MULTICULTURALISMO Y SOCIEDAD.
García Albiol tiene
razón…
“El multiculturalismo es uno de los principales problemas de
Europa”
Xavier García Albiol, 19 de noviembre de 2015
Sí, han leído bien: Xavier García Albiol tiene razón. A pesar de que sólo esté absolutamente equivocado, o
más bien de que sea un hipócrita además de un racista fascistoide y de que,
como veremos, no haya hecho más que volver a dejar bien claro algo que desde
hace años muchos científicos sociales reclamamos: poner el foco sobre el uso de las diferenciaciones y sobre el
contexto social, político y económico donde éstas se desarrollan y existen, no
sobre dichas diferenciaciones ‘en sí’, que es lo que hace ese personaje
repugnante que es Albiol. Él, y mucha gente que comparte sus ‘posiciones’… Que
no son poc@s...
Según ese posicionamiento, la diferencia
cultural es, en sí, negativa. Punto. ¿Por qué? Porque, según esta óptica
(la ideología nacionalista esencialista), existirían ‘culturas’ y sus
corolarios políticos (‘naciones’), dotadas de una identidad precisa, con
límites claros, con una ‘forma de ser’ propia, una lengua, una población
supuestamente homogénea, una única religión, una ‘visión del mundo’ compartida,
un sentimiento comunitario de unidad, e, importante: unos valores y una
idiosincrasia absolutos, no relativos, lo cual hace que sean totalmente
incompatibles con otras culturas, o que se requiera esfuerzo y ‘tolerancia’
para poder soportarse (¿les suena la idea de ‘choque cultural’?). Cada
territorio debería tener ‘su’ cultura, expresión simbólica de una ‘nación’,
digamos que su ‘espíritu’. Por lo tanto, si un espacio social cuenta con
diversas ‘culturas’, se presupone que habrá, por narices, problemas. Es más,
tiene que haberlos, que para eso se inventó esa ideología: para separar a las
clases trabajadoras en base a una coartada cultural.
Esas diferencias tienen grados y se clasifican siguiendo una jerarquía
profundamente racista. Habría culturas con gran ‘distancia cultural’, y
culturas más ‘atrasadas’ que, curiosamente, siempre son las más ‘distantes’
culturalmente con la cultura que clasifica, y que se abroga a sí misma,
siempre, la universalidad, lo ‘normal’. Volveremos sobre ello al hablar del
multiculturalismo, ya que éste no es otra cosa que una variante, o una
derivación, del posicionamiento racista del cual hace gala Albiol y tantos
otros… De ahí que criticarlo es algo que nos parece razonable, cosa que
seguramente disgustará mucho al señor Albiol y a sus amiguitos, para solaz
nuestro.
El primordialismo cultural o culturalismo, que es una expresión del
nacionalismo esencialista (siempre tendente al racismo), difumina o borra la
existencia de variables sociales, políticas y económicas sin las cuales no es
que las condiciones reales de existencia se muestren de forma totalmente
sesgada, sino que se las consigue ocultar. Literalmente. Es ideología en estado
puro: con la coartada cultural (‘son diferentes’, ‘son de otra religión’, ‘no
son de los míos’, ‘están radicalizados’, ‘son violentos’, etc…), se intenta,
demasiado a menudo de forma exitosa, legitimar, sacralizar y naturalizar esta
ocultación de las causas reales de la mayoría de problemáticas, esto es: la
explotación, la exclusión, la desintegración social, así como la falsa, hipócrita
e inexistente ‘integración’ de la cual se llenan la boca muchos enemigos de la
‘multiculturalidad’ como Albiol, y que no es otra cosa que una asimilación
‘cultural’ que va de la mano de la exclusión social, política y económica. Ya
lo dijo Don José María Aznar, el presunto genocida del Trío de las Azores, hará
unos 12 años: ‘no soy partidario de las
sociedades multiculturales’. Perogrullo. Decir eso implica que Aznar no es
partidario de las sociedades…
Y es que hablar de ‘multiculturalismo’ es un pleonasmo. Toda sociedad
humana es, siempre, ‘multicultural’, ya que está compuesta de sectores y grupos
que tienen ciertos intereses y que se singularizan para identificarse. Toda
sociedad es un etnosistema, un sistema de ‘ethnos’, es decir, de grupos
sociales (que es lo que significa en realidad ese vocablo). Y como todo grupo
lo es siempre en relación con los demás y sólo existe en la acción social real,
toda sociedad es, siempre, un sistema intercultural. Intercultural, ya que a
pesar de que el término ‘cultura’ es muy poco adecuado para conceptuar a los
grupos sociales, ‘intercultural’ pone el acento en la relación, el dinamismo y
la complejidad, mientras que ‘multicultural’ remite a lo estático, como una
suerte de mosaico. Ese fue el modelo británico, por ejemplo, una suerte de
etiquetaje (siempre desde arriba) de los ‘otros’, situados al lado, o por
debajo, de los ‘normales’, de los que no son nunca ‘mestizos’ ni
‘multiculturales’.
Personalmente, soy más contrario al
multiculturalismo que el señor García Albiol. No bromeo. El multiculturalismo lo que hace o trata de hacer es
naturalizar, biologizar, sacralizar y legitimar lo que antes hemos comentado:
explotaciones y exclusiones que no tienen nada de ‘cultural’ y mucho de
político, económico y social. Por cierto: las ‘culturas’, tal y como hemos
dicho que las conciben los nacionalistas esencialistas, pero también los
‘multiculturalistas’, no han existido jamás. Pero eso es harina de otro costal.
Continuemos. Tal y como decía, soy abiertamente contrario
al multiculturalismo, no porque, como dice Albiol, sea el caldo de cultivo de
atrocidades, sino porque se trata de una ideología racista. Lo subrayó, muy
acertadamente, Slavoj Žižek: el multiculturalismo es un racismo que ha vaciado
su propia posición de todo contenido positivo (el multiculturalista no es
directamente racista, pues no contrapone al Otro a los valores particulares de
su cultura), pero, sin embargo, mantiene su posición como privilegiado punto
vacío de universalidad desde el que se puede apreciar (o menospreciar) las
otras culturas.
Xavier García Albiol es racista, es decir, se inserta en una ideología muy
concreta, ya que eso es el racismo: un sistema ideológico. No es ni un virus ni
mucho menos una predisposición ‘natural’, ni existe ningún tipo de ‘gen’ del
racismo, del ‘miedo innato’ al ‘Otro’. Eso es falso. Es más: es mentira.
Tampoco hay que educar contra ese ‘virus’, porque el origen del racismo no hay
que buscarlo ni en los genes, ni en la psiqué humana, ni tan solo en la
‘cultura’ o en la política. Hay que buscarlo en la necesidad que tiene un
sistema concreto de generar continuamente excusas para poder explotar a ciertos
grupos sociales en base a legitimaciones de todo tipo que siempre se basan
invenciones que se quieren hacer pasar por obviedades. Un sistema que vive de
la desigualdad, que vive de la exclusión, y que necesita del racismo para, a posteriori, naturalizarla y mostrarla
como evidente e indiscutible. Estamos hablando del capitalismo, máquina de
crear racismo desde su mismo inicio. En diversas escalas y con muy diversas
caras, pero racismo al fin y al cabo: imposición de una ratio con el objetivo de justificar la explotación del etiquetado
en beneficio del que impone la etiqueta.
Dicho de forma directa, tenemos que dar una mala noticia: dentro del
sistema capitalista es imposible que exista una sociedad realmente diversa, ‘multicultural’,
sin que existan problemas graves. ¿Por qué? Porque las ‘diferencias’ se usan
también para otro fin: culpabilizar a los ‘Otros’ (en base a razones ‘culturales’)
de las injusticias, penurias y sufrimientos causados por una estructura
económica y política que vive del abuso y de la exclusión, y por aquellos que
se encargan de su correcto funcionamiento: las oligarquías y sus brazos
ejecutores. Los de abajo miran a otros que también hay abajo, y en base a esos
‘sentidos comunes’ lo hacen para darse codazos por las migajas que cada vez escasean
más en todos los campos. No miran hacia arriba, porque se les ha tratado de
convencer, de convertir en sentido común, insisto, que los problemas que
experimentan son debidos a las “diferencias culturales”, no a la existencia de
una dictadura económica con máscara democrática que se llama capitalismo. Nacionalismo
esencialista y capitalismo van siempre de la mano porque son las dos caras de
la misma moneda.
A los que quieren continuar con el actual status quo, o reforzarlo aún más, les interesa mucho que el ‘choque
de culturas’ se avive. Total, las bajas y los encontronazos siempre serán entre
las clases trabajadoras mientras sigan contemplando sus diferenciaciones
‘culturales’ como la base de todos sus problemas vitales. No interesa que vean
que es todo eso: una coartada. A nivel local, en barrios y ciudades, pero
también cada vez más a nivel internacional, el ‘choque’ de culturas y de
civilizaciones, gran excusa para que los de abajo, diversos y plurales, se
enzarcen entre ellos, posibilitando que continúen detentando el poder los de
arriba, ya que ellos sí que subliman sus ‘diferencias’ porque comparten una
misma ideología (una ‘cultura’) idéntica en todos los sitios…
Para la dictadura capitalista resulta fundamental que las
clases populares 'autóctonas' no adquieran una identificación clara con el
resto de grupos que forman las clases populares, una identificación que sería o
debería ser plural y englobante, para supere así las ‘diferencias’, e incluso
para que las use, si es menester, como recursos simbólicos al servicio de su emancipación.
Y también resulta básico, en otra escala, que esto no
suceda entre las clases trabajadoras de todo el mundo, ya que esa toma de
consciencia implicaría el inicio de la erosión, posiblemente definitiva, de un gigantesco
entramado hegemónico...
Xavier García Albiol, por tanto, tiene razón. Pero, ironías de la vida,
resulta que tiene razón en un sentido completamente opuesto al que él quisiera:
el USO del ‘multiculturalismo’ (como el que él perpetró en Badalona siendo
alcalde) es clave para generar, sacralizar y reproducir distensiones entre los
de abajo y, de paso, disimular, obviar y ocultar problemáticas cuya raíz hay
que buscar en el sistema político y económico imperante (no en las ‘religiones’),
problemáticas que son usadas para justificar el incremento del control en todas
las escalas, y para alimentar aún más los prejuicios. Un pez que se muerde la
cola, una bola de nieve que cada vez crece más, todo siempre a mayor gloria de
la invulnerabilidad del sistema de cosas (la dictadura capitalista) que está en
la base de los problemas que ahora pretende ‘anular’ haciendo gala de una
hipocresía oceánica.
Las contradicciones entre clases antagónicas tratan de ser ocultadas
mediante un sentido común que pone el acento en las ‘diferencias’ de tipo
cultural, religioso, ‘étnico’… Se sublima, o se trata de sublimar, de superar,
la lucha de clases. El intento no es novedoso, sino que recoge lo que el
fascismo llevó a su extremo.
Es evidente que la tarea para revertir el actual escándalo de realidad es
larga y compleja, pero es imprescindible e inaplazable. Y que debe tener dos grandes
ejes complementarios: el de la transformación material de la sociedad (acción
política), y el de la creación de una nueva hegemonía que convierta en sentido
común un mundo no solamente nuevo, sino mucho mejor que el que nos están
legando. A todos los niveles: espacios locales, nacionales, estatales,
continentales y, evidentemente, internacionales. Sé que éste último párrafo es
una obviedad, pero no podía dejar de subrayarlo. Y es que nos lo jugamos todo, que
no es poco.