divendres, 23 de gener del 2026

NUESTRO PUEBLO NO ES EL SUYO. APUNTES SOBRE EL NACIONALISMO ESENCIALISTA A PARTIR DE UNA PUBLICACIÓN DE LA GENERALITAT DE CONVERGÈNCIA...

 

NUESTRO PUEBLO NO ES EL SUYO.

APUNTES SOBRE EL NACIONALISMO ESENCIALISTA

A PARTIR DE UNA PUBLICACIÓN DE LA GENERALITAT DE CONVERGÈNCIA...

(versión editada de un artículo escrito en 2015)

Joan Manuel Cabezas

joanmanuel.cabezas@gmail.com


INTRODUCCIÓN

 

Como ya sabrán los que hayan leído los escritos que he ido creando, mi formación académica está circunscrita, en cuanto al ámbito de especialización, a las identificaciones colectivas, la etnicidad, incluyendo la su variante moderna (el nacionalismo) y las múltiples escalas donde se despliegan sus múltiples vertientes: los ecosistemas sociales.

Es en base a esto que trato de aportar mi grano de arena en la construcción (necesaria y urgente) de una nueva hegemonía social y cultural que vaya más allá de la hegemonía del nacionalismo esencialista.

Mi óptica deriva del conjunto de elaboración académica de la que acabo de hablar, que continúo reconstruyendo en contacto con el trabajo de campo (etnografía), sin el cual es imposible catalizar y metabolizar la realidad cualitativa, real, de las poblaciones, y transformarlas en apuestas políticas de emancipación.

Allá por el año 2014 comprobé como la nueva perspectiva teórica que defendí durante la construcción de mi tesis doctoral es perfectamente aplicable en este trabajo de construcción, entre otros objetivos, de una nueva identificación colectiva.

En mi opinión, la aplicación del este aparato conceptual alternativo tal vez puede complementar cuestiones relacionadas con qué, cómo, para qué, quién, y de qué forma dejar de lado la idea de ‘pueblo catalán’ (Volk) nacida del nacionalismo burgués, y que vivió una macrocefalia aberrante a partir del “processisme”[1]. Sí, lo de los monstruos del interregno de los que hablaba Antonio Gramsci. Un problema añadido, y fundamental, es que estas aberraciones están en la base de unos gobiernos que generan el sufrimiento de cientos de miles de personas y la continuación de la masacre contra las clases trabajadoras.

He creído conveniente hacer mención de esto para enmarcar y de explicar el por qué, la razón, de este escrito. El ‘processisme’, modulación del pujolismo en pleno interregno entre hegemonías, es una derivación directa del pensamiento pujoliano, él mismo una síntesis del nacionalismo burgués ya a su vez sintetizado por Prat de la Riba. Una ideología nacionalista esencialista, pues esencialista fue la base del nacionalismo burgués catalán, y así continúa hasta el día de hoy, con lamentables incursiones en dicho nacionalismo por parte de geografías del pensamiento pretendidamente de izquierdas ...

Puede que haya quien todavía se puede dejar engañar por el inicio famoso mantra (es catalán quien vive y trabaja, bla, bla ...), siempre citado a medias, por cierto, mantra que quizá ha hecho creer de verdad a alguien en que el nacionalismo esencialista digamos que pujoliano era ‘integrador’ y ‘abierto’. Aquello fue otro farol más. Son especialistas. Dejémoslo aquí ...

Vamos de cara a barraca. Repasando materiales diversos, he topado con un libro que tenía medio olvidado, y allí he encontrado un pequeño escrito pujoliano que reconozco que en su momento no había leído. Supongo que porque el libro en cuestión no es mío, sino de mi hermana Maite, que lo recibió como regalo al terminar 8º de EGB ...

Antes de meterme en materia, aclarar que si cargo contra algo es contra la idea de ‘pueblo -Volk- catalán’ que ha conseguido convertir el racismo cultural en sentido común, contra el nacionalismo esencialista (el único que hoy en día hay en Cataluña) como ideología que, por sí misma, además de que genera exclusión y explotación, la perpetúa, pues es la máquina ideacional que necesita el sistema depredador capitalista para legitimarse/sacralizarse/naturalizarse. Queda dicho.



[1] Nombre con el que designo una especie de tercerposicionismo interclasista ultracapitalista hegemonizado por Convergència, que rezuma olor a pujolismo rancio por doquier, y que con el farol de una supuesta soberanía trata de asegurar la continuidad del dominio de las clases privilegiadas, convirtiendo dicho ‘deseo’ en una eterna espera (los lacanianos tienen tema para analizar)


EJEMPLOS DE NACIONALISMO GENETICISTA Y ESENCIALISTA EN EL LIBRO REGALADO A LOS ESCOLARES CATALANES EN JUNIO DE 1990...

 

El texto del Pujol-Presidente lo encontramos en las páginas 5-6 de La naixença de Catalunya, 878-1978, libro editado por la Fundación Jaume I, en Barcelona, en marzo de 1990. De hecho, como reza el texto del editorial, se trata de una 2ª edición revisada (el original era de 1978).

Hay que remarcar que de esta edición corregida se hicieron 108.000 ejemplares, todos ellos distribuidos gratuitamente a los chicos y chicas que acababan la EGB en Cataluña, a través de los Centros de Recursos Pedagógicos y del propio Departamento de Enseñanza de la Generalitat de Cataluña:

No pretendo hacer una exégesis rigurosa del libro. Sólo hablaré de algunos aspectos que parecerían delirantes y arcaicos si no fuera porque una parte no anecdótica del actual nacionalismo esencialista comulga con ellos a inicios de 2026.

 

No es casual que el entonces Consejero de Enseñanza, Josep Laporte, deje bien claro en las líneas de presentación del libro que este nace para aleccionar[sic] jóvenes de catorce años que, dice, son forjadores del porvenir, y que deben de considerarse como “componentes de la comunidad catalana”.

Asimilacionismo jacobino francés y comunitarismo esencialista de raíz germánica, todo en uno: por un lado, no deja opción a los jóvenes obsequiados con el libro: son/tienen que ser parte de la ‘comunidad’ catalana. Por otra parte, emplea un concepto nada inocente, el de ‘comunidad’ (la Gemeinschaft del nacionalismo esencialista germano), también usado muy a menudo por el actual presidente accidental de la Generalitat, Puigdemont.

 

Y concluye el consejero sobre el contenido del libro remarcando que quiere que sea “un fiel compañero de viaje al que se pueda recurrir para alimentar el necesario aprecio del ciudadano para con su país”. ¿Qué país? Pues el que dibuja y contornea el libro.

 

Se trata del país construido desde arriba por los nacionalistas burgueses y recreado continuamente por las clases dominantes, escondidas bajo el velo de ‘el pueblo catalán’ para ocultar las verdaderas relaciones sociales y políticas ... Ideología, se llama.

 

También resulta significativo que el libro regalado a los adolescentes de Cataluña tenga sólo dos partes: la historia (más bien podríamos decir que mitología historicista) y los símbolos. Basta. Una especie de manual del tipo colección Le français sans peine o El español sin esfuerzo, pero dedicado a la Esencia o Ser catalán en formato breve y fácil (en teoría!) de digerir.

 

Dentro de la primera parte también se incluye el medio físico y ... el carácter nacional o personalidad catalana ... Y no hace falta decir que los símbolos serían la concreción figurativa de esta supuesta ‘personalidad ... Por eso son (y se continúa insistiendo hoy en día) ‘símbolos propios’, como la ‘lengua propia’ y otras propiedades de los ‘autóctonos’ ... Pero vamos a hacer un rápido vistazo a los textos regalados a la juventud catalana

 

Miquel Coll i Alentorn perpetró estos textos, que van de la página 8 a la 32. El abogado Josep M. Ainaud de Lasarte, cometió el resto. Por cierto: el primer autor era ingeniero industrial. Nada anormal en un país, Cataluña, que ha tenido y tiene dos ingenieros agrónomos como Directores de Inmigración de la Generalitat desde hace tres legislaturas ...

 

El inicio de la primera parte del libro es sencillamente aterrador. Supera cualquier planteamiento decimonónico. Y por goleada. Por miedo a que alguien piense que me lo invento, he escaneado algunos de los textos, aunque imagino que la profusión con la que obsequiaron a los escolares con este libro hará que sea fácilmente localizable en todo el Principado.

 

Primero, el señor Coll habla de la formación de la ‘personalidad’, formación a la que dice que concurren elementos genéticos y geográficos. Y los mezcla. Tal cual.

 

Antes de continuar, recordaremos que también empleaba un similar determinismo geográfico, tosco y casi caricaturesco, el ex Honorable Pujol. No en libros rubricados por él de forma individual, sino firmando como Presidente.

 

Por ejemplo, nos lo demostró de manera nítida en el texto de una introducción que cometió para un libro publicado nueve años después del que ocupa el interés de este artículo (la negrita es nuestra):

 

La manera de ser de cada pueblo presenta unos matices que derivan de su geografía. No hay duda de que el territorio del país ha contribuido poderosamente a hacernos tal como somos, a cincelar el carácter de nuestro pueblo. (...) Disfrutar de unos bienes materiales no debe estar reñido con disfrutar de otros bienes, del orden del espíritu, cuando ambos brotan de una misma tierra

 

Jordi Pujol, en: Borrás, B .; Parés, E. (dirs.) (1999) Libro de oro de los parques naturales de Cataluña, Generalitat de Cataluña, pág. 4.


Pero centrémonos en el texto que ahora nos ocupa. Como decíamos, Coll y Alentorn considera que la supuesta ‘personalidad’ catalana está amoldada en base a la biología (los genes) y la geografía. Y, en referencia a los elementos ‘genéticos’ que estarían en la base de la formación de la ‘personalidad’ colectiva ‘catalana, no se pierdan lo que viene ahora ...

Digamos que como chiste aberrante es bueno. Como texto oficial, institucional, regalado a 108.000 escolares de 14 años, causa pavor. Pero seguro que más de uno se lo ha tomado en serio: sin ir más lejos, los que siguen afirmando la diferencia antagónica, absoluta y eterna entre el ‘carácter catalán’ y el ‘carácter castellano o español’.

En base a la explicación de la influencia del suelo, el argumento sería inapelable, empleando una combinación aberrante entre determinismo biológico y geográfico que encontrarían ridícula incluso Gobineau y los padres de la raciología hace siglo y medio ... Insuperable .

 

En esta misma página, Coll y Alentorn también afirma lo siguiente:

 

 ”Nuestra fórmula étnica no es muy diferente de la del resto de la Europa occidental”

 

Cuando el señor Coll dice ‘fórmula étnica’ no habla, como hacemos algunos científicos sociales, del marco de identificación social (ethnos significa ‘grupo social’), sino que emplea ‘etnia’, de manera errónea, como eufemismo de ‘raza’, de estirpe genética, de linaje de origen ‘biológico’.

 

Y dice “nuestra fórmula étnica”: la de los que son parte del Ser catalán ¿no la de los que llegaron después de que la fórmula apareciera? Por lo que deduzco, parece ser que no ...

Todo ello no es algo nuevo, ni mucho menos: es el viejo supremacismo esencialista, racista, que trata de acercarse a Europa ‘blanca’, ‘germánica’, y dejar de lado posible vínculos con, por ejemplo, los pueblos considerados como ‘demasiado meridionales’, con el pasado musulmán de Cataluña, y / o con las vinculaciones, incluso, con los pueblos latinos.

Tal cual. No lo digo yo, lo dice Artur Mas (las negritas son mías):

 

“El ADN cultural catalán está mezclado con nuestra larga pertenencia al mundo franco-germánico. En definitiva, Cataluña, doce siglos atrás, pertenecía a la marca hispánica y la capital era Aquisgrán, el corazón del imperio de Carlomagno. Algo debe quedar en nuestro ADN, porque los catalanes tenemos un cordón umbilical que nos hace más germánicos y menos romanos

 

http://www.lavanguardia.com/magazine/20120224/54258645650/artur-mas-generalitat-psoe-pp-cataluna.html

 

Continuando con el libro, observamos que en la página 10 el señor Coll y Alentorn habla del temperamento catalán. Dejando otra vez casi como líderes del nacionalismo cívico a los inventores de la idea de Volkgeist ...

 

 

“Este tipo de territorio crea un temperamento extrovertido, de marcado individualismo”

 

 

El señor Coll, como el resto de nacionalistas burgueses hasta la actualidad, asocian el supuesto ‘temperamento’ catalán a los valores que supuestamente son propios de su clase social.

Nihil novum sub sole. Pero más de 100.000 personas, y sus familias, pudieron tener acceso a este texto. Que, más allá de su contenido, y por si esto fuera poco, era un libro oficial, encargado y hecho con su dinero (por lo tanto, no era un ‘regalo’).

(Por cierto: ¿todavía hay alguien que crea que lo que está haciendo el processisme con el dinero de todos es una novedad?)

 

La contraposición con este pretendido ‘temperamento’ catalán sería, como también algunos (o muchos) afirman ahora ... el ‘temperamento castellano’: “el criterio uniformista castellano”, decía Coll i Alentorn ...

 

El resto de las páginas escritas por Coll son una serie de lugares comunes de la historiografía misticoide, donde por ejemplo parecería como si en Baleares y Valencia no viviera nadie cuando llegó el genocida de Jaime I y sus aliados.

 

 

Nos quedamos con la frase con la que el autor concluye su aportación al libro, con letras destacadas en negrita en el texto original (los subrayados son nuestros):

 

 

“Acabamos con ello esta serie de datos e informaciones en relación con la plasmación de nuestra personalidad collectiva. Quizás lo que precede es suficiente para que los catalanes sepan en qué cantera han sido tallados”.

Es difícil encontrar un ejemplo más diáfano de nacionalismo esencialista que éste. Y por mucho que se diga lo contrario, es obvio que una parte no minoritaria de cierto processisme sigue pensando lo mismo: el Ser catalán fue tallado, ya está hecho, ya está cincelado y construido ...

Quien se quiera incorporar en esta esencia, en la sustancia de la ‘personalidad catalana’, debe hacerlo asimilándose a la misma, aunque siempre tendrá la ‘tara’ originaria de no haber sido cincelado en la misma cantera que los catalanes ‘autóctonos’ y / o que los catalanes que cuentan con todos los rasgos identitarios ‘propios’.

De forma subliminal, se coloca a la gran mayoría de la población ante una perspectiva radical: o aceptar los valores que le propone la clase dominante o ser excluida de la catalanidad. Esta era y es la receta del nacionalismo esencialista en Cataluña. Por ello, y muchas más razones, hay que construir otras vías ...

Como ya hemos dicho, la segunda parte de este manual escolar está consumada por el señor Josep M. Ainaud de Lasarte. Licenciado en Derecho, fue asesor personal de la Colina en el ámbito cultural, y desde sus inicios (1974) estuvo vinculado a CDC. Cuando cometió este texto era concejal del ayuntamiento barcelonés. En 1978 publicó un libro, Símbolos de Cataluña, del que su aportación a este manual pujolista parece ser una especie de refrito.

Ainaud se encarga de repasar y ‘explicar’ lo que él (y el resto de los nacionalistas esencialistas) dicen, nos dicen, nos ordenan, que son los símbolos propios de Cataluña.

De hecho, el autor material del texto dice que son símbolos con los que está identificada ‘la realidad inmortal de Cataluña’ (pág. 33). Poca broma:


Los símbolos escogidos en el libro por el gobierno nacionalista de Pujol, a través de Ainaud, son una mezcla de elementos figurativos y de fechas históricas: las cuatro barras, Sant Jordi [sic], el himno de los Segadors, el Corpus de Sangre , el Once de septiembre ...

Son ‘símbolos’ siempre atravesados y llenados por interpretaciones ideológicas, es decir, hechas a conveniencia de los intereses de la clase dominante que los elige y dota de significado. El revoltijo nacionalcatólico de símbolos incluye el Pi de les Tres Branques[1], la sardana y ... la barretina. Y todavía hay quien dice que el pujolismo no era y es folclórico ... Y sí, digo nacionalcatólico: aparte de que el texto llama la abadía benedictina de Montserrat como “el verdadero santuario nacional de Cataluña”, le dedica 6 páginas enteras ...



[1] Árbol situado en el Prepirineo barcelonés, y que desde hace alrededor de un siglo simboliza, con sus tres grandes ramas, a los tres ‘Países Catalanes’ (Cataluña, País Valenciano, Baleares)


EL TEXTO, INSTITUCIONAL, HECHO POR EL PUJOL-PRESIDENTE



Como vemos, Pujol firmó como M.H.S. (Molt Honorable Senyor) Presidente de la Generalitat de Cataluña. Y es significativo que todo el rato hable en nombre del (de su) pueblo catalán: ‘nosotros’, ‘nuestro’, ‘nos’, ‘sabemos’, ‘queremos’, ‘somos’, ‘creemos’, ‘aspiramos’ , ‘luchamos’, ‘seremos’, ‘hemos’, ‘podemos’ ...

Hoy, los de CDC y satélites, el processisme, hacen exactamente lo mismo, no lo olvidemos. Pujol, y ahora el processisme, se convierten en una especie de actualización de la figura del señor solariego para el que toda Cataluña es su latifundio. Por eso mismo hablaban, y hablan en nombre del pueblo catalán y de Cataluña. Algo antagónico con cualquier republicanismo ...

El texto introductorio al libro del que estamos haciendo alusión vuelve a confirmar lo que considero que es notorio y conocido: Pujol tomó directamente el testimonio del nacionalismo romántico germánico de sus antepasados: el nacionalismo novecentista y el nacionalcatolicismo catalán.

Aunque es ciertamente pequeño y sintético (como su persona), este texto pujoliano es otro ejemplo contundente de nacionalismo esencialista/primordialista/substantivista. El esencialismo nacionalista se basa en muchos rasgos, presentes con mayor o menor peso estratégico: geneticismo, biologicismo, culturalismo, historicismo mitológico, supremacismo, racismo cultural, fundamentalismo, misticismo, moral cristianoide, organicismo, comunitarismo romántico, fetichismo lingüístico, uniformización sociocultural, etc ...

Pero este esencialismo también se fundamenta en lo particular subrayado que hace en la existencia de un ser, de un ser anterior a la misma sociedad, situado por encima de ella, una esencia, en definitiva, que en última instancia deriva Dios, o de la Naturaleza (o de la historia, los genes, la sangre o cualesquiera otras formas de poner un elemento esencial que justifique-sacralice-naturalice hechos que son siempre sociales, construidos y complejos). Este acento que se pone en el Ser también se pone en el Carácter que toma este Ser. Un carácter nacional, forma de ser, derivada del alma del pueblo (Volkgeist), que no se tiene que ‘perder’ nunca y que se tiene que remitir a ‘raíces’ y ‘fidelidades’ primordiales.

Siempre encontramos la remisión a esencias, lo que implica la existencia de recursos simbólicos disponibles para llevar a cabo exclusiones y para delimitar el ámbito de la ‘catalanidad’ (de el “Ser –catalán-”), poniendo fuera de la misma o aquellos que llegaron cuando este Ser ya había cuajado, y/o los que no responden a esta manera de Ser y no se pueden considerar como catalanes en su Ser.

Ya lo dijo Jordi Solé Tura en 1967: creando esta ideología nacionalista esencialista, la burguesía catalana se arrogaba (y lo sigue haciendo) el derecho de delimitar quién es parte del ser de la catalanidad, y está imbuido por su Volkgeist, y quién no. Esta clase social fue la que lo trazó y caracterizar, y lo sigue haciendo en base a sus intereses políticos (es decir, económicos).

Veamos ahora algunas ‘perlas’ del texto que, como Muy Honorable Señor Presidente (detalle fundamental) escribió Jordi Pujol (las negritas que siguen son mías):

 

Para empezar, fijémonos en que en sólo dos páginas el señor Pujol menciona hasta cuatro veces, cuatro, el concepto voluntad de ser[1] ...

 

“Los pueblos no mueren si no pierden la voluntad de ser, y no suelen perderla si no pierden la convicción de la validez de sus valores y de sus fidelidades”

 

(¿Cuáles son estos valores y fidelidades? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ... ¿Para qué? ...)

 

“Queremos seguir viviendo porque somos un pueblo sano” (es decir: ¿hay pueblos enfermos?)

 

“No hemos sido ni somos un pueblo vulgar, y no lo seremos” (es decir: ¿hay pueblos vulgares?)

 

“Creemos que no es indiferente que Cataluña sea o no sea. No lo es, primero, por el hombre catalán. El hombre catalán necesita del hecho colectivo catalán -de hecho colectivo catalán operativo y eficaz-, capaz de dar a sus hombres una manera de ser”

 

(‘Hombre catalán’: ideosincrasia, carácter nacional, volkgeist ...)

 

Batería triple de voluntarismo esencialista: “Se necesitan aportaciones de fe, y de voluntad de ser”, “Somos conscientes de nuestra voluntad de ser”, “En Cataluña se libra desde hace siglos un combate que es el combate de la voluntad de ser”

 

Y un toque de nacionalcatolicismo: “Hay un futuro que está en manos de Dios

 

En base a este nacionalcatolicismo, Pujol habla del peligro de la ‘anemia espiritual’, y de que “un mundo sin fe, que hubiera olvidado sus raíces, sus fidelidades, por qué un día no debería suicidarse?” ( ‘patria o muerte’, versión solariega ....)

 

 

Y, por último, he aquí su conclusión:    

 

“Nadie tiene que dejar de ser lo que es”

 

 

Una frase que resume su texto y que aglutina la base del esencialismo nacionalismo. En cualquiera de los casos, una pregunta axial sería ésta: cuando Pujol afirma que ‘nadie debe dejar de ser lo que es’ .... Este ‘es’... ¿qué es? ¿Lo que ‘ellos’, los nacionalistas burgueses, quieran? Seguro. Sin duda.

Así ha pasado, y así sigue pasando con el actual ‘processisme’, reedición del pujolismo (nacionalismo esencialista) de siempre, readaptado a los tiempos y relleno de falso ‘soberanismo’. Entre el nacionalismo burgués de Torras i Bages, Prat de la Riba, Pujol, y la galaxia CDC + satélites (más conocida, insisto, como processisme), no hay ningún tipo de hiato, sino una nítida continuidad, pues son varias expresiones, varias formas, del mismo corpus ideológico. Del mismo ‘tronco’, como diría el propio Pujol. Ahora hablaremos.


DEL TRONCO CULTURAL A LA RED DE ECOSISTEMAS SOCIALES


Centrémonos en la vertiente que nos ocupa: las características digamos que ontológicas del ‘pueblo catalán’ (que el manual del que hablamos quería condensar para los escolares), y qué y quién incluía este Ser. Un ser que condensa: ‘cultura’, ‘lengua’, ‘historia’, ‘costumbres’, ‘creencias’, y todo el universo de tradiciones inventadas que caracteriza a los nacionalismos. Todos.

No debería extrañarnos que un nacionalista esencialista como Jordi Pujol tenga este tipo de obsesión por el Ser, por la ‘cultura’, es decir, por la ‘raza’, que siempre es cultural[2]. Y se podrá decir: ¿por qué este esencialismo culturalista? No por azar: simplemente, porque es perfecto para poner la ‘cultura’ como eje estratégico en la estructuración social, y sesgar la importancia de las relaciones sociales y políticas, es decir, económicas. Es decir: de clase.

En 1979 el propio Pujol participó en unas jornadas sobre inmigración, y también demostraba su profundo esencialismo: “el problema que tenemos fundamentalmente es el de saber si seremos o no seremos[3], y aporta lo que era y es la idea de un solo pueblo desde el punto de vista del nacionalismo burgués/primordialista: “una única conciencia de pueblo catalán”. ¿Sólo se puede una sola cosa? Parece ser que es lo que piensa, y lo que piensan: “que sea un pueblo, un solo pueblo, y un pueblo catalán[4]. Pujol repetía mucho los conceptos. Cataluña debe ser un ‘solo pueblo’, pero un ‘pueblo catalán’. Es decir, añado yo: definido en base a lo que el nacionalismo burgués considera que es catalán ...

Breve paréntesis. Hagamos un ejercicio de imaginación visual para poder captar la diferencia fundamental entre la idea de pueblo catalán que tienen ellos (los nacionalistas esencialistas) y la que tenemos los que nos adherimos a otro pueblo, y que tampoco entramos en el juego del nacionalismo esencialista español.

Para la tradición esencialista, el Ser del pueblo catalán es un tronco al que se pueden injertar aportaciones foráneas, posteriores a su nacimiento. Todo Ser nace. Algunos mueren, otros dicen ser inmortales, como hemos visto. Pero lo importante es que nace, y que todo el Ser actual se remite a aquella raíz, a aquel nacimiento.

De ahí la idea de incorporación en el tronco que es el pueblo catalán. Hasta que los ‘foráneos’ no se injertan, no son pueblo catalán. Hoy en día, injertar quiere decir bajar la cabeza ante el dogma processista.

Esta concepción implica que todo lo que no se injerte, no es parte del tronco. Queda listo el terreno para legitimar/naturalizar su exclusión, explotación o, como pedía Heribert Barrera, deportación. Esta sigue siendo la visión dominante, ya no hegemónica, insisto. A los escolares de 14 años se les entregó un manual pensado como vademecum o guía para comenzar a injertarse con el Ser. Por lo tanto, por pura lógica, siguiendo este punto de vista Cataluña no es un solo pueblo[5]. Si nos hemos de injertar en el tronco de los nacionalistas burgueses, ni ganas tenemos de ser un solo pueblo, sinceramente.

Una óptica tangencialmente distinta es la que proponemos: Cataluña no es un tronco y un ser, sino un espacio social complejo y plural que incluye multitud de escosistemas sociales con muy diversas formas de decir, hacer y pensar. Y todas ellas son parte del pueblo catalán, del pueblo trabajador de Cataluña. Nos une no un ser, ni una cultura-lengua-talante-raíces-costumbres-creencias-historia/mitología, sino un espacio social compartido y una lucha común para lograr ser una sociedad libre y emancipada.

 

Desde el momento en que un grupo y/o persona de una ‘cultura’ determinada está en el espacio social catalán, forma parte del mismo, y lo construye conjuntamente con el resto de grupos y gentes que coexisten en él. Ni troncos, ni injertos: una amalgama horizontal, hecha de interacciones sociales, y que constituye la base que genera, en un continuo proceso de autocreación, un pueblo intercultural formado por las clases trabajadoras de los territorios que llamamos Cataluña[6]. La autodeterminación no debería ser en clave nacionalista-culturalista, como los que aún tienen el poder en Cataluña quieren hacernos creer, sino en clave de clase.

Digámoslo claro: aquello de que ‘es catalán quien vive y trabaja ...’ en realidad quería y quiere decir: es catalán quien se incorpora en el preexistente ‘pueblo catalán’, diseñado y construido por el nacionalismo burgués, se une al tronco esencial:

 

     “El tronco de este país es catalán”.[7]

 

Por tanto, el ‘tronco’ (el eje) es catalán, ¿lo que implica que los que nos hemos (me incluyo) de adherir no lo somos? No para el Pujol y, por extensión, al nacionalismo esencialista:

 

   “Porque sólo hay en este país un tronco catalán y si es que saben todo esto, aquello, lo de más allá, lo que sea, muy bien, se injerta, pero las cosas que se injertan tienen que injertar con algo que ya existe, a un tronco que está sano, que ya está ahí, y este tronco en Cataluña o es catalán o no es”[8].

 

Cuando dice catalán sospecho que se refiere al contenido de los que definieron el Ser catalán (y que condensaron en aquel librito-regalo del 1990)

Fijémonos como aparece (al igual que en 1990) el término ‘sano’. Nada casual, pues el nacionalismo burgués catalán, como esencialista, es geneticista y organicista: como su primo hermano, el nacionalismo español esencialista, consideran que la nación es asimilable a nos corpóreo, un cuerpo, una entidad biológica que puede estar enferma o sana, y ser o no auténtica; por eso habla de “la construcción de una realidad catalana auténtica muy sólida”[9]. (Auténtica, es decir: suya ...) Y continúa con la metáfora biológica/organicista: “si la realidad catalana está enferma, no podemos integrar nada. Donde la realidad catalana ha estado sana, la gente se ha incorporado[10]. Emplea símiles biológicos y lo hace desde el supremacismo autoctonista ( ‘no podemos integrar nada’, ‘la gente se ha incorporado’), es decir: desde el interior del ser, mirando desde arriba (por supuesto ) como la gente se incorpora o no en un tronco que tiene que estar ‘sano’. Difícilmente encontraremos un esencialismo más descarado en la Europa contemporánea, y aún gobierna en Cataluña ...

En este (muy) esclarecedor texto del noviembre de 1979, Jordi Pujol deja bien claro el verdadero sentido de su famoso mantra. De hecho, lo repite hasta tres veces en pocas líneas (págs 221-222). Un sentido que mucha gente ha olvidado, o ha hecho como si olvidara. Y es este:

 

 

 

 

Catalán es aquél que vive y trabaja en Cataluña y que quiere serlo[11].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He aquí la verdadera fórmula del pujolismo, del nacionalismo burgués (esencialista, en Cataluña, por definición) y del actual processisme: el pueblo catalán (‘el tronco’) puede incorporar ‘quien tenga voluntad de Ser parte de una esencia preexistente. Mientras esto ocurre, no será parte del ‘pueblo’? Para ellos, no. No ‘de su’ pueblo.

Y así seguimos, con unos que hablan en nombre del pueblo catalán, y el resto permaneciendo de facto, fuera, se supone que hasta que nos incorporamos en su Ser ....

Jordi Pujol, en aquel otoño de 1979, apuntó el para él gran riesgo histórico que consiste en ver si podemos hacer de Cataluña un solo pueblo[12]. Por lo tanto, para ellos está ‘el pueblo catalán’ y el resto. Como buenos esencialistas ven el proceso de asimilación dentro del ‘tronco’ como un ‘riesgo’, pues no es ‘lo natural’, i.e .: la supuesta comunidad homogénea que nunca existió ...

 

Quizás aquí radica una de varias claves de la batalla cultural por la nueva hegemonía: ¿el ‘ser’?, ¿Qué significa ‘ser’? Ser ... ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? y .. ¿Para qué? ... ¿Y acaso hay que ‘ser’?

Tal vez sea mejor rehuir todo intento de convertir las colectividades en un ser y empezar a hablar de formas de decir, hacer y pensar, de las formas que toman las relaciones sociales, sin lugar a Ser que las configure y moldeado. Siempre desde arriba, claro. Como Dios manda ...

Mi conclusión, la que considero que no privativa de mi persona, sino, al contrario, cada día más extendida y numerosa, es ésta: nuestro pueblo no es el suyo. Ni hemos tenido ni tenemos que tener una única conciencia de pueblo catalán”, sino múltiples conciencias que se unan en la lucha por la libertad de todo el mundo que forma parte del pueblo trabajador de Cataluña. El ‘pueblo’ es la sociedad, el ‘pueblo’ son la constelación de ecosistemas sociales, la liberación de esta sociedad es, per se, la liberación del pueblo trabajador.

Su pueblo deriva del Ser primordial que ellos (los de siempre) delimitan e imponen. Es un ente abstracto, metafísico, misticoide, configurado por una ideología que tiene como interés primordial el de perpetuar el dominio de las clases privilegiadas. Y llevan 150 años así ...

Nuestro pueblo no es el suyo, es otro: es el pueblo trabajador de Cataluña. Un pueblo rotundamente intercultural, donde no hay ninguna voluntad de ser, porque no hay ningún ser ni tronco al que ‘integrarse’. La identificación es un vínculo vacío que se llena con las interacciones, con las conexiones entre grupos y personas, no un ente anterior a la acción social real, sino algo que emerge de esta acción y que nunca está ‘acabado’  y, por tanto, no es ninguna entidad ni esencia, ni remite a raíces, lenguas, hábitos, ‘fidelidades’, ‘mentalidades’, ‘formas de ser’, mitologías ‘históricas’, o ‘estructuras identitarias’ autóctonas a las que ‘injertarse’.

Un pueblo a cuyos miembros no necesitan ni ‘incorporarse’ ni ‘asimilarse’ a ningún Ser previo, pues forman parte constitutiva, pues lo han construido, y lo construyen de forma incesante.

Un pueblo trabajador que nace, continuamente, en la acción social real, en la interacción cotidiana. A ras de suelo. Un pueblo trabajador que parte de la realidad experiencial de las clases populares que conviven en los múltiples ecosistemas sociales de Cataluña, en contextos, situaciones, espacios sociales concretos, marcados no por ‘culturas’ previas, sino por las condiciones materiales de existencia.

Un pueblo trabajador que tiene, y tendrá, su fuerza, su cohesión, en base a la lucha social y política, en base a la defensa de los bienes comunes.

Somos los hijos de Espartaco, los hijos del Noi del Sucre, los hijos de todo aquél que haya luchado por la libertad de las clases trabajadoras. No somos los hijos de Wifredo el Velloso, de Jaime I, de Prat de la Riba, o de Cambó ...

Y algo más: para construir este no 'Volk' imaginario, sino 'populus' real, es decir, la clase obrera organizada, también hay que desvelar definitivamente, hacer caer la máscara, quitar el velo, de la ideología nacionalista catalana, alibi culturalista y racista que emana de su consustancial esencialismo. ¿Por qué? Pues porque detrás de este velo se esconde el núcleo de todo: la lucha de clases. Ni más, ni menos ...

 



[1] El nacionalcatolicismo catalán y su manía por el Ser es, de nuevo, deudor directo del culturalismo romántico alemán del s. XIX, el cual fue  (y es) la argamasa fundacional y básica del nacionalismo burgués catalán.

[2] Si se hojea el libro La Raça (1930), de M. Rossell i Vilar, se observarán muchos paralelismos con el nacionalismo esencailista de la tradición donde se inscribe CDC y otras geografías mentales, incluso supuestamente ‘de izquierdas’.

[3] Immigració i reconstrucció nacional (1980).- Jornadas organizadas por la Fundación Bofill en Barcelona (15-18 noviembre de 1979), Editorial Blume, Publicacions de la Fundació Jaume Bofill, Barcelona, págs. 217-21

[4] Ib., p. 221

[5] https://www.academia.edu/16407469/NO_SOMOS_UN_SOLO_PUEBLO

[6] https://www.academia.edu/16690868/PER_UNA_NOVA_HEGEMONIA.-_DE_LA_NACI%C3%93_IDENTIT%C3%80RIA_AL_POBLE_INTERCULTURAL

[7] Ib., p. 220

[8] Ib., p. 220

[9] Ib., p. 223

[10] Ib. P. 224

[11] Resulta significativo lo que dijo Heribert Barrera (ERC) en esas jornadas: “son catalanes los que, además de vivir aquí y trabajar aquí, quieren serlo (Ib., pég. 211). Resulta interesante repasar el texto de Barrera, atravesado per un nacionalismo racistoide (p.ex. “a fín de cuentas, la inmigración no ha aportado ningún beneficio para Cataluña”, p.213; “tiene que haber  integración lingüística para que pueda haber integración psicológica de verdad” (p.215)). Un racismo cultural bien presente hoy en día en algunos sectores del processisme.

[12] Ib., p. 221





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