espai social dibuixat per tres ciutats de l’actual Benin (Nikki, Parakou i Kandi) que ha donat lloc a l’etnogènesi Dendi, basada en una matriu territorial urbana que ha fusionat, sense esborrar i/o homogeneïtzar, un complex conjunt d’entitats ètniques (Gurmanché, Sonray, Kyenga, Kanuri, Zarma, Hausa, Soninké…). Els elements diacrítics fonamentals són l’adhesió a l’Islam i la llengua comuna, el Dendi, una varietat específica de les parles sonray meridionals sorgida a partir del quadre sociopolític desplegat per aquest arxipèlag urbà.
En una altra escala, la relació política:llengua (essent la primera la que configura la gènesi de la segona, no pas l’inrevés) es pot veure en el cas de la llengua Zulu, després de la fulgurant etnogènesi d’aquest grup humà al 1818, les múltiples llengües Joola de la Baixa Casamance (sud de la República del Senegal), o un cas recent: a gènesi d’una llengua, el cabindès, a l’enclau de Cabinda, antiga colònia portuguesa que forma part de l’estat angolès, i on ha existit des de fa 40 anys un important moviment independentista.

El concepte de ‘llengua’, entesa com a corpus tancat, delimitat, regulat i fix, s’ha anat forjant a Europa, sobretot arran del descobriment de la impremta, i encara més al llarg de la implantació de l’estat-nació al llarg del segle XIX. I és força aliè, per exemple, a les cultures africanes (i a moltes altres cultures del món, per suposat). Mes enllà de la forma escrita, el propi concepte de llengua com a entitat discreta, amb límits definits, és prou estrany a cultures on la comunicació horitzontal ha estat garantida gràcies al multilingüisme dels membres de les comunitats respectives. A la introducció d’un concepte aliè com el de llengua, hi podem afegir la categorització com a “dialectes” de les llengües africanes -especialment en les colònies franceses- que ha introduït una noció encara més destructiva: la de la jerarquització de les llengües.
            Tot plegat és rellevant perquè ha anat diguem-ne que enverinant la ment de molts dels “intèrprets”  -és a dir, els sectors intermediaris entre la metròpoli i la colònia primer, i les classes il·lustrades, després- fins al punt que l’han fet part del seu pensament, i són ells mateixos els que transmeten aquesta visió interferida i esbiaixada.
La llengua només en alguns casos pot ésser el ciment de la identificació col·lectiva, és a dir, pot esdevenir una matriu sociopsicològica que galvanitzi la consciència ètnica, que aglutini i cohesioni una societat humana específica.
La matriu sociopsicològica és un eix d’integració simbòlica que articula la realitat social, funcionant com a nucli de pivotació de les energies socials dels etnosistemes i permetent una certa cohesió (o congruència, sempre incompleta) de l’univers psíquic, el que és, ensems, la projecció de l’univers social. Aquesta matriu genera una sort de camps simbòlics que permeten la catalització de les forces socials.
  Allò fonamental en tota matriu sociopsicològica és la seva eficàcia simbòlica, és a dir, el consens col·lectiu entorn de la seva plausibilitat a l’hora de reeixir en la funció d’aportar estructures intel·lectualment vàlides que facin possible una coherència sociològica  que atorgui a la col·lectivitat les eines per a diferenciar-se i reconèixer-se com a sistema social.
L’existència de sistemes etnosocials que empren la matriu Bantu, sigui aquesta una pura invenció dels lingüistes i dels arqueòlegs, o no, confirma que funciona, doncs aporta materials per a omplir les necessitat psicosocials, situacionals i contextuals, de les col·lectivitat que la fan seva de cara a la vertebració/cohesió de les seves forces.
A més, la de vegades obsessiva equiparació operada pels nacionalismes europeus entre llengua i identitat nacional (idea moderna procedent del romanticisme, essencialment), no és pas tan diàfana a l’Àfrica, ni de bon tros. A la Casamance (sud del Senegal), es parlen més de 30 llengües diferents, essent el wolof (idioma dominant a l’estat senegalès) la llengua parlada pels independentistes casamancesos. A la franja de Caprivi (Namíbia), el Lozi és la llengua vehicular, emprada per persones de molt diverses parles: fwe, subiya, totela, yeyi... D’altra banda, el KiSwahili és un idioma molt estès per l’Àfrica Oriental, però no és assimilable a una identitat social, excepte a les fronteres de la seva àrea lingüística on, precisament pel seu ús diacrític, serveix per a diferenciar els grups humans que l’empren com a referent prioritari d’identificació.



DEL MISTICISME CULTURAL A LA REALITAT SOCIAL


Una característica dels enfocaments realitzats al voltant de l’anàlisi dels sistemes etnosocials és que molts d’ells han cercat en la comunitat de llengua un fonament ‘natural’ del lligam ètnic (és a dir, del vincle grupal), una espècies de base substancial que aportaria l’eix de l’articulació col·lectiva. En aquest sentit, comentava Ferdinand de Saussure que el lligam social tendeix a crear la comunitat de llengua i potser imprimeix a l’idioma comú determinats caràcters; a la inversa, és la comunitat de llengua la que constitueix, en una certa mesura, la unitat ètnica. En aquesta mateixa línia, Herder suggerí que la llengua de cada nació és el patrimoni més valuós que posseeix, doncs és l’estatge de les creences religioses, els costums i la història de la nació. Tan sols amb la pròpia llengua materna és possible comunicar emocions, pensaments i ideals. Seguint aquesta direcció, es podria dir que entre els pobles eslaus la consciència constant d'afinitat i pertinença a una mateixa família de pobles era natural per a gents que s'entenien sense necessitat d'intèrpret. Tot seguit presentem una sèrie de cites que insisteixen en el poder catalitzador de la llengua com a condició determinant de la cristal·lització etnosocial: el llenguatge parlat és l’instrument de l’acció de l'entorn social en l’individu. A aquest individu se l’imposa una concepció del món i de les seves relacions amb els altres homes. Abundant més en aquest sentit tenim reflexions com aquestes, Roland Breton comenta que la gènesi de les ètnies (etnogènesi, vinculat als orígens de les llengües, o glotogènesi) serveix de marc subjacent en la gènesi dels Estats (politogenènesi) i, a partir d’allà, en la gènesi dels territoris (corogènesi). Els factors naturals, inerts, es veuen eclipsats per la dinàmica dels pobles, les cultures i les institucions. Iuriy Lotman, per la seva banda, considera que la Cultura està feta a partir del llenguatge natural, i la relació amb aquest llenguatge natural és un dels paràmetres més essencials. Per a aquesta visió de la llengua com a determinant de la identificació social, la llengua és el component principal en el manteniment de la identitat ètnica separada, i el llenguatge, sens dubte, constitueix el tret més característic d’una identitat ètnica. La llengua compartida estaria particularment implicada en l’etnicitat: la intel·ligibilitat mútua de la conducta dels altres és un prerequisit fonamental per a qualsevol grup. I l’historicisme acompanya a l’essencialisme culturalista en aquesta percepció de la llengua com a ‘nervi’ de la societat: la nació, en el sentit medieval original, és el conjunt nadiu, i natural, de les poblacions unides per una llengua comuna, és a dir, el conjunt que hom designa també, ara, com a ètnia. L’argument de l’homofonia pot ésser pot ésser considerat com una raó de reunió.
Ja ho deia Tönnies: de la mateixa manera que l’ús general del llenguatge comú, en fer possible l’enteniment mitjançant la parla, acosta els cervells i els cors humans, així es dóna un estat mental comú que, en les seves formes més elevades -costums i creences comunes-, compenetra els membres d’un poble (Volk).

En clara contraposició amb aquest enfocament, nosaltres som de l’opinió que només allà on la llengua ha estat involucrada en la construcció o marcatge de les fronteres entre grups ètncs, la llengua ha estat relacionada amb la etnicitat. Altrament, no ho està pas, sigui una ètnia tout court, o sigui una ètnia en forma de nació. Per exemple, la protecció de la llengua eslovaca va ser al mateix temps un arma defensiva i diferencialista; defensiva contra la magiarització forçada duta a terme per Hongria després del Compromís del 1867, diferencialista en relació amb els Txecs. Per un altre cantó, els diversos etnosistemes que configuren el superetnos Haussa han basat llur ‘hausanització’ en l’adopció de la llengua haussa, autèntica matriu sociopsicològica que pot fer-nos parlar d’aquest conjunt de sistemes ètnics que s’ha acordat aquí d’anomenar superetnos. La llengua no és pas l’únic indici de l’existència d’un ethnos. En el cas del hado o haussa, és un idioma que empren quotidianament 120 ètnies diferents, que no es consideren pas a sí mateixa com a Haussa.
Per als puristes de la fórmula “una cultura = una llengua’, un exemple cridaner: els Nuba constitueixen un complex etnosistema de l’actual Sudan. Parlen més de 50 llengües diferents. A més, i això que ara comentarem pot interessar, i molt, a aquells que pensen que la ‘distància’ lingüística implica ‘distància’ cultural i, per tant, incompatibilitats gairebé irressolubles, resulta que aquestes llengües pertanyen a diferents famílies (nilo-sahariana, níger-congo, etc.); així, es donen casos de grups Nuba que viuen a pocs quilòmetres i parlen, uns, un idioma nilo-saharià (com el Sonrai del sud del Marroc, per exemple), els altres, una llengua níger-congo (com els Zulu de Sudàfrica, per exemple). Reduint ad absurdum l’essencialisme lingüístic, trobaríem ‘cultures’ veïnes que tindrien més similituds (‘de cor’, de ‘comprensió’…) amb una ètnia del Magrib, uns, amb un grup humà de l’extrem sud d’Àfrica, els altres...
Tots els grups Nuba són fruit de l’arribada dels pobles refugiats en un medi muntanyenc, fugint de les incursions àrabs en el que avui en dia és el Sudan (inicis s. XVI). ‘Malgrat’ la immensa varietat lingüística del país, tothom s’identifica com ‘Nuba’ en relació a d’altres identificacions. I és que la identificació és relacional, arreu i sempre…També podríem dir, tot i que resulta un xic reductivista fer-ho, que l’experiència comuna de resistència els ha unit dins d’un tot múltiple, és a dir, d’un etnosistema.
No en va, el conflicte ha estat sovint una potencial font d’etnogènesis, i en cas dels Nuba va tenir lloc (i encara té lloc) especialment en relació amb els Baggara, un etnosistema que també aporta llum sobre aquesta manca de correlació automàtica i universal entre llengua i ‘cultura’. Els Baggara s’identifiquen com a àrabs, i parlen aquesta llengua. Són musulmans, però no pas d’origen àrab, sinó pobles ‘autòctons’ lingüísticament arabitzats. La raó de que la condició ‘àrab’ (i la llengua) sigui l’eix de llur diferenciació no radica, al nostre entendre, en potencials emocions d’empatia col·lectiva en virtut de practicar una llengua (o grup de llengües, de facto) àrab, sinó en el valor opositiu o, millor, diacrític, que aquest idioma rep en la xarxa d’interaccions dels Baggara amb els pobles de llengua no-àrab però que comparteixen amb ells similars trets físics i, sovint, de semblants costums i tradicions socioeconòmiques.
Desplaçant-nos cap al Sudan del Sudan hi podem trobar d’altres casos interessants per al que la fita d’aquest escrit es refereix. Els Jaang (més coneguts a Occident com a Dinka), lluny de formar una unitat compacta llengua-cultura, constitueix un etnosistema de 16 grans grups ètnico-culturals, 38 parlars diferents i unes 20.000 unitats polítiques.
A la regió de l’alta Mesopotàmia, hom troba el grup ètnic dels Chahsavan, dins del qual es dos idiomes: uns parlen turc i són nòmades, d’altres són de llengua persa, i de religió Zoroastriana. Els Adjaris del Càucas parlen un dialecte georgià però son musulmans, i força Mingrelians de la mateixa àrea geogràfica,, tot i parlar una llengua pròpia, s’identifiquen com a Kartveli, és a dir Georgians.
  Dins de l’actual República de Níger, a la zona de Dogondoutchi, trobem l’exemple dels Arewa, anomenats Maouri per l’administració colonial francesa. Originaris de la regió del llac Txad, han adoptat, alguns d’ells, la llengua Haussa, mentre que d’altres parlen l’idioma Zarma. Els Arewa, “malgrat” tenir dues llengües, van conservar la major part de llur bagatge cultural tradicional, romangueren ‘animistes’, doncs van ser refractaris a la penetració de l’Islam. Per un altre cantó, els Tàrtars de Lituània no parlen pas llur llengua turca original, sinó polonès, signe diacrític que empren dins de l’etnosfera lituana,  conjuntament amb llur religió islàmica. De fet, tant a l’espai eslavo-oriental com al negro-africà, la idea d’associar un territori a una ètnia definida per la seva llengua era aliena a la concepció del seus sistemes polítics.
A l’actual Ucraïna, al seu cens de l’any 2001[4] aproximadament el 75 % de la població de la capital, Kyïv, responia ‘ucraïnès’ per referir-se al seu idioma nadiu (ridna mova), i un 25 % responia ‘rus’, mentre que a la qüestió sobre la llengua emprada quotidianament les respostes tenien aquests percentatges: sobretot rus (52 %), rus i ucraïnès (32 %), sobretot ucraïnès (14 %), només ucraïnès (4 %). Però encara hi ha més: potser la parla més estesa a Kyïv, però no pas exclusiva d’aquesta urbs, és el Surdjik (Cуржик), que originalment volia significar ‘pa fet de grans mesclats’, una ‘barreja’ de rus i ucraïnès. Un 20 % de la població d’Ucraïna l’empra en la vida quotidiana, que és a on la parla té raó d’ésser, i un 90 % té competències suficients com per emprar-lo com a ‘sociolecte’. Davant d’aquest complex panorama lingüístic resulta interessant saber com aplicar-hi la visió essencialista de llengua=cultura. I molt més si, tal i com succeeix, els ucraïnesos kyïvians de llengua russa no deixen pas de concebre’s, creure’s i, per tant, ésser, ucraïnesos, no pas russos.
Per un altre cantó, els Kede que habiten prop dels rius Níger i Kaduna, a la frontera sud de l’antic sistema polític de Nupe (actual Nigèria), parlen el dialecte anomenat per la majoria de grups de la zona com a Nupa, que es convertí en llengua de l’emirat de Nupa, però l’organització política diferencial dels Kede els configura com a etnosistema diferenciat. Hi insisteim: és sovint la voluntat política la que genera grups específics, més que no pas la llengua. La història política, per exemple, ha generat dos conjunts etnosocials diferents, Txec i Eslovac, malgrat que llurs llengües són properes. Les vicissituds territorials i polítiques fan que, tot i que, per la seva fonologia, lèxic i estructura, l’idioma fulfuldé no presenti amb cap altra llengua una semblança igual que amb el seereer, els etnosistemes Pël que parlen fulfuldé estiguin clarament diferenciats del conjunt de col·lectius Serer.
Un altre exemple de ‘dissimetria’ entre llengua i ‘identitat cultural’ és el proporcionat pels albanòfons ortodoxos de Grècia, els quals no només es consideraven com a Rum (és a dir, cristians), sinó com a veritables Grecs. El rol d’aquests grecs albanòfons en la guerra d’independència grega va ser cabdal. Resulta significatiu que els súbdits cristians ortodoxos de l’Imperi otomà, de llengua turca, albanesa i vàlaca (aromanesa) simpatitzessin per igual amb la independència grega, mentre que els musulmans de Creta, de llengua grega, donaven suport a l’Imperi otomà. En el cas dels Grecs presents al sud d’Ucraïna, especialment a la zona de Mariupil’, l’any 1970 un 91 % d’ells eren russòfons, i només un 7 % parlaven grec. A la zona de Crimea, a més, alguns Grecs parlen Turc com a llengua pròpia. I l’intercanvi de poblacions entre els estats-nació grec i turc als anys 1920 es va basar en criteris religiosos, no pas lingüístics. Molts dels turcs desterrats de Creta eren els descendents dels que havien apostatat de l’Islam al segle XVII, i que van arribar a Turquia parlant només grec. Per contra, Grècia va rebre els Karamanli, cristians ortodoxos, però de llengua i cultura turca. En termes d'auto-percepció, en termes d'auto-identificació, en termes de la construcció social de l’etnicitat, de l’auto-definició d'una entitat social, la religió, és a dir, el cristianisme ortodox en relació amb l’Islam, constitueix la pedra angular de la distinció entre Grec i Turc.

A Dakar vam poder comprovar in situ que força joves s’autodefineixen com a Tukulër tot i que només parlen Wolof i no pas Hal-Pulaar. De forma similar, la gran majoria de joves Kazakhs parlen rus, i no per això s’identifiquen com a tals. Les comunitats Yarsé (Jula) que des del segle XVI comercia pel país mossi a l’actual Burkina Faso, van abandonar la llengua manding, i adoptaren la llengua dels Mossi, però continuen diferenciant-se per llur condició social (diàspora comercial), llur adhesió secular a l’Islam i llur etnònim, l’adhesió al qual connota l’existència d’una consciència social diferenciada. Tot i que parlin la llengua dels Mossi (el moore), no són pas Mossi, sinó Yarsé. A més, entre els Jalonké de Mali i Guinea Conakry, en concret els de la zona de Bouré, han deixat de parlar la llengua mandé que enraonaven, tot i que al territori veí de Ménien encara la parlen.
Els Kagoro (Malí) són un grup social en arxipèlag, situat en un espai de frontera forjat entre els territoris Soninké i Bàmbara. El veritable ‘cor’ del món Kagoro, la ciutat de Debo-Kagoro, acollí l’any 1998 una assemblea pan-Kagoro que aplegà representants de més de 70 poblats. Aquesta efemèride va ésser aprofitada per a inaugurar una mena de ‘parlament’ kagoro, i la llengua emprada en les reunions va ser, essencialment, el Bàmbara.
Pel que fa als diversos etnosistemes d’origen Haussa (nord de Nigèria, sud del Níger), cal dir que existeix una parla compartida per tots els grups, la llengua és força homogènia, tot l’existència de nombroses fronteres polítiques precolonials. Entre els etnosistemes Somalis, l’existència d’una parla comuna no ha fet pas desaparèixer, ans el contrari, l’existència de marcades fronteritzacions polítiques. La llengua comuna, novament, no és garantia instantània d’unitat ‘cultural’, política, ni molt menys ‘afectiva’...
Entre els pobles de llengua Idoma (Nigèria) predomina una gran fragmentació cultural i política, tot i compartir la mateixa parla. En canvi, l’ètnia BaKongo agrupa col·lectius que parlen un gran nombre de llengües: kintandu, kindibu, kiyombe, kiladi, kimanyanga, kimfunuka, kisingombe, kiwumbu, kimbanza-manteke, etc...
Traslladant la nostra atenció vers el vessant septentrional de la serralada del Caucas, observem que l’heterogeneïtat lingüística de la zona no es contradiu (ans el contrari) amb la seva condició d’ecumene, és a dir, d’àrea de gran interacció social: tot i l’existència de llengües i dialectes diferents, els caucàsics muntanyencs del nord són essencialment un únic poble amb un bagatge cultural comú.
Per un altre cantó, el fet que el 92% dels senegalesos parlin llengües de la mateixa família (Oest-Atlàntica), no és sinònim de nació ‘compacta’ o homogènia (en el sentit d’estat-nació uniformitzat), ni de bon tros. I cal recordar que els independentistes Casamancesos empren el Wolof, l’idioma majoritari de l’estat senegalès, com a llengua de comunicació entre les diferents comunitats ètniques que composen la Casamance.
D’altres exemples que corroboren aquesta relació complexa i en absolut sinonímica entre ‘llengua’ i ‘identificació cultural’, el trobem en els etnosistemes del nord de Myammar, l’antiga Birmània. L’etnosistema Kachin, per exemple, compta amb quatre grans llengües que, en conjunt, configuren una galàxia de més de vint parles diferents. En alguna aldea Kachin de només 130 cases, per exemple, s’arribaven a parlar sis llengües ‘maternes’ diferents. Així, la vila de Hpalang, que configurava un únic sistema social, força cohesionat, format per 500 individus, incloïa persones de parla jinghpaw, gauri, atsi, maru, lisu i xinès.
Seguirem ara l’antropòleg britànic E. R. Leach per a ampliar les nostres argumentacions. Tots els inventaris oficials cataloguen als parlants de maru, lashi, szi, mingtha, hpong, nug i lisu sota encapçalaments diferents que els parlants de kachin. Per molt lògic que això pugui semblar als lingüistes, etnològicament és absurd. Els lingüistes han suposat que el grup de població que, objectivament considerat, parla la mateixa llengua, constitueix necessàriament una unitat de summa importància. La meva pròpia experiència de camp em convenç que el Kachin mitjà, com l'anglès mitjà, està agudament atent a les diferències de dialecte i fins i tot d’accent; però els valors que concedeix a aquestes diferències no són els del gramàtic. Ja que se suposa que raça, cultura i llenguatge coincideixen, es podria esperar que els Palaung fossin culturalment molt diferents dels seus veïns Shan. Però en realitat els Shan i els Palaung es casen entre si, i, pel que fa a cultura en general, els Palaung estan molt més a prop dels Shan que de qualsevol altre poble dels turons de la zona. A més, els Palaung i els Shan són membres d'un sistema polític comú. Mentre alguns Kachin semblen ser excessivament conservadors pel que fa a la llengua, uns altres semblen gairebé tan desitjosos de canviar de llengua com un home podria estar-ho de canviar de vestit.

En molts casos, doncs, com també té lloc entre els grups lingüístics de l’àrea cultural Akan (Àfrica occidental), els grups lingüístics no tenen significació pel que fa a la percepció dels pobles sobre si mateixos. Per a aquest, en aquest exemple concret, és l’Oman  (és a dir, el Native State, com s’anomenaven en l’època de l’indirect rule britànic) on existia un sentit, una consciència, d’unitat social i política.
Parem ara atenció a la franja de Caprivi, situada al nord-est de l’estat de Namíbia, ha tingut lloc una etnogènesi ‘Capriviana’ que és un bon exemple de la potència ontològicament gestant dels límits fronterers, per molt artificial que pugui ésser l’origen de llur traçat. Potència que, en el cas dels Caprivians, condensa col·lectius amb diferents idiomes (fwe, subia, totela, yeyi...) i que troben en la llengua lozi (com els casamancesos en el Wolof) la lingua franca
Per una altra banda, entre els Mordvins del Volga hom parla dues llengües pràcticament inintel·ligibles, el Moksha i l’Erza. També el conjunt etnosocial dels Tubu, al centre del Sàhara, compta amb dos grups, els Teda i els Daza, que parlen idiomes mútuament inintel·ligibles. En una altra direcció, els Tallensi i els Mamprusi de l’actual Ghana, tot i ésser dos etnosistemes diferenciats, parlen un mateix idioma i, ans el contrari, els Mao d’Etiòpia estan formats per dos grups que parlen idiomes diferents.
En els pobles dels Balcans la no-correspondència entre llengua i grup social (és a dir, ètnia), sovint és múltiple: per un cantó, pobles ‘units’ per la mateixa llengua serbo-croata estan més o menys nítidament diferenciats a partir d’altres fronteres diacrítiques (Croats, Serbis, Musulmans (Bosnjaks), Montenegrins). Per una altra banda, pobles com els Vàlacs, de llengua original Aromanesa, s’identifiquen a vegades com a Serbis en base a la seva comuna adscripció cristiana ortodoxa, de la mateixa manera que, antany, molts albanòfons s’identificaven com a ‘Turcs’ en tant que sinònim de musulmà, i etnònim socialment prestigiós; a més, cada conjunt etnosocial que comparteix la llengua serbo-croata està internament travessat pels nombrosos dialectes desenvolupats a la zona des del segle XII. Dels gran conjunt de dialectes Štokavians, l’Hercegoví Oriental (parlat pels Serbis, Bosnians musulmans i Croates del sud de Dalmàcia i parts d'Hercegovina de l'Est) i els dialectes Zeta (Montenegrins), són de la variant ijekaviana. El dialecte Occidental (parlats per Croates i per Bosnians musulmans) i l’Eslavonià (parlat per Croates) són de la variant ikaviana. Pel que fa a la variant ekaviana, està present entre els Serbis (excepte a la zona de Sumadija-Vojvodina, i Kosovo-Resava), però també, en certa mesura, en els altres grans blocs dialectals: el čakavià (conjunt de parles enraonades per Croates), el kajkavià (també parlat per Croates), en el torlak (parlat sobretot per Serbis), així com en l’idioma eslové, el búlgar i el macedoni. Novament comprovem aquest reguitzell de variants lingüístiques no tenien pas una correspondència unívoca ni directa amb les identificacions de caire etnonacional.
          Sense moure’ns dels Balcans, existeix l’exemple del Bunjevci, un petit etnosistema del nord de Sèrbia, sovint ‘assimilats’ als Croates per l’aplicació dualista de ‘llengua serbocroata + religió catòlica = croata’. La majoria dels Bunjevci continuen definint-se com a tals tot i llur llengua croata[5]. I no estem pas davant d’un fenomen nou, sinó que la identificació Bunjevci i, fins i tot, el reconeixement de la pertinença a un idioma Bunjevac (‘objectivament’ inexistent…) va ser massiu fa prop d’un segle a la ciutat de Subotica (nord de Sèrbia) on, en el cens Austro-Hongarès del 1910, més de 33.000 persones (la gran majoria) van declara el Bunjevac com el seu idioma nadiu…
Continuant per terres balcàniques, podem fer referència a un altre exemple només a primera vista contradictori: tant a Macedònia com, sobretot, a Kosovo (molt en especial a la ciutat de Prizren) existeix un etnosistema albanoturc, literalment. Dins la mateixa ‘comunitat cultural’ coexisteixen dues llengües (turc i albanès) i dues ‘cultures’ (turca i albanesa), sense que suposi cap mena de problemàtica ‘esquizofrènica’, ans el contrari: sobretot a Kosovo, els albanoturcs són una mena de grup-frontissa, imprescindible en tota situació intercultural travessada per línies de força d’una elevada tensió conflictiva.
Per un altre cantó, i retornant a un cas ja abans esmentat, la llengua somali no ha reeixit a crear una comunitat de consciència diguem-ne que pan-Somali que sublimi el conjunt de diferents col·lectius que parlen l’idioma. Encara més: les qüestions relacionades amb l'idioma somali segueixen essent controvertides i confuses. La majoria dels nòmades d’avui en dia parlen la variant Maxa, oficial, mentre que els grups agropastorals parlen diversos idiomes o dialectes, com ara el Mai, Jiddu, Dabarre, per esmentar només uns pocs. Així, les parles Reewin difereixen tant de la llengua parlada al nord de Somàlia com ho fan el castellà i el portuguès, donat que la separació entre ambdós grups durant 1500 anys han generat una procés de mutació lingüística. Resulta interessant destacar que als anys cinquanta del segle XX, quan el Territori en Fideïcomís de Somàlia va ser consultat per les autoritats colonials britàniques al voltant de quin hauria de ser el seu llenguatge en el futur, l’idioma àrab va ser l’escollit, i amb un suport absolutament aclaparador.
Resulta també significatiu que després de la seva unió amb Polònia, el Gran Ducat de Lituània adoptés un dialecte eslau oriental (que més endavant esdevindria l’idioma belarús, al nord, i ucraïnès, al sud) com la llengua administrativa. Entre els diversos grups pertanyents a l’etnosistema Masa del nord del Camerun trobem que els les Masa-Bahiga  parlen la mateixa llengua que els seus venis Murgum, que també és la mateixa que parlen els Mului del sud del Txad. I entre els Fula del Wasulu (sud de l’actual Mali), tot i continuar amb llur identificació ètnica (Wasulunka), han adoptat la llengua i la cultura dels seus veïns Bàmmana.
Els Massai de l’Àfrica occidental parlen 16 idiomes diferents. Els Baraguyu, que parlen Massai, no es consideren membres d'aquest etnosistema; en canvi, els Koré que parlen somali, s'identifiquen com Massai ...
Entre els albanesos, trobem dos idiomes (Gheg i Tosk) i quatre religions, el fundador d'una de les quals, els bektashi, va arribar a Anatòlia al s. XIII des de l'Khorasan, a la frontera nord-oriental de Pèrsia (actual nord-oest de l'Afganistan)
Els actuals Urum del sud d'Ucraïna parlen turc, però són cristians i es defineixen com grecs (Rum, rumi: grec, cristià, en llengua turca i també en àrab ...). Són 'objectivament' idèntics als Gagauz de Moldàvia i Romania, és a dir, cristians turcòfons, però l'etnogénesis inicial dels primers es va donar en una Crimea de etnosfera musulmana (tàtars, sobretot), el que va portar a incidir en la seva condició cristiana al compartir similars llengües turqueses, els Gagauz han conviscut amb cristians, com ells, però de llengües indoeuropees (romanès, búlgar, ucraïnès), pel que han subratllat la matriu sociopsicològica de la llengua: s'autodenominen Gagauz Türkleri ...
Els Cosacs, que constituïren un eix simbòlic de la reestructuració nacional ucraïnesa, integren una complexa concatenació de etnosistemes que, centrant-nos només a la zona ucraïnesa, estan formats per persones de múltiples llengües: rus, ucraïnès, polonès, lituà, turc, txetxè, kabardí, adigué, tàrtar, calmuc, búlgar ...
Els Kurds parlen més d'onze varietats lingüístiques diferents i uns quaranta-cinc dialectes.Alguns activistes kurds de Turquia només parlen turc, i només parlen àrab alguns dirigents kurds de l'Iraq. Però la matriu d'identificació kurda és compartida per la majoria d'ells. Al Kurdistan iraquià, els Mahallami, grup muntanyenc arabòfon, s’autodesignen com a Kurds. En canvi, els Lurs i els Bakhtiar, tot i parlar una llengua propera al kurd, no es consideren a si mateixos com a Kurds. Com a exemple de complexitat identitària, podem fer referència als Armeni i als Tzíngar convertits a l’Islam i que adoptaren les llengües kurdes, als Turcomans que han adoptat la llengua kurda o, a l’inrevès, als Kurds que parlen turc, persa o àrab.
Els etnosistemes albanesos parlen quatre llengües gairebé inintel·ligibles entre elles (Tosk, Gueg, Arberesh i Çamëri) i, per si això fos poc, a Kosovo, en algunes famílies albaneses i, especialment, els albanesos de la vila de Pizren, hom empra el turc com a llengua. Ningú no podria dubtar de l’existència d’una identificació albanesa, dins d’Albània, i també a Kosovo, incloent-hi els albanesos kosovars turcòfons…
Tornem a l’Àfrica, en concret a Guinea-Bissau, on hom troba l’exemple dels Balanta, que comptem amb tres llengües diferenciades –naga, name i kantohe-, i dels  Manjak, grup etnosocial en el si del qual es parlen cinc idiomes: nok, baraa, tchur, lund, i yu.



BREUS CONCLUSIONS OBERTES



En base als exemples que acabem de presentar, tornem a remarcar que la llengua no és mai, a priori, ni un factor que ‘uneixi’ als individus formant societat, ni encara menys un element primordial en la configuració d’una suposada ‘cosmovisió’.

Més enllà d’això, la fórmula “una nació : una llengua”, no només és fruit d’una visió essencialista i culturalista de la ‘llengua’ (equiparable a la ‘raça’[6]), sinó que constitueix un intent, nítidament jacobí en el fons, d’uniformitzar els sistemes socials i les diferents formes de dir, fer i pensar (també de base lingüística) que existeixen en el si d’un poble. Ni més, ni menys.



[1] Es tracta d’un idioma pertanyent al conjunt de sistemes lingüístics Torlak, situats en les àrees de la frontera entre les llengües sudeslaves orientals i occidentals, a cavall entre Kosovo, Albània, Bulgària i Sèrbia, amb un petit enclau (el Karašovani o Caraşoveni) situat al sudoest de Romania.
[2]   No està de més subratllar que les desqualificacions ‘doctes’ i ‘expertes’ en relació a les noves llengües que sorgeixen, i que abominen de llur ‘artificialitat’ o ‘arbitrarietat’, es dirigeixen només cap al ‘macedoni’, el ‘montenegrí’ o ‘bosnià’, no pas cap a l’alemany o l’italià, per exemple. L’excusa que aquestes dues llengües artificials (sobretot la primera) són idiomes estàndard de força recorregut històric i dilatada producció literària només fa que confirmar una jerarquització de les cultures (i de les llengües) d’arrel historicista (quan més anys d’alta cultura, millor), evolucionista (si tenen estat propi des de fa temps, més amunt estan en la piràmide del progrés humà…), i quantitativa (quan més nombre de parlants tingui, millor). Pures excuses, cal insistir-hi, sense legitimació més enllà de llur pròpia dinàmica de posar etiquetes, discriminar entre cultures superiors o inferiors, i repartir diplomes de ‘racionalitat’.
[3] Això s’observa diàfanament, sense anar més lluny, a Catalunya, a on (agradi o no) àmplies capes de la població connecten la ‘catalanitat’ a la possessió d’un cognom de suposades arrels medievals (tot i que alguns d’aquests cognoms són, en realitat, occitans, francesos i aragonesos). I això a despit, o oblidant conscientment, la gran quantitat de catalans amb cognoms d’arrel ‘medieval’ que van passar-se a l’idioma castellà durant l’època franquista i que durant la guerra civil, exiliats a Burgos, van aportar suport financer als feixistes…El primordialisme culturalista continua essent un vel massa espès per a copsar processos interculturals complexos i ambivalents.
Cal afegir que en el cens es recull quelcom que faria espantar a molts ‘gestors de la diversitat’ de casa nostra: a Ucraïna existeixen 130 col·lectius etnonacionals diferents (11 d’ells, de més de 100.000 persones cadascú…)
5 Els Bunjevac reivindiquen l’existència d’una bunjevački jezik  (‘llengua bunjevaci’).
[6] En determinats nacionalismes identitaris xenòfobs, el cognom és vist com a significant que expressa un reguitzell de significats, sovint intercanviables entre ells, doncs remeten a una mena de realitat transcendent, substancial, que impregna el caràcter d’aquells que la posseeixen i als que posseeix: raça/cultura, sang, estirp biològica, vinculació mitològica/històrica amb l’origen de la identitat genètica, la qual sembla com reflectida, coagulada, en el cognom.