dissabte, 27 de juny del 2015


LENGUA Y SOCIEDAD:
CONTRA EL ESENCIALISMO LINGÜÍSTICO

JOAN MANUEL CABEZAS LÓPEZ
Doctor en Antropología Social



1. LENGUA Y UNIFORMIZACIÓN SOCIAL


La Modernidad, entendida grosso modo como el proceso de uniformización acelerado bajo la batuta del Estado-Nación burgués, ha llevado a cabo una especie de fetichismo lingüístico que ha convertido en algo eterno y uniforme lo que siempre han sido sistemas de comunicación formados por gramáticas y estructuras lingüísticas en continuo cambio e interrelación, difícilmente delimitables de forma tajante. La tríada 'liberalismo'-Estado Nación-Uniformidad se ve condensada en la siguiente reflexión: la unanimidad necesaria para el funcionamiento de las instituciones liberales es imposible sin una lengua y una identidad nacional comunes.
Parece que la base de un estado moderno y, también, de un estado 'del bienestar', radica en el hecho de compartir un fuerte sentimiento de identidad nacional basada en una historia y en una lengua común. Dejaremos para otra ocasión el supuesto 'peso' (es decir, la excusa y justificación) que debe tener supuestamente la historia en la cohesión ‘identitaria’, y nos centraremos en poner en entredicho que exista esta correspondencia absoluta y universal: cohesión identitaria = una sola lengua compartida.
Noruega es una nación (y un estado) dotado de una gran 'armonía' de pertenencia, ‘a pesar’ de que se hablan al menos cuatro conjuntos de lenguas (Nynorsk, Bokmål -ambas oficiales-, Kven y varios idiomas Saami), y 'a pesar' que su larguirucho territorio nunca ha tenido una historia común 'demasiado larga’ (es independiente desde el 1905, nunca lo había sido antes).
Podríamos decir que la Confederación Helvética cuenta con una notable cohesión identitaria (como 'suizos'), aunque su historia se haya ido haciendo poco a poco durante varios siglos a partir de la progresiva incorporación de territorios, y que no haya una lengua única 'propia', sino un mínimo de cuatro (francés, alemán, italiano, romanche), aparte del Schwyzerdütsch ('suizo alemán', una lengua ininteligible en relación con el alemán estándar) y de algunos pequeños islotes de habla Franco-Provenzal y Lombarda.
Nada parecido, pues, a una estructura cultural basada en una lengua compartida, que se presenta como el modelo 'ideal' para la integración (asimilación, en realidad) de las 'diferencias', y que también está haciendo fortuna como fórmula uniformizadora de futuro en la mayoría de las geografías del pensamiento de España, incluyendo a Cataluña, por ejemplo.

Incluso desde posiciones sólo nominalmente apartadas del esencialismo (vg: el liberalismo cultural) se remarca la importancia o, aún más, la necesidad, de la preservación impecable, pura, de una lengua, siempre sin excesivos 'extranjerismos' ni préstamos 'externos'. Así, Charles Taylor se hace eco de W. Kymlicka a la hora de subrayar la necesidad de un lenguaje cultural íntegro y ileso con el que podamos definir y proseguir su propia concepción de la vida buena
En eso mismo estaría pensando Mustafá Kemal Atatürk y sus seguidores en la tarea de modernización de Turquía (en la vertiente más jacobina imaginable), cuando comenzaron el imponente tarea de extirpar de la lengua turca toda la retahíla de términos de origen exo-turco, es decir, miles de palabras procedentes sobre todo del árabe y del persa. Cuando empezaron este trabajo de 'reparación cultural', en los años 1930, sólo el 38% del vocabulario del idioma turco era de origen túrquico.
El mismo carácter unitario, uniforme, cerrado y fijo anhelado por el Estado nación moderno ha querido ser trasplantado a las unidades lingüísticas, convirtiéndolas, o tratando de convertirlas en entidades ajenas a los dinamismos sociales, casi fosilizadas y, en muchos casos, constituyéndose en verdaderas maquinarias de imposición de estructuras idiomáticas totalmente artificiales que han acabado con la gran diversidad lingüística que existía en muchos territorios.




2. EL MITO DE LA LENGUA COMO ‘NERVIO’ DE LA CULTURA.



A menudo se ha argumentado que el uso general del lenguaje común hace posible el entendimiento mediante el habla, acerca los corazones humanos, y se da un estado mental común que compenetra los miembros de un Volk. Hablar una misma lengua, pues, se ve como una razón casi metafísica y/o automática de unión, consenso, simpatía, identidad, concordia ... cuando esto sólo sucede en los casos en que un colectivo étnico o nacional tiene la lengua como referente diferencial en situaciones de conflicto y/o de interacción con otros colectivos e incluso en estos casos habría mucho que puntualizar.

Sólo recordando el terrible genocidio que tuvo lugar en Ruanda, que entre 1994 y 1995 causó 800.000 muertes en una población que no supera los 6 millones, hay suficiente para desmentir de raíz la idea de que la lengua proporciona una mística y mítica sensibilidad común que constituye el cemento primordial de una identidad. Hutu y Tutsi hablan exactamente el mismo idioma: el KiRwanda. Y, aún más: han tenido una historia compartida, historia compartida que es vista por el nacionalismo historicista (muy vinculado al fundamentalismo lingüístico), como condición básica para la 'cohesión' de un grupo. Y este no es el único caso, sino que estamos haciendo referencia a una especie de constante antropológica que se puede encontrar, por todas partes y siempre, en diversas modulaciones. A continuación veremos algunos ejemplos etnográficos e históricos que testimonian esta constante de la que hablamos.

En Nueva Guinea, la frontera que delimita comunidades humanas que hablan lenguas de la familia Anga también delimita un área en donde han existido conflictos violentos de forma mucho más frecuente que en otros territorios habitados por grupos que usan otros idiomas , con los que las interacciones (y, por tanto, también los conflictos) son bastante menos densas. Parece ser que la lengua 'común' no siempre 'acerca los corazones', al contrario ...

Bosnios Musulmanes, Croatas y Serbios hablan, todos, el mismo idioma ‘objetivo’, llamado Serbo-Croata, o Croata-Serbio. Aún más: los serbobosnios hablan exactamente el mismo 'dialecto' que los bosnios musulmanes. Los Montenegrinos (tanto los que apostaban por la independencia  como los que no) hablan el mismo idioma que Serbios, Croatas y Bosnios musulmanes. Esto no ha impedido, al contrario, que Montenegro se haya independizado de Serbia, como los ciudadanos expresaron en el referéndum del 21 de mayo de 2006. Como ha ocurrido a menudo a lo largo de la historia, la politogénesis (en su sentido de nacimiento de un estado (nación) o de una entidad política soberana) comportará el nacimiento de una lengua diferenciada, como ya ocurrió recientemente con el Bosnio (Bosanski Jezik, 'lengua bosnia'), está pasando con el Montenegro (Crnogorski) y, anteriormente, pasó con el Croata.
Esto implica que, en ciertos casos, detrás de una lengua se puede encontrar la voluntad política y el esfuerzo colectivo para diferenciarse. Si hay suficiente consenso (en relación, hay que reconocerlo, con capacidad de coerción y/o de autoridad), puede surgir una lengua diferenciada, que a menudo no es otra cosa que un dialecto con estado propio.
Poco 'místico' y de espiritual tiene el habla si, analizándola desde un punto de vista caleidoscópico, encontramos filones de componentes políticos. También se encuentran en comunidades que, lejos de poseer un instrumento de autorregulación política, sufren una marginación notable justo en la frontera entre Montenegro y Kosovo: los Goranci o Gorani, musulmanes de lengua 'serbia'[1] que, posiblemente como consecuencia del contexto conflictivo de la atmósfera social en la que se encuentran, desde hace poco tiempo que subrayan que su hablar es una lengua distinta de las que emplean poblaciones vecinas.
En un contexto moderno (ergo: uniformizador), esto último parece ser un prerrequisito o un postrequisito para legitimarse. Véase si no la reivindicación reciente de una Goranski Govora ('lengua gorani', también conocida como Našinski - es decir, 'la nuestra'-). Fuera de posiciones arbitrarias y mezquinas, nadie puede poner en duda la legitimidad de la reivindicación si hay un apoyo masivo, y/o si se imponen por la propia inercia social, que la acepta como propia sin más, la rechaza, la negocia, o establece diálogos de todo tipo y densidad, de donde surgirán consensos, difracciones y nuevas combinaciones sistémicas.
La lengua montenegrina (crnogorski jezik) puede parecer una farsa para algunos, pero no se entiende que no lo pareciera la lengua neerlandesa, fruto de una voluntad de diferenciación respecto del resto de hablas del Plattdieutsch ('Bajo Alemán')[2]. O la lengua flamenca, fruto de una misma voluntad respecto del neerlandés / holandés, a pesar de ser, 'objetivamente', el mismo idioma. ¿Por qué aplicar una óptica diferente con Montenegro y con Holanda? No hay ninguna lengua oficial 'que sea' natural '. Y ya que hablamos de la lengua neerlandesa / flamenca / bajo alemana, habría que comentar que si existía "unidad de espíritu" entre alemanes septentrionales y holandeses por el hecho de compartir una misma "forma de conceptualizar el universo", no se entiende la invasión del territorio de los Países Bajos por parte de sus 'hermanos' teutones durante la 2ª Guerra Mundial ...
Continuando en el ámbito germánico: gran parte de las comunidades judías de Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia, Polonia, Chequia, Hungría, Bulgaria, Rumania y Moldavia, exterminadas por orden de los nazis alemanes, hablaban una lengua 'hermana' de la alemán: el yiddish. Que muchos judíos franceses tuvieran apellidos bien 'germanos' (Lévi-Strauss, Durkheim, Levy-Bruhl, Metz, Mauss, Cohen, Halbwachs) no impidió que fueran perseguidos por los autoproclamados como 'defensores' de la germanidad.
Y si una lengua denota proximidad cordial, unidad de espíritu, comunión cultural, los apellidos serían su hipóstasis, como mínimo para los esencialistas lingüísticos[3]. El exterminio contra los hebreos centro y este-europeos acabó físicamente con millones de personas con apellidos germánicos como, entre muchos otros, Baumann, Stein, Hoffman, Bernstein, Rosenberg, Lévi-Strauss, Ullman, Epstein, Blumenbergsteinenthal, Wiener, Herzog, Klein, Schwartz, Schmidt, Weiss, Dorfmann, Reich o, incluso, Deutsch. Por no hablar de un apellido judío sefardí: Alemán. Una ideología, la nazi, que decía actuar para defender la cultura alemana, aniquiló completamente la cultura de lengua germánica que se extendía por gran parte de Europa, hasta llegar al corazón de Rusia.

Continuando con el ejemplo alemán, la pertenencia a la nación alemana moderna (y perdón por el pleonasmo) se determina por la ascendencia genética y no por la lengua. Las personas de etnia alemana que han vivido siempre en Rusia y no hablan ni una palabra del alemán tienen derecho a recibir automáticamente la ciudadanía alemana, mientras que las personas de etnia turca que han residido toda su vida en Alemania y se han asimilado completamente a la cultura alemana no pueden adquirir la ciudadanía alemana. El concepto de nación que tienen los afrikaners de Sudáfrica también se basa en la ascendencia. Estos intentaron prohibir los matrimonios mixtos, y excluir a los hijos de estos matrimonios (los «mestizos») de sus vecinos y organizaciones, aunque la lengua y la cultura de los mestizos sean idénticas a las suyas. Estas restricciones en cuanto a la residencia, que supuestamente estaban dirigidas a proteger la cultura afrikaner, no se aplicaron nunca a los anglófonos blancos que no hablaban el afrikaans.
En la época de la revolución americana la inmensa mayoría de las personas de las colonias que luchaban por la independencia compartían la misma lengua (y la misma religión ...) que la nación contra la que se habían rebelado. En este sentido, aunque Simón Bolívar y la abrumadora mayoría de 'Libertadores' de América Latina tenían la misma cosmovisión que los que poseían el poder del Imperio hispánico, aunque compartían la 'misma manera de entender y expresar el mundo ', y a pesar de entenderse perfectamente con ellos (o quizás precisamente por eso), no dejaron de invertir esfuerzos en luchar contra aquellos que hablaban su misma lengua y, nuevamente, eran de su misma religión.
Antes de continuar, quisiera subrayar algo: en el caso de que fuera cierto que, en todas partes y siempre, compartir una misma lengua implicara compartir una misma manera de ver el mundo, de captar la realidad, de dotar el cosmos y la sociedad de significado, esto no debe desembocar (ni mucho menos) en que sea el habla común la que articule una misma identificación social. Como insistiré, aportando muchos ejemplos, es el valor de contraste, diferencial, diacrítico, de la lengua, la que quizás (sólo quizás) llevará a un grupo humano, a una sociedad, a pivotar en él de manera prioritaria como matriz simbólica estratégica en la su diferenciación. Es la voluntad política la que determina la función social de la lengua, y su puesta, o no, en valor; no al revés.




3. DIVERSIDAD SOCIAL Y LENGUAS: MÁS ALLÁ DEL ESENCIALISMO



La visión esencialista de la lengua como estructura axial de la identidad 'cultural' considera que el valor simbólico de la lengua, las asociaciones históricas y culturales que acumula, y la 'semántica natural de los recuerdos', todo ello añade al mensaje básico un rico fundamento de connotaciones compartidas. La capacidad para leer entre líneas depende de una continuidad cultural en la que se inserta la lengua, y que no está abierta a todos. Sólo los que crecen dentro de la comunidad pueden participar en esta amplia interacción comunicativa.
Contrariamente a lo que el esencialismo lingüístico reclama, considero que la lengua no se convierte en la referencia de identificación básica ('esencial') para una 'cultura' o 'nación'. Al menos, no lo hace de forma universal y casi automática. Lo que llamamos 'lengua' puede ser vista como una especie de energeia en el sentido de fuerza creadora de símbolos, pero no como un determinante de la vida social, ni como una cosmovisión que modula nuestra relación con la realidad hasta unirnos en una única alma en la que reine la armonía frente a los que hablan otros idiomas.
De hecho, con frecuencia es la política la que amolda una lengua, y no al revés. Así lo subrayó André Martinet: una cierta unidad política crea un espacio de comunicación densa que, a la larga, puede generar una lengua. Ejemplos paradigmáticos son los de la existencia de lenguas circunscritas a una ciudad, como el Harari (de la ciudad de Harar, Etiopía), las lenguas de las ciudades Yoruba, el Barani (lengua Fulbé hablada en la ciudad homónima, en Burkina Faso) o, incluso, idiomas generados por espacios políticos tan pequeños como pueden ser ciertos poblados del norte de Camerún. Los Aghem del norte este de Camerún se diferencian en tres grupos (Wum, Isu y Weh) basados ​​en poblados homónimos y dotados de una lengua específica cada uno de ellos. De hecho, en la zona de los grassfield cameruneses son numerosos los ejemplos de hablas diferenciadas que tienen como base una aldea concreta: Ngong, Konshin, kendo, Bambili, Babanki, Zina, Tchouvok, Adere, Yive, Fungom, Gavar, y un largo etcétera que totaliza más de 15 idiomas diferentes hablados, cada uno de ellos, en un poblado concreto. En las montañas del Cáucaso podemos destacar los ejemplos del Hinukh del sur de Daguestán, lengua hablada por los habitantes de la ciudad homónima, y ​​los Tindi, agrupamiento etnosocial que llaman su habla con el apelativo de Idarab mitstsi, es decir, ‘la lengua de la ciudad de Idar’.
Los ejemplos de imbricaciones entre etnosistemas y ciudades son muy numerosos en el área del Cáucaso. A continuación mostramos algunos muy significativos: los Batsbi se han articulado territorialmente, desde el siglo XIX, alrededor de la ciudad de Zemo-Alvan (NO de Georgia). El etnónimo Buykhatli (pueblo del norte de Daguestán) es el genitivo de la ciudad de Buykhe. Los Andi se llaman a sí mismos Khivannal, etnónimo proveniente de la ciudad más grande de este etnosistema, Khian (más conocida con el nombre de Andi). Los Archi son un pueblo que habita en ocho villas del sur de Daguestán, la más importante de las cuales (como ciudad 'fundadora' de este pueblo) es Archi. El etnosistema Budukh deriva su nombre del de la ciudad principal de esta comunidad. Los Khinalug llaman Ketch su ciudad, y su autodenominación es, de hecho, Ketch Halha ('la gente de Ketch'). El etnónimo Khvarshi proviene del nombre del poblado más grande de este complejo étnico. Por último, el nombre étnico de los Rutul es Mjukhadar, que significa 'habitantes de la ciudad de Mjukhad'.
La ciudad nigeriana de Ibadan (fundada a inicios del siglo XIX), fue, en un primer momento, una federación urbana basada en filiaciones clánico-parentales. La estrecha interrelación urbe-medio rural ha generado un sistema étnico que abarca todo el hinterland de Ibadan, tal y como reconoció el etnógrafo Paul Mercier, quien habló de los Ibadan como grupo complejo formado recientemente a partir de elementos de origen Oyo, Ifé, Egba, Ijebu, etc ... Los mismos Ifé constituyen un etnosistema generado a partir de la irradiación social de la ciudad del mismo nombre. Por otro lado, el etnosistema Sena debe su nombre a la ciudad homónima fundada por los portugueses en el río Zambezi (Mozambique).
Grupos de Teda, Kaza y Tubu que residen en la ciudad de Bilam (Níger) se reconocen colectivamente con un etnónimo común, Kamadja. Más de sesenta años de convivencia en la ciudad de Sim (Burkina Faso) ha generado el grupo etnosocial llamado Mû-Dogom, producto de uniones entre hombres Dogon-Gesum y mujeres Mossi. La ciudad de Mina (costa del actual Benin) generó un etnosistema homónimo, de lengua Ene-GBE. Su creacción fue decisivamente galvanizada ver en 1830 con la llegada de Afro-Brasileños. Las ciudades-estado hausa de África occidental aportaron la matriz para el surgimiento de identidades étnicas específicas que a menudo cuentan con lenguas propias (Goberawa, Katsinawa, Kebbawa ...). En la meseta central del norte de Nigeria, encontramos etnónimo como Chamawa (referido a los habitantes de la ciudad de Chamo) y Basawa (la gente de la ciudad de Baza).
          Otro caso es el del espacio social dibujado por tres ciudades del actual Benin (Nikki, Parakou y Kandi) que ha dado lugar a la etnogénesis Dendi, basada en una matriz territorial urbana que ha fusionado, sin borrar u homogeneizar, un complejo conjunto de entidades étnicas (Gurmanché, Sonray, Kyenga, Kanuri, zarma, Hausa, Soninké ...). Los elementos diacríticos fundamentales son la adhesión al Islam y la lengua común, el Dendi, una variedad específica de las hablas sonray meridionales surgida a partir del cuadro sociopolítico desplegado por este archipiélago urbano.
En otra escala, la relación política: lengua (siendo la primera la que configura la génesis de la segunda, no al revés) se puede ver en el caso de la lengua Zulu, tras la fulgurante etnogénesis de este grupo humano en 1818, las múltiples lenguas Joola de la Baja Casamance (sur de la República de Senegal), o un caso reciente: la génesis de una lengua, el cabindés, al enclave de Cabinda, antigua colonia portuguesa que forma parte de la Estado angoleño, y donde ha existido desde hace 40 años un importante movimiento independentista.

El concepto de 'lengua', entendida como corpus cerrado, delimitado, regulado y fijo, se ha ido forjando en Europa, sobre todo a raíz del descubrimiento de la imprenta, y aún más a lo largo de la implantación del estado-nación en el largo del siglo XIX. Y es bastante ajeno, por ejemplo, en las culturas africanas (y en muchas otras culturas del mundo, por supuesto). Más allá de la forma escrita, el propio concepto de lengua como entidad discreta, con límites definidos, es bastante raro en culturas donde la comunicación horizontal ha sido garantizada gracias al multilingüismo de los miembros de las comunidades respectivas. En la introducción de un concepto ajeno como el de lengua, podemos añadir la categorización como "dialectos" de las lenguas africanas -especialmente en las colonias francesas- que ha introducido una noción aún más destructiva: la de la jerarquización de las lenguas .
Todo ello es relevante porque ha ido digamos que envenenando la mente de muchos de los "intérpretes" -es decir, los sectores intermediarios entre la metrópolis y la colonia primero, y las clases ilustradas, después- hasta el punto de que la han hecho parte de su pensamiento, y son ellos mismos los que transmiten esta visión sesgada.
La lengua sólo en algunos casos puede ser el cemento de la identificación colectiva, es decir, puede convertirse en una matriz sociopsicológico que galvanice la conciencia étnica, que aglutine y cohesione una sociedad humana específica.
La matriz sociopsicológico es un eje de integración simbólica que articula la realidad social, funcionando como núcleo de pivotación de las energías sociales de los etnosistemas y permitiendo una cierta cohesión (o congruencia, siempre incompleta) del universo psíquico, lo que es, al mismo tiempo, la proyección del universo social. Esta matriz genera una suerte de campos simbólicos que permiten la catalización de las fuerzas sociales.
  Lo fundamental en toda matriz sociopsicológico es su eficacia simbólica, es decir, el consenso colectivo en torno a su plausibilidad a la hora de tener éxito en la función de aportar estructuras intelectualmente válidas que hagan posible una coherencia sociológica que otorgue a la colectividad las herramientas para diferenciarse y reconocerse como sistema social.
La existencia de sistemas etnosocial que emplean la matriz Bantu, sea ésta una pura invención de los lingüistas y los arqueólogos, o no, confirma que funciona, pues aporta materiales para llenar las necesidades psicosociales, situacionales y contextuales, de las colectividad que la hacen su cara a la vertebración / cohesión de sus fuerzas.

Además, la a veces obsesiva equiparación operada por los nacionalismos europeos entre lengua e identidad nacional (idea moderna procedente del romanticismo, esencialmente), no es tan diáfana en África, ni mucho menos. En la Casamance (sur de Senegal), se hablan más de 30 lenguas diferentes, siendo el wolof (idioma dominante en el estado senegalés) la lengua hablada por los independentistas casamanceses. En la franja de Caprivi (Namibia), el Lozi es la lengua vehicular, empleada por personas de muy diversas hablas: fwe, subiya, totel, Yeyi ... Por otra parte, el kiswahili es un idioma muy extendido por África oriental, pero no es asimilable a una identidad social, excepto en las fronteras de su área lingüística donde, precisamente por su uso diacrítico, sirve para diferenciar los grupos humanos que la emplean como referente prioritario de identificación.

Una característica de los enfoques realizados en torno al análisis de los sistemas etnosocial es que muchos de ellos han buscado en la comunidad de lengua un fundamento 'natural' del vínculo étnico (es decir, del vínculo grupal), una especies de base sustancial que aportaría el eje de la articulación colectiva. En este sentido, comentaba Ferdinand de Saussure que el vínculo social tiende a crear la comunidad de lengua y quizás imprime en el idioma común determinados caracteres; a la inversa, es la comunidad de lengua la que constituye, en cierta medida, la unidad étnica. En esta misma línea, Herder sugirió que la lengua de cada nación es el patrimonio más valioso que posee, pues es la morada de las creencias religiosas, las costumbres y la historia de la nación. Tan sólo con la propia lengua materna es posible comunicar emociones, pensamientos e ideales. Siguiendo esta dirección, se podría decir que entre los pueblos eslavos la conciencia constante de afinidad y pertenencia a una misma familia de pueblos era natural para gente que se entendían sin necesidad de intérprete. A continuación presentamos una serie de citas que insisten en el poder catalizador de la lengua como condición determinante de la cristalización etnosocial: el lenguaje hablado es el instrumento de la acción del entorno social en el individuo. A este individuo se le impone una concepción del mundo y de sus relaciones con los demás hombres. Abundando más en este sentido tenemos reflexiones como estas, Roland Breton comenta que la génesis de las etnias (etnogénesis, vinculado a los orígenes de las lenguas, o glotogénesis) sirve de marco subyacente en la génesis de los Estados (politogenénesis) y, a partir de allí, en la génesis de los territorios (corogénesis). Los factores naturales, inertes, se ven eclipsados ​​por la dinámica de los pueblos, las culturas y las instituciones. Iuriy Lotman, por su parte, considera que la Cultura está hecha a partir del lenguaje natural, y la relación con este lenguaje natural es uno de los parámetros más esenciales. Para esta visión de la lengua como determinante de la identificación social, la lengua es el componente principal en el mantenimiento de la identidad étnica separada, y el lenguaje, sin duda, constituye el rasgo más característico de una identidad étnica. La lengua compartida estaría particularmente implicada en la etnicidad: la inteligibilidad mutua de la conducta de los demás es un prerrequisito fundamental para cualquier grupo. Y el historicismo acompaña al esencialismo culturalista en esta percepción de la lengua como 'nervio' de la sociedad: la nación, en el sentido medieval original, es el conjunto nativo, y natural, de las poblaciones unidas por una lengua común , es decir, el conjunto que se designa también, ahora, como etnia. El argumento de la homofonía puede ser puede ser considerado como una razón de reunión.
Ya lo decía Tönnies: al igual que el uso general del lenguaje común, al hacer posible el entendimiento mediante el habla, acerca los cerebros y los corazones humanos, así se da un estado mental común que, en sus formas más elevadas -costumbre y creencias comunes-, compenetra los miembros de un pueblo (Volk).

En clara contraposición con este enfoque, nosotros somos de la opinión de que sólo allí donde la lengua ha estado involucrada en la construcción o marcaje de las fronteras entre grupos ètncs, la lengua ha sido relacionada con la etnicidad. De otro modo, no lo está no, sea una etnia tout court, o sea una etnia en forma de nación. Por ejemplo, la protección de la lengua eslovaca fue al mismo tiempo un arma defensiva y diferencialista; defensiva contra la magiarización forzada llevada a cabo por Hungría tras el Compromiso del 1867, diferencialista en relación con los Checos. Por otro lado, los diversos etnosistemas que configuran el superetnos Hausa han basado su 'hausanización' en la adopción de la lengua hausa, verdadera matriz sociopsicológico que puede hacernos hablar de este conjunto de sistemas étnicos acordado aquí llamar superetnos. La lengua no es el único indicio de la existencia de un ethnos. En el caso del hado o hausa, es un idioma que emplean cotidianamente 120 etnias diferentes, que no se consideran a sí misma como Hausa.
Para los puristas de la fórmula "una cultura = una lengua ', un ejemplo llamativo: los Nuba constituyen un complejo etnosistema del actual Sudán. Hablan más de 50 lenguas diferentes. Además, y eso que ahora comentaremos puede interesar, y mucho, a aquellos que piensan que la 'distancia' lingüística implica 'distancia' cultural y, por tanto, incompatibilidades casi irresolubles, resulta que estas lenguas pertenecen a diferentes familias (nilo-sahariana , níger-congo, etc.); así, se dan casos de grupos Nuba que viven a pocos kilómetros y hablan, unos, un idioma nilo-sahariano (como el Sonrai del sur de Marruecos, por ejemplo), los otros, una lengua níger-congo (como los Zulu de Sudáfrica , por ejemplo).
Reduciendo ad absurdum el esencialismo lingüístico, encontraríamos 'culturas' vecinas que tendrían más similitudes ('de corazón', de 'comprensión' ...) con una etnia del Magreb, unos, con un grupo humano del extremo sur de África, los demás ...
Todos los grupos Nuba son fruto de la llegada de los pueblos refugiados en un medio montañoso, huyendo de las incursiones árabes en lo que hoy en día es el Sudán (inicios s. XVI). 'A pesar de' la inmensa variedad lingüística del país, todo el mundo se identifica como 'Nuba' en relación a otras identificaciones. Y es que la identificación es relacional, en todos los sitios y siempre ... También podríamos decir, aunque resulta un poco reductivista hacerlo, que la experiencia común de resistencia les ha unido dentro de un todo múltiple, es decir, de un etnosistema.
No en vano, el conflicto ha sido a menudo una potencial fuente de etnogénesis, y en caso de los Nuba tuvo lugar (y todavía tiene lugar) especialmente en relación con los Baggara, un etnosistema que también aporta luz sobre esta falta de correlación automática y universal entre lengua y 'cultura'. Los Baggara identifican como árabes, y hablan esta lengua. Son musulmanes, pero no de origen árabe, sino pueblos 'autóctonos' lingüísticamente arabizados. La razón de que la condición 'árabe' (y la lengua) sea el eje de su diferenciación no radica, a nuestro entender, en potenciales emociones de empatía colectiva en virtud de practicar una lengua (o grupo de lenguas, de facto) árabe, sino en el valor opositar o, mejor, diacrítico, que este idioma recibe en la red de interacciones de los Baggara con los pueblos de lengua no-árabe pero que comparten con ellos similares rasgos físicos y, a menudo, de semejantes costumbres y tradiciones socioeconómicas.
Desplazándonos hacia el Sudán de Sudán podemos encontrar otros casos interesantes para lo que la meta de este escrito se refiere. Los Jaang (más conocidos en Occidente como Dinka), lejos de formar una unidad compacta lengua-cultura, constituye un etnosistema de 16 grandes grupos étnico-culturales, 38 hablas diferentes y unas 20.000 unidades políticas.
En la región de la alta Mesopotamia, se encuentra el grupo étnico de los Chahsavan, dentro del cual se dos idiomas: unos hablan turco y son nómadas, otras son de lengua persa, y de religión zoroastriana. Los Adjara del Cáucaso hablan un dialecto georgiano pero son musulmanes, y fuerza mingreliano de la misma área geográfica ,, aunque hablar una lengua propia, se identifican como Kartveli, es decir Georgianes.
  Dentro de la actual República de Níger, en la zona de Dogondoutchi, encontramos el ejemplo de los Arewa, llamados Maouri por la administración colonial francesa. Originarios de la región del lago Chad, han adoptado, algunos de ellos, la lengua hausa, mientras que otros hablan el idioma zarma. Los Arewa, "a pesar de" tener dos lenguas, conservaron la mayor parte de su bagaje cultural tradicional, permanecieron 'animistas', pues fueron refractarios a la penetración del Islam. Por otro lado, los Tártaros de Lituania no hablan su lengua turca original, sino polaco, signo diacrítico que emplean dentro del etnosfera lituana, conjuntamente con su religión islámica. De hecho, tanto en el espacio eslavo-oriental como el negro-africano, la idea de asociar un territorio a una etnia definida por su lengua era ajena a la concepción de sus sistemas políticos.
En la actual Ucrania, a su censo del año 2001[4] aproximadamente el 75% de la población de la capital, Kyiv, respondía ucraniano 'para referirse a su idioma nativo (ridna mova), y un 25% respondía' ruso ', mientras que en la cuestión sobre la lengua utilizada cotidianamente las respuestas tenían estos porcentajes: sobre todo ruso (52%), ruso y ucraniano (32%), sobre todo ucraniano (14%), sólo ucraniano (4%). Pero aún hay más: quizás el habla más extendida en Kiev, pero no exclusiva de esta urbe, es el Surdjik (Cуржик), que originalmente quería significar 'pan hecho de grandes mezclados', una 'mezcla' de ruso y ucraniano . Un 20% de la población de Ucrania lo emplea en la vida cotidiana, que es donde el habla tiene razón de ser, y un 90% tiene competencias suficientes como para emplearlo como 'sociolecto'. Ante este complejo panorama lingüístico resulta interesante saber cómo aplicar la visión esencialista de lengua = cultura. Y mucho más si, tal y como sucede, los ucranianos de Kiev de lengua rusa no dejan de concebirse, creerse y, por tanto, ser, ucranianos, no rusos.
Por otro lado, los Kede que habitan cerca de los ríos Níger y Kaduna, en la frontera sur del antiguo sistema político de Nupe (actual Nigeria), hablan el dialecto llamado por la mayoría de grupos de la zona como Nupa, que se convirtió en lengua del emirato de Nupa, pero la organización política diferencial de los Kede los configura como etnosistema diferenciado. Insistimos: es a menudo la voluntad política la que genera grupos específicos, más que la lengua. La historia política, por ejemplo, ha generado dos conjuntos etnosociales diferentes, Checo y Eslovaco, aunque sus lenguas son cercanas. Las vicisitudes territoriales y políticas hacen que, aunque, por su fonología, léxico y estructura, el idioma fulfulde no presente con ninguna otra lengua un parecido al igual que con el seereer, los etnosistemes Pëël que hablan fulfulde estén claramente diferenciados del conjunto de colectivos Serer.
Otro ejemplo de ‘disimetría’ entre lengua e identidad cultural es el proporcionado por los albanófonos ortodoxos de Grecia, los cuales no sólo se consideraban como Rum (es decir, cristianos), sino como verdaderos Griegos. El rol de estos griegos albanófonos en la guerra de independencia griega fue capital. Resulta significativo que los súbditos cristianos ortodoxos del Imperio otomano, de lengua turca, albanesa y válaca (aromanesa) simpatizaran por igual con la independencia griega, mientras que los musulmanes de Creta, de lengua griega, apoyaban al Imperio otomano. En el caso de los Griegos presentes en el sur de Ucrania, especialmente en la zona de Mariupil, en el año 1970 un 91% de ellos eran rusófonos, y sólo un 7% hablaban griego. En la zona de Crimea, además, algunos Griegos hablan Turco como lengua propia. Y el intercambio de poblaciones entre los estados-nación griego y turco a los años 1920 se basó en criterios religiosos, no lingüísticos. Muchos de los turcos desterrados de Creta eran los descendientes de los que habían apostatado del Islam en el siglo XVII, y que llegaron a Turquía hablando sólo griego. Por el contrario, Grecia recibió los Karamanli, cristianos ortodoxos, pero de lengua y cultura turca. En términos de auto-percepción, en términos de auto-identificación, en términos de la construcción social de la etnicidad, de la auto-definición de una entidad social, la religión, es decir, el cristianismo ortodoxo en relación con el Islam, constituye la piedra angular de la distinción entre Griego y Turco.

En Dakar pudimos comprobar in situ que fuerza jóvenes autodefinen como tukul aunque sólo hablan Wolof y no Hal-Pulaar. De forma similar, la gran mayoría de jóvenes Kazajos hablan ruso, y no por ello se identifican como tales. Las comunidades Yarsé (Jula) que desde el siglo XVI comercia por el país mosi a la actual Burkina Faso, abandonaron la lengua mandinga, y adoptaron la lengua de los Mossi, pero siguen diferenciándose por su condición social (diáspora comercial), su adhesión secular al Islam y su etnónimo, la adhesión al que connota la existencia de una conciencia social diferenciada. Aunque hablen la lengua de los Mossi (el moore), no son Mossi, sino Yarsé. Además, entre los Jalonké de Mali y Guinea Conakry, en concreto los de la zona de Bouré, han dejado de usar la lengua mandinga que hablaban, aunque los del territorio vecino de Menier todavía la hablan.
Los Kagoro (Mali) es un grupo social en archipiélago, situado en un espacio de frontera forjado entre los territorios Soninké y Bambara. El verdadero 'corazón' del mundo Kagoro, la ciudad de Debo-Kagoro, acogió en 1998 una asamblea pan-Kagoro que reunió representantes de más de 70 poblados. Esta efeméride fue aprovechada para inaugurar una especie de 'parlamento' kagoro, y la lengua empleada en las reuniones fue, esencialmente, el bambara.
En cuanto a los diversos etnosistemas de origen Hausa (norte de Nigeria, sur del Níger), hay que decir que existe un habla compartida por todos los grupos, la lengua es muy homogénea a pesar de la existencia de numerosas fronteras políticas precoloniales. Entre los etnosistemas Somalíes, la existencia de un habla común no ha hecho no desaparecer, al contrario, la existencia de marcadas fronterizaciones políticas. La lengua común, nuevamente, no es garantía instantánea de unidad 'cultural', política, ni mucho menos 'afectiva' ...
Entre los pueblos de lengua Idoma (Nigeria) predomina una gran fragmentación cultural y política, a pesar de compartir la misma habla. En cambio, la etnia Bakongo agrupa colectivos que hablan un gran número de lenguas: kintandu, kindibu, kiyombe, kiladi, kimanyanga, kimfunuka, kisingombe, kiwumbu, kimbanza-manteke, etc ...
Trasladando nuestra atención hacia la vertiente septentrional de la cordillera del Cáucaso, observamos que la heterogeneidad lingüística de la zona no se contradice (al contrario) con su condición de ecúmene, es decir, de área de gran interacción social: a pesar de la existencia de lenguas y dialectos diferentes, los caucásicos montañosos del norte son esencialmente un único pueblo con un bagaje cultural común.
Por otro lado, el hecho de que el 92% de los senegaleses hablen lenguas de la misma familia (Oeste-Atlántico), no es sinónimo de nación 'compacta' o homogénea (en el sentido de estado-nación uniformizado), ni mucho menos. Y hay que recordar que los independentistas casamanceses usan el Wolof, el idioma mayoritario del estado senegalés, como lengua de comunicación entre las diferentes comunidades étnicas que componen la Casamance.
Otros ejemplos que corroboran esta relación compleja y en absoluto sinonímica entre 'lengua' y 'identificación cultural', lo encontramos en los etnosistemes del norte de Myammar, la antigua Birmania. El etnosistema Kachin, por ejemplo, cuenta con cuatro grandes lenguas que, en conjunto, configuran una galaxia de más de veinte hablas diferentes. En alguna aldea Kachin de sólo 130 casas, por ejemplo, se llegaban a hablar seis idiomas 'maternas' diferentes. Así, la ciudad de Hpalang, que configuraba un único sistema social, fuerza cohesionado, formado por 500 individuos, incluía personas de habla jinghpaw, gauri, atsi, maru, lisu y chino.
Seguiremos ahora el antropólogo británico Edmund Leach para ampliar nuestras argumentaciones. Todos los inventarios oficiales catalogan los hablantes de maru, lash, szi, mingtha, hpong, nug y lisu bajo encabezamientos diferentes que los hablantes de kachin. Por muy lógico que esto pueda parecer a los lingüistas, etnológicamente es absurdo. Los lingüistas han supuesto que el grupo de población que, objetivamente considerado, habla la misma lengua, constituye necesariamente una unidad de suma importancia. Mi propia experiencia de campo me convence que el Kachin medio, como el inglés medio, está agudamente atento a las diferencias de dialecto e incluso de acento; pero los valores que concede a estas diferencias no son los del gramático. Ya que se supone que raza, cultura y lenguaje coinciden, se podría esperar que los Palaung fueran culturalmente muy diferentes de sus vecinos Shan. Pero en realidad los Shan y los Palaung se casan entre sí, y, en cuanto a cultura en general, los Palaung están mucho más cerca de los Shan que de cualquier otro pueblo de las colinas de la zona. Además, los Palaung y los Shan son miembros de un sistema político común. Mientras algunos kachin parecen ser excesivamente conservadores en cuanto a la lengua, otros parecen casi tan deseosos de cambiar de lengua como un hombre podría estarlo de cambiar de traje.

En muchos casos, pues, como también tiene lugar entre los grupos lingüísticos del área cultural Akan (África occidental), los grupos lingüísticos no tienen significación en cuanto a la percepción de los pueblos sobre sí mismos. Para este, en este ejemplo concreto, es la Omán (es decir, el Native State, como se llamaban en la época del indirect rule británico) donde existía un sentido, una conciencia, de unidad social y política.
Prestamos ahora atención a la franja de Caprivi, situada en el noreste del estado de Namibia, ha tenido lugar una etnogénesis 'Capriviana' que es un buen ejemplo de la potencia ontológicamente gestante de los límites fronterizos, por muy artificial que pueda ser el origen de su trazado. Potencia que, en el caso de los Caprivians, condensa colectivos con diferentes idiomas (fwe, subia, totel, Yeyi ...) y que encuentran en la lengua lozi (como los casamancesos en el Wolof) la lengua franca
Por otra parte, entre los Mordvins del Volga se habla dos lenguas prácticamente ininteligible, el Moksha y el Erza. También el conjunto etnosocial de los Tubu, en el centro del Sahara, cuenta con dos grupos, los Teda y Daza, que hablan idiomas mutuamente ininteligibles. En otra dirección, los tallensi y los Mamprusi de la actual Ghana, a pesar de ser dos etnosistemes diferenciados, hablan un mismo idioma y, al contrario, los Mao de Etiopía están formados por dos grupos que hablan idiomas diferentes.
En los pueblos de los Balcanes la no correspondencia entre lengua y grupo social (es decir, etnia), a menudo es múltiple: por un lado, pueblos 'unidos' por la misma lengua serbo-croata están más o menos nítidamente diferenciados a partir de otras fronteras diacríticas (Croatas, Serbios, Musulmanes (Bosnjaks), Montenegrinos). Por otra parte, pueblos como los valaco, de lengua original Aromanesa, se identifican a veces como Serbios en base a su común adscripción cristiana ortodoxa, de la misma forma que, antaño, muchos albanófonos se identificaban como ‘Turcos’ como sinónimo de musulmán, y etnónimo socialmente prestigioso; además, cada conjunto etnosocial que comparte la lengua serbo-croata está internamente atravesado por los numerosos dialectos desarrollados en la zona desde el siglo XII. Los gran conjunto de dialectos Štokavians, el Hercegoví Oriental (hablado por los Serbios, Bosnios musulmanes y Croatas del sur de Dalmacia y partes de Herzegovina del Este) y los dialectos Zeta (Montenegrinos), son de la variante ijekaviana. El dialecto Occidental (hablados por Croatas y por Bosnios musulmanes) y la Eslavonia (hablado por Croatas) son de la variante ikaviana. En cuanto a la variante ekaviana, está presente entre los Serbios (excepto en la zona de Šumadija-Vojvodina, y Kosovo-Rezaba), pero también, en cierta medida, en los otros grandes bloques dialectales: el čakavià (conjunto de hablas razonables por Croatas), el kajkavià (también hablado por Croatas), en el Torlak (hablado sobre todo por Serbios), así como en el idioma esloveno, el búlgaro y el macedonio. Nuevamente comprobamos esta retahíla de variantes lingüísticas no tenían una correspondencia unívoca ni directa con las identificaciones de tipo etnonacional.
          Sin movernos de los Balcanes, existe el ejemplo del Bunjevci, un pequeño etnosistema del norte de Serbia, a menudo 'asimilados' a los Croatas por la aplicación dualista 'lengua serbocroata + religión católica = croata'. La mayoría de los Bunjevci continúan definiéndose como tales aunque su lengua croata[5]. Y no estamos ante un fenómeno nuevo, sino que la identificación Bunjevci y, incluso, el reconocimiento de la pertenencia a un idioma Bunjevac ('objetivamente' inexistente ...) fue masivo hace cerca de un siglo en la ciudad de Subotica (norte de Serbia) donde, en el censo Austro-Húngaro de 1910, más de 33.000 personas (la gran mayoría) fueron declara el Bunjevac como su idioma nativo ...
Continuando por tierras balcánicas, podemos hacer referencia a otro ejemplo sólo a primera vista contradictorio: tanto en Macedonia como, sobre todo, en Kosovo (muy en especial en la ciudad de Prizren) existe un etnosistema albanoturco, literalmente. Dentro de la misma 'comunidad cultural' coexisten dos lenguas (turco y albanés) y dos 'culturas' (turca y albanesa), sin que suponga ningún tipo de problemática 'esquizofrénica', al contrario: todo en Kosovo, los albanoturcos son una especie de grupo-bisagra, imprescindible en toda situación intercultural atravesada por líneas de fuerza de una elevada tensión conflictiva.
Por otro lado, y retornando a un caso ya antes mencionado, la lengua somalí no ha logrado crear una comunidad de conciencia digamos que pan-Somalí que sublime el conjunto de diferentes colectivos que hablan el idioma. Aún más: las cuestiones relacionadas con el idioma somalí siguen siendo controvertidas y confusas. La mayoría de los nómadas de hoy en día hablan la variante Maxa, oficial, mientras que los grupos agropastorales hablan varios idiomas o dialectos, como el Mai, Jiddu, dabar, por mencionar sólo unos pocos. Así, las hablas Reewin difieren tanto de la lengua hablada en el norte de Somalia como lo hacen el castellano y el portugués, dado que la separación entre ambos grupos durante 1500 años han generado una proceso de mutación lingüística. Resulta interesante destacar que en los años cincuenta del siglo XX, cuando el Territorio en Fideicomiso de Somalia fue consultado por las autoridades coloniales británicas en torno a cuál debería ser su lenguaje en el futuro, el idioma árabe fue el escogido, y con un apoyo absolutamente abrumador.
Resulta también significativo que después de su unión con Polonia, el Gran Ducado de Lituania adoptara un dialecto eslavo oriental (que más adelante se convertiría en el idioma Belarús, al norte, y ucraniano, al sur) como la lengua administrativa. Entre los diversos grupos pertenecientes a la etnosistema Masa del norte de Camerún encontramos que los las Masa-Bahiga hablan la misma lengua que sus convenios Murgum, que también es la misma que hablan los Mulu del sur de Chad. Y entre los Fula del Wasulu (sur del actual Malí), a pesar de continuar con su identificación étnica (Wasulunka), han adoptado la lengua y la cultura de sus vecinos Bàmmana.
Los Masai de África occidental hablan 16 idiomas diferentes. Los Baraguyu, que hablan Masai, no se consideran miembros de este etnosistema; en cambio, los Koré que hablan somalí, se identifican como Masai ...
Entre los albaneses, encontramos dos idiomas (Ghega y Tosk) y cuatro religiones, el fundador de una de las cuales, los bektashi, llegó a Anatolia en el s. XIII desde el Khorasan, en la frontera nororiental de Persia (actual noroeste de Afganistán)
Los actuales Urumi del sur de Ucrania hablan turco, pero son cristianos y se definen como griegos (Rum, rumi: griego, cristiano, en lengua turca y también en árabe ...). Son 'objetivamente' idénticos a Gagauz de Moldavia y Rumanía, es decir, cristianos turcófonos, pero la etnogénesis inicial de los primeros se dio en una Crimea de etnosfera musulmana (tártaros, sobre todo), lo que llevó a incidir en su condición cristiana al compartir similares lenguas turquesas, los Gagauz han convivido con cristianos, como ellos, pero de lenguas indoeuropeas (rumano, búlgaro, ucraniano), por lo que han subrayado la matriz sociopsicológico de la lengua: se autodenominan Gagauz Türkleri.
Los Cosacos, que constituyeron un eje simbólico de la reestructuración nacional ucraniana, integran una compleja concatenación de etnosistemas que, centrándonos sólo en la zona ucraniana, están formados por personas de múltiples lenguas: ruso, ucraniano, polaco, lituano, turco, checheno , kabardino, adigué, tártaro, kalmyk, búlgaro…
Los Kurdos hablan más de once variedades lingüísticas diferentes y unos cuarenta y cinco dialectos. Algunos activistas kurdos de Turquía sólo hablan turco, y sólo hablan árabe algunos dirigentes kurdos de Irak. Pero la matriz de identificación kurda es compartida por la mayoría de ellos. En el Kurdistán iraquí, los Mahallami, grupo montañoso arabófono, se autodesignan como Kurdos. En cambio, los Lur y los Bakhtiar, aunque hablar una lengua cercana al kurdo, no se consideran a sí mismos como Kurdos. Como ejemplo de complejidad identitaria, podemos hacer referencia a los Armenios y los Tzíngar convertidos al Islam y que adoptaron las lenguas kurdas, a turcomano que han adoptado la lengua kurda o, al revés, a los Kurdos que hablan turco, persa o árabe.
Los etnosistemas albaneses hablan cuatro lenguas casi ininteligible entre ellas (Tosk, Gueg, Arbëresh y Çamëri) y, por si esto fuera poco, en Kosovo, en algunas familias albanesas y, especialmente, los albaneses de la ciudad de Pizren, se emplea el turco como lengua. Nadie podría dudar de la existencia de una identificación albanesa, dentro de Albania, y también en Kosovo, incluyendo los albaneses kosovares turcófonos ...
Volvemos en África, en concreto en Guinea Bissau, donde se encuentra el ejemplo de los Balanta, tenemos tres lenguas diferenciadas -naga, name y kantohe-, y los Manjak, grupo etnosocial en el seno del cual se hablan cinco idiomas: nok, bara, tchur, lund, y yu.



BREVES CONCLUSIONES

En base a los ejemplos que acabamos de presentar volvemos a remarcar que la lengua no es, a priori, ni un factor 'identitario' que 'aúne' a los individuos formando sociedad, ni mucho menos un elemento primordial en la configuración de una supuesta 'cosmovisión'.

Más allá de esto, la fórmula "una nación: una lengua", no sólo es fruto de una visión esencialista y culturalista de la 'lengua' (comparable a la 'raza'[6]), sino que constituye un intento, nítidamente jacobino en el fondo, de uniformizar los sistemas sociales y las diferentes formas de decir, hacer y pensar (también de base lingüística) que existen en el seno de una sociedad. Ni más, ni menos.




[1] Se trata de un idioma perteneciente al conjunto de sistemas lingüísticos Torlak, situados en las áreas de la frontera entre las lenguas sudeslaves orientales y occidentales, a caballo entre Kosovo, Albania, Bulgaria y Serbia, con un pequeño enclave (el Karašovani o Caraşoveni) situado en el suroeste de Rumania.
[2] No está de más subrayar que las descalificaciones 'doctas' y 'expertas' en relación a las nuevas lenguas que surgen, y que abominan de su artificialidad 'o' arbitrariedad ', se dirigen sólo hacia el macedonio', el 'montenegrino' o 'bosnio', no hacia el alemán o el italiano, por ejemplo. La excusa que estas dos lenguas artificiales (sobre todo la primera) son idiomas estándar de fuerza recorrido histórico y dilatada producción literaria sólo hace que confirmar una jerarquización de las culturas (y de las lenguas) de raíz historicista (cuando más años de alta cultura, mejor), evolucionista (si tienen estado propio desde hace tiempo, más arriba están en la pirámide del progreso humano ...), y cuantitativa (cuando más número de hablantes tenga, mejor). Puras excusas, hay que insistir, sin legitimación más allá de su propia dinámica de poner etiquetas, discriminar entre culturas superiores o inferiores, y repartir diplomas de 'racionalidad'.
[3] Esto se observa diáfanamente, sin ir más lejos, en Cataluña, donde (guste o no) amplias capas de la población conectan la 'catalanidad' con la posesión de un apellido de supuestas raíces medievales (aunque algunos de estos apellidos son, en realidad, occitanos, franceses y aragoneses). Y ello a despecho, o olvidando conscientemente, la gran cantidad de catalanes con apellidos de "raíz medieval" que pasaron al idioma castellano durante la época franquista y que durante la guerra civil, exiliados en Burgos, aportaron apoyo financiero a los fascistas ... El primordialismo culturalista sigue siendo un velo demasiado espeso para captar procesos interculturales complejos y ambivalentes.
Hay que añadir que en el censo se recoge algo que haría asustar a muchos 'gestores de la diversidad' de nuestra casa: en Ucrania existen 130 colectivos etnonacionales diferentes (11 de ellos, de más de 100.000 personas cada uno ...)
[5] Los Bunjevac reivindican la existencia de una bunjevački jezik ('lengua bunjevaci').
[6] En determinados nacionalismos identitarios xenófobos, el apellido es visto como un significante que expresa una serie de significados, a menudo intercambiables entre ellos, pues remiten a un tipo de realidad trascendente, sustancial, que impregna el carácter de aquellos que la poseen y a los que posee : raza / cultura, sangre, estirpe biológica, vinculación mitológica / histórica con el origen de la identidad genética, la que parece como reflejada, coagulada, en el apellido. Esto tiene lugar, por ejemplo, en el nacionalismo esencialista / identitario catalán, pero también, aunque con más virulencia aún, en el español, que incorpora también una visión biologicista del territorio, que identifica con 'su' nación, el cual es visto como una entidad corpórea que no puede ser amputada ...

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